octubre 19, 2013

"Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor"

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 20 de octubre.

Quien cree de verdad en el Señor de la vida, no cede ante las dificultades y camina en su presencia más allá de lo que le parezca valioso o no a él, le guste o no, le consuele o no, le favorezca o no, según sus personales criterios, con tal de que el Señor se lo presente valioso en orden al Reino y al bien que le ha pedido hacer o al mensaje que le ha confiado proclamar a sus hermanos, es decir, de acuerdo a su Voluntad de Vida y Paz. Por eso es tan importante para nosotros crecer en la Fe, y pedirle al Señor que nos aumente la Fe sin cesar, precisamente para poder hacer su Voluntad, pase lo que pase; pues estamos en un mundo demasiado lleno de promesas y teorías, que, casi siempre, a la larga, nos dejan vacíos y con el sabor de que nos hemos engañado al creerlas.

Orar es caminar en esta actitud y vivir siempre en la presencia del Señor, “alzadas las manos hacia Él” como Moisés y buscando en todo lo que Él desea. Para eso deberemos sin fin pedir, pero vivir en Él siempre y como Él nos indique, aunque duela o cueste más de lo que nos gustaría. Pediremos lo que creemos necesitar y con ahínco, pero agradeciendo lo que nos dé. ¡Es lo mejor!

La fidelidad es el elemento más importante de la vida cristiana, pero fidelidad a Dios y a las Comunidades a las que Él nos integra, aunque hayan muchas explicaciones humanas –y muy razonables y racionales– que nos muestran que han sido las circunstancias las que han generado que lleguemos a estar ahí y no en otro lado, pero tengamos en cuanta, que, aunque esto fuera cierto, Dios sigue esperando que ahí “hagamos su Voluntad así en la tierra como en el cielo”.

Dios hará justicia siempre, pues a Él sí le interesamos y le interesa cada una de las personas que nos rodean, le conozcan o no, le amen o no, le sirvan o no, le acepten o no. Él no juzga jamás, solo ama ¡y basta!: ésa es su Naturaleza, nos dice san Juan en su primera carta, y ese Amor le hace sumamente industrioso; a veces nos pedirá a nosotros algún servicio o que le ofrezcamos algún momento de dolor que la realidad o la naturaleza –por culpa nuestra o de otro o de nadie– nos ha echado encima. No reusemos jamás poner nuestra vida y todas sus circunstancias, aunque sean fruto de algún pecado nuestro o ajeno, en el corazón de Dios, pues Él tiene la capacidad de transformar todo lo que se le ofrece de verdad, en gracia de Salvación para el que la necesita y la ansía, aunque él, reflejamente no lo acepte y hasta crea rechazarlo... ¡No olvidemos que Dios nos conoce perfectamente por dentro a todos, a Todos, absolutamente A TODOS: somos sus hijos!

Dios nos bendice y nos ayuda; que cada día nos fiemos más de su Amor Providente.

Unidos en oración con María, la Madre de oración perseverante y Fe inquebrantablemente fiel:

P. José Mª Domènech SDB

"Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor"

¿Cuál es el cuestionamiento al que desea Dios que afrontemos? Es como si Dios nos dijera: ‘¿Ustedes creen en mí lo suficiente como para fiarse de Mí? De eso depende la vida, justicia y paz en la tierra’

Solo la Fe permite una seria fidelidad, es decir, una que mantenga la perseverancia en la oración y las buenas obras, fruto de una intimidad atenta con Dios y al servicio del bien de los hombres, sobre todo de los que necesitan el don de la vida y de la libertad en la verdad del Amor de Dios.

La confirmación ratifica la voluntad bautismal de vivir en Cristo y como Cristo en medio de las dinámicas de la vida con sus beneficios e injusticias; propuestas enaltecedoras y ofertas degradantes; aperturas ilusionadas y concretas a la paz y a la vida y tentaciones de muerte y destrucción.

La verdadera oración no es negociación con el Todopoderoso para que haga lo que le proponemos, sino diálogo, en confiada y cariñosa intimidad amorosa, con el Padre-Madre Dios que nos guía y cuida para que lleguemos a su grandeza, para la cual Él nos creó a cada uno de nosotros.

El fin más importante de la oración es esforzarse por comprender y vivir la Voluntad de Dios, que es, con mucho, lo más valioso y seguro para nosotros y para toda la Humanidad. No tiene nada que ver con la magia, el conjuro o la presión para lograr algo de una divinidad a nuestra medida.

La oración cristiana y la Fe van inseparablemente unidas: a mayor Fe, mejor oración. La primera y más constante oración debería ser: “Auméntanos la Fe” y la segunda, “¡Hágase tu Voluntad!”, pues todo lo demás vendrá por añadidura, ya que Dios es Padre personal de cada uno de nosotros.

Jesús nos invita a no cansarnos en nuestra oración y buenas obras de conversión y servicio: ¡jamás bajar los brazos por duro y difícil que parezca lo que ansiamos o pedimos!

Perseverar en la oración confiada y en el esfuerzo por superar las dificultades, eso es creer

Es necesario enfrentar los momentos difíciles, pero sin descuidar la oración.

Para vencer todo mal, la oración en la Fe debe ser perseverante, pues eso nos abre a la verdad del Amor de Dios y, en ella, a la libertad de su Amor y, con este Amor llega, sin duda, la Victoria.

La Palabra de Dios escuchada con perseverancia, nos educa en la Fe y en la fidelidad para el bien

Lo substancial de la vida cristiana es la Fidelidad al Señor, que vive y se alimenta de la Fe en Él.

La mejor ayuda para afianzar la Fe en todo momento es meditar cada día la Palabra de Dios.

Ella nos prepara, guía y educa para todo servicio real que busque el bien-salvación de los hermanos.

La justicia de Dios, nacida de su Amor eterno e incondicional, es más eficaz que toda injusticia

Entre los judíos, el juez lo era todo y la viuda, nada, dependía de la buena voluntad de los demás.

Con la perseverancia en su fe y la súplica insistente, la viuda logra lo que creía que era justo.

Jesús nos invita a orar sin desalentarnos, pues Dios atiende al que ora con perseverancia.

Pero actuar así exige una Fe en renovación constante; Fe que sabe confiar en quien nos ama sin condiciones y busca siempre y solo lo mejor para cada uno de nosotros, sus hijos amados.

Pidamos a María nunca ‘bajar los brazos’ en la oración y hacer de la Palabra nuestro alimento.


Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO C – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXIX

La fidelidad a la Fe verdadera nos permite superar todas las batallas de la vida y conseguir del Señor todo lo que verdaderamente necesitamos.

Ex. 17, 8-13:
Los amalecitas atacaron a Israel... Moisés dijo a Josué: «Elige a alguno de nuestros hombres y ve mañana a combatir contra Amalec. Yo estaré de pie sobre la cima del monte teniendo en mi mano el bastón de Dios.» Josué... fue a combatir... Entre tanto, Moisés, Aarón y Jur habían subido a la cima del monte. Mientras Moisés tenía los brazos levantados, vencía Israel, pero cuando los dejaba caer, prevalecía Amalec... Moisés [que tenía los brazos muy cansados] se sentó... mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado... De esa manera, Josué derrotó a Amalec y sus tropas a filo de espada.

Sal. 1201-8: Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor.

2Tm. 3, 14-4, 2:
Querido hijo: permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido... las Sagradas Escrituras... pueden darte al Sabiduría que conduce a la Salvación, mediante la Fe en Cristo Jesús... a fin de que el hombre sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien. Yo te conjunto delante de Dios y de Cristo Jesús... proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión y sin ella, arguye, reprende, exhorta con paciencia incansable y con afán de enseñar.

Lc. 18, 1-8: Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar sin desanimarse: «En una ciudad que no temía a Dios ni le importaban los hombres; en la misma ciudad había una viuda que recurría a él, diciéndole: “Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario.” Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después se dijo: “...como esta viuda me molesta, le haré justicia...”.» Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le claman día y noche...? Les aseguro que... les hará justicia. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará Fe sobre la tierra?»



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