octubre 28, 2010

A ti venimos, en procesión...

Hoy, fiesta del Señor de los Milagros, se realiza la más grande procesión en la ciudad de Lima.

Como cada año, desde muy temprano en la mañana, después de la Misa presidida por el cardenal Cipriani, empezó el cuarto y penúltimo recorrido procesional de la venerada imagen de nuestro Cristo Moreno, en Lima Cercado.

Acá alguna escenas captadas por el canal Willax, que transmitió en vivo el final de la Misa e inicio de la procesión.

octubre 23, 2010

"El pobre invocó al Señor y Él le escuchó"

Como todas las semanas, el querido padre José María nos envía su paternal mensaje y la sugerencia homilética para los textos correspondientes a la liturgia de este domingo 24 de octubre.

24 de octubre. Día de San Antonio María Claret, misionero español que defendió la dignidad de la mujer y la santidad de la familia y del matrimonio en Cuba y España.


24. Día de nuestra MA.

¿Vale la pena esperar la ayuda del Señor?
Siempre vale la pena; pero no todos lo logran porque no todos creen de verdad en Él y desean que todo se haga según sus propios planes o tiempos y se desesperan al percibir que "dios tarda mucho o no hace caso"... ¡Como si así lograran más!

No es fácil creer, se necesita fiarse como los niños. Lo dijo muy claro Jesús: «Si no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos», que es el Reino del Amor confiado e industrioso.

No basta decir que se cree, es necesario hacerlo de verdad y esto supone la fidelidad de Jesús al Padre; la de Pablo a Cristo y, en Él, al Padre; la de Pedro, la de todos los santos, que pusieron, como María toda su vida en las manos de Dios pues estaban convencidos de ser amados y cuidados por Él y de Él aceptaban su Plan de entrega de vida, de 'oblación', como Pablo presenta el final de su vida.

No se trata de ser bueno o de hacer algo bueno o de portarse bien, sino de ser dóciles y abandonarse a la Voluntad del Padre y si Él, conociéndonos como nos conoce, nos llama para algo que nos deja perplejos, o permite algo que no pensábamos bueno para nosotros o nos hace esperar en lo que juzgábamos vital, pues lo aceptamos y tratamos de vivir en ello a la máxima plenitud posible su Amor y Don de Vida.

La humildad del publicano le abre al Amor cariñosamente materno de Dios; la soberbia del fariseo le cierra a todo don de alguien, ni de Dios ni de los hombres que, en el fondo de su alma, desprecian toda soberbia, aunque a veces la adulen, después de todo, creo yo que la adulación es una de las tantas formas de degradación y desprecio de la dignidad del otro. Y esto se muestra claro cuando éste cae en desgracia: los aduladores, si no se vuelven enemigos, desaparecen de su futuro, al menos inmediato.

Dios nos ayude a ser humildes, dóciles al Señor, como María, y disponibles a lo que Él, en su amorosa Providencia acepte o determine para nosotros.

Ante toda circunstancia una sola pregunta al Señor: "¿Qué deseas ahora de mí?"

Dios nos bendiga a todos.

Unidos en óración con María nuestro Auxilio:

P. José Mª Domènech SDB

"El pobre invocó al Señor y Él le escuchó"

¿Qué es lo más importante en la vida: cumplir exactamente las normas y leyes o esforzarse por dar vida y valorar a los que nos rodean, aun con sus límites y defectos?

¡Vivir es Amar: dar vida. El simple cumplir, aun reconociendo su real importancia, empequeñece, si no anula, la propia existencia y la de los demás, sometiéndola a un criterio limitante!

La vida, al entregarse, adquiere dimensión divina y perspectiva de eternidad, al dar al otro la novedad de la propia vida, multiplicándose, así, en el desarrollo de otras muchas vidas.

La felicidad que Dios puso en nosotros no cuaja hasta que no despierta felicidad en los que nos rodean. Estamos hechos para dar vida, porque el origen de nuestra existencia es Dios: Dador de Vida por Naturaleza. Pero no basta que Dios sea nuestro creador personal, y, por tanto, seamos sus hijos por creación, debemos aceptarlo personalmente, pues en Dios todo es libertad y nosotros hemos sido dotados de ella para que podamos aceptar ser hijos por adopción.

El egoísmo y la soberbia, que se pueden dar en la naturaleza humana, son aberraciones y degradaciones mayúsculas, pues atacan su propia identidad sustancial de personas libres.

Dios, siempre misericordioso y bueno, nos cuida, sobre todo en los momentos de debilidad

Convertirse significa aceptar los criterios de Dios. Éstos pasan a ser nuestra ley interior y, así, como Dios, con humildad de corazón y misericordia, tratamos al hermano débil y caído.

Dios deshecha los comportamientos sólo aparentes y la obediencia externa; pues desea un corazón dócil a su Voluntad de Vida, Paz y Dignidad para todos, sobre todo los marginados.

Su identidad de Madre-Padre le lleva a escuchar siempre las súplicas de los indefensos.

Lo que se nos pide es que seamos, como Dios, dadores de vida, de nuestra vida: éste es el éxito

Pablo hace el balance de su vida y puede estar satisfecho: ¡fue fiel! Su vida es una oblación, como la de Cristo, pues de Él aprendió a vivir como hijo de Dios y hermano de todos.

Dios, Padre Bueno y Justo, es la recompensa de todos sus hijos fieles, como nos mostró, con la Resurrección, ser la recompensa de Jesús, el Cristo de Dios, el Redentor, el Salvador.

El Apóstol ve con claridad que sus compañeros podían abandonarlo, pero jamás lo hace el Padre, quien siempre estuvo con él, sobre todo en los momentos más críticos y desesperados.

Dudar de la cercanía de Dios es una tentación contra la Fe y esto nos quita la Esperanza porque se debilita el Amor. Solo la oración humilde y sencilla, apoyada en el Amor de Dios, nos puede defender de tan destructiva tentación que nos lleva a juzgar y a condenar rompiendo la Comunión con Dios y con los hermanos.

La debilidad y pequeñez humana no alejan de Dios, sino que nos acercan, si se las confiamos

Los soberbios, centrados en sí, usan a Dios sin fiarse de Él, más bien le juzgan en todo.

Sólo la humildad, en su realismo, sabe recibir los dones de Dios y valorar su acción en nosotros. Si Dios es recibido y secundado con dócil sencillez, muestra sus maravillas eternas.

Pidamos a María la humildad disponible de Pablo, pues siempre necesitamos de Dios.

Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO C - TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XXX

Dios está centrado en nuestra vida y su éxito en fidelidad, que es lo único que lleva a la madurez la felicidad que Él nos regaló al crearnos


Sir. 35, 12-14.16-18:
"El Señor hace justicia; no se deja llevar por el prestigio de los hombres, no se deja influir por nadie en prejuicio de los pobres… no se hace el sordo ante el clamor de los huérfanos… de las viudas… los gritos de auxilio de los desvalidos atraviesan las nubes… El Señor… no tardará en salir a favor de ellos".

Salmo 33: "El pobre invocó al Señor y Él le escuchó".

2Tm. 4, 6-8.16-18:
"…mi vida ya es una ofrenda como una libación derramada sobre el altar. Ya me ha llegado el momento de romper amarras y dejar el puerto… ya tengo reservada la corona que me he ganado… todos me han abandonado. Que Dios les perdone… Dios me ha salvado de las fauces del león… me salvará para el Reino celestial…"

Lc. 18, 9-14: "Jesús dijo esta parábola refiriéndose a quienes se tenían por justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo… oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás…” En cambio, el publicano… se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí…!” Les aseguro que éste último volvió a casa purificado, pero no el primero…"


octubre 17, 2010

"Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor"

A continuación, el mensaje y la sugerencia homilética para este domingo 17, que nos envía el querido padre José María.

Para nuestro Padre Dios no hay nada más importante que nosotros, por eso envió a su Hijo y nos regala el Espíritu Santo en cada sacramento y en cada Palabra.

La muerte de Cristo en la obediencia más digna, difícil y tan profundamente aceptada y en medio de una humillación sin igual ni nombre ni parangón en la historia de la humanidad, nos muestra no sólo hasta dónde Dios está centrado y muy comprometido con nuestra vida y felicidad, para que logremos ser como Él, aun aceptando todas las dificultades y caídas posibles, sino hasta dónde nuestra soberbia nos puede llevar a la necedad, inobjetividad y ceguera aberrante que nos mueva a hacer con otros lo que jamás aceptaríamos que alguien siquiera pensara en hacernos a nosotros.

Ciertamente nuestro mundo nos pone muchas dificultades para creer de verdad.

Y cuando hablo de "nuestro mundo" no me refiero sólo a la realidad que nos rodea, sino a nuestro mundo interior, a la realidad que nosotros construimos en nuestro interior y en la que nosotros mismos nos armamos muchas trampas y engaños y generamos visiones equivocadas, teorías y situaciones peligrosas en las que acabamos atrapados y hundidos y llorando nuestro fracaso, aunque culpemos a otros por ceguera o cobardía.

Si no oramos insistentemente, nunca llegaremos a vivir, por la Fe, en el Reino de Dios y en la felcidad que deseamos, porque su derecho y su anhelo lo tenemos gritando dentro de nosotros mismos desde que Dios nos creó invitándonos a ser sus hijos, y, por tanto, felices y grandes como Él, creadores de Comunión, de Paz, de Armonía, de Amor y Salud interior, personal, social y en la misma naturaleza.

El rescate de los mineros chilenos y del boliviano nos dice que, apoyados en Dios, podemos jugarnos la vida por los hermanos y hacer maravillas, aun con recursos limitados.

Orar para ser fieles, orar siempre para ser fuertes, orar sin fin para ser cada día más perseverantes.

Pidamos al Señor unos por otros, por nuestra fidelidad y veremos cómo, también hoy, se dan las maravillas y los milagros que escuchamos de otros y de otros tiempos.

Unidos en oración con María, nuestro Auxilio:

P. José Mª Domènech SDB

"Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor"

¿Qué nos mueve, concretamente, en nuestra vida? ¿“Perdemos el sueño” por algo? ¿A qué dedicamos nuestras energías y esfuerzos? ¿Qué deseamos conseguir? ¿A qué somos fieles realmente? ¿En qué insistimos? ¿Qué nos duele no lograr todavía?

La vida ‘se derrama’ por los cauces de lo que amamos y asumimos como valioso según nuestra sentir; y esto hasta el punto de agotarse, como pasa en el martirio, en el sacrificio constante y el esfuerzo por avanzar en alguna tarea, aunque cueste y a veces hasta duela.

La tierra prometida, el Reino de Dios, merecen todo el esfuerzo del creyente, por eso Moisés pide a Josué que luche; él se compromete a orar superando todo cansancio. Pablo pide a Timoteo fidelidad al Evangelio y al ministerio confiado, cosa que requiere oración constante e insistente para mantener el esfuerzo y no ceder al desaliento. Jesús nos insiste en la necesidad de orar aunque nos pareciera inútil y perder tiempo. Dios siempre escucha, pero tiene tiempos que nosotros ni comprendemos ni conocemos y a veces nos parecerá que no es momento, pero no cedamos, pues a su tiempo seremos escuchados en los ruegos y siempre somos atendidos con la Gracia de su Amor. Se nos pide no tanto comprender, cuanto confiar: eso es amar.

Vivamos la realidad desde la verdad de que Dios siempre nos cuida, pero nunca nos sustituye

Cuando en las decisiones de la vida personal se muestra confianza en el Señor de la Vida y de la Paz, se consigue la victoria sobre muchas dificultades, aunque parezca que todo está en contra, pues jamás se cede en la oración ni se deja el esfuerzo de hacer las cosas según la Voluntad de Dios. Él nos cuida siempre, pero debemos secundar sus planes para no perdernos.

Es vital para todos que nos apoyemos para no desalentarnos, pues no es fácil para nadie.

Nos toca convencernos de que la Palabra de Dios nos pide integra fidelidad y firme confianza

Pablo insta a Timoteo que se mantenga fiel a la tradición recibida y a la Escritura aprendida desde la niñez. Son las bases de la Fe cristiana y la orientación de la Comunidad fundada por Cristo con los Apóstoles. Sólo la perseverante oración nos permite vivir abiertos a ellas.

Toda Escritura es válida para la maduración personal y social y, sobre todo, para el desarrollo de la Fe en Cristo Jesús. Sólo el orar con humildad nos lleva a ser fieles en el Señor.

Ante la Palabra de Dios, siempre tenemos nuestra personal responsabilidad delante Dios, que nos enseña y orienta, y delante los hombres que perciben en nuestra confianza, compromiso y fidelidad. La Palabra no pasa jamás, siempre es actual y concreta; somos nosotros los que la podemos manipular con teorías y traidoras ‘actualizaciones’, como si Dios se despistara.

Nuestra oración sea reflejo de la convicción de que Dios está presente, nos ama y nos cuida

Dios desea que todos gocen de su Reino, pero Éste requiere Fe fuerte y humilde, no siempre fácil en estos tiempos. Se nos invita a orar sin fin, pues las dificultades son fuertes.

La oración personal y comunitaria ‘dice’ nuestra Fe y Confianza en la acción de Dios.

Dios quiere lo mejor, pero la vida la definimos nosotros: Dios sólo nos ofrece su ayuda.

Pidamos a María vivir la Voluntad de Dios y orar siempre con perseverancia convencida.


Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO C - TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XXIX

Orar es el único modo de mantener, aunque todo parezca perdido, la fidelidad y fortaleza, pues sabemos que Dios nos ama y no falla.

Ex. 17, 8-13:
"Moisés dijo a Josué: «Elige a alguno de nuestros hombres y ve mañana a combatir contra Abimelec. Yo estaré de pie sobre la cima del monte, teniendo en mi mano el bastón de Dios». Josué hizo lo que Moisés le pidió… mientras Moisés tenía los brazos levantados, Israel vencía, pero cuando los dejaba caer, prevalecía Abimelec…"

Salmo 120: "Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor".

2Tm. 3, 14-4, 2:
"Permanece fiel a la doctrina que aprendiste…: tú sabes de quién la has recibido… Toda Escritura está inspirada por Dios… a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté siempre preparado para hacer el bien. Yo te conjuro… proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar".

Lc. 18, 1-8: "Jesús enseñó… que era necesario orar siempre sin desanimarse… Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque les haga esperar? Les aseguro que, en un abrir y cerrar de ojos, les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará Fe sobre la tierra?"