diciembre 06, 2014

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este lunes 8 de diciembre, fiesta de María Inmaculada:

Fiesta de la Inmaculada Concepción de María


Padres y educadores saben que sus hijos y educandos tienen predisposiciones para un modo de vida y para determinada actividad o profesión. Deberán descubrir y ayudar a madurar estas dotes naturales y tenerlas siempre en cuenta para que cada uno sea formado en la línea de su vocación.

Por su lado, el adolescente deberá aprender a vivir atento a lo que el Señor, a través de otras personas, le pide para su maduración; cada día ser más fiel a su vocación y dócil a lo que se le indica.

Todos estamos llamados a ser grandes; por eso Dios nos hizo libres. La decisión original de la humanidad fue no fiarse de Dios y la consecuencia, desde entonces, es la guerra interior, la insolidaridad y la cobardía, constantemente reflejadas en las relaciones que se viven en la sociedad.

María tuvo su llamada de Dios –vocación–, como la tenemos todos. Ésta se dio en lo más profundo de su ser pidiendo una responsable y diaria respuesta personal.

La vocación es un continuo diálogo con Dios y en él no hay substitutos, Dios llama y nosotros, con nuestras actitudes, respondemos. Este diálogo vocacional, nos dice Pablo, nos lleva a ser hijos irreprensibles en Cristo, aunque no nos libra de límites y errores. Dios nos conoce y nos sabe frágiles. Tendremos éxito, si, humildemente, reconocemos nuestros límites y nos convertirnos cada día.

Dios, si se lo aceptan, hace su Voluntad y todo está destinado al mayor bien de cada persona en su realidad concreta: pobre y frágil, pero siempre amada y renovada en Cristo Jesús.

La vocación humana depende de nuestra respuesta a lo que Dios nos ofrece, su Vida es única.

El tercer capítulo del Génesis describe el problema de siempre: no reconocer la propia responsabilidad y culpar a otros. Es decir, guerra y mentira y, con ello, incapacidad de superar del pecado. Ésta es la enorme tara que nos carcome, mostrando lo destructivo que el pecado resulta ser siempre.

María, la pura, es nuestro modelo: siempre atenta y libre, ¡lista para aprender, dar y servir!
En ella lo más importante y rico fue su vida y actitud interior: su serena y dócil apertura a Dios

Dios nos pensó, desde antes de la creación del mundo, para ser como Él en su Hijo Jesucristo

Debemos buscar que Dios vuelva a ser el centro único de nuestra vida, así, ésta se convierte en un nuevo canto de alabanza por las maravillas de la misericordia redentora de Dios en todos.

Sólo si vivimos en la sencilla libertad de María, será posible vivir esta experiencia de redención continua y glorificar el nombre de Dios. María, la Inmaculada, desde el inicio de su existencia, se centró en Dios, siempre humildemente disponible a lo que el Señor de la Vida le pedía.

Dios, buscando la grandeza humana, dialoga con cada persona para que sea ella quien le acepte

María se sabe limitada, indigna de las maravillas de Dios, pero acepta que el Señor tenga todos los derechos de libre disposición sobre ella: se pone en sus manos. Lo conoce bien y tiene experiencia de su respeto por todos; sabe bien que Dios potencia al infinito todo lo bueno, aún limitado.

María jamás tuvo en su vida otro centro que no fuera Dios; no tuvo otro criterio fuera de la gloria de Dios y del bien de los que vivían a su lado, como Dios se lo enseñaba cada día en su Palabra. Vivía la pureza del amor de Dios y respetaba, desarrollándolos, los bienes que de Él se derivan.

María es la Inmaculada por la aceptación plena de la Voluntad de Dios de ella. Dios la preparó para sí y encontró en ella la perfecta respuesta de fidelidad, disponibilidad y entrega total.

Pidámosle nos enseñe y ayude a vivir en conversión continua para ser fieles a nuestra vocación.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

María, la virgen servidora, al aceptar y vivir la propuesta de Dios, vence el poder del pecado y nos abre a toda bendición y Vida nueva de Dios

Gn. 39-15.20:
...Dios llamó al hombre...: «¿Dónde estás?...» «Oí tus pasos... y tuve miedo... porque estaba desnudo...» «¿Quién te dijo que estabas desnudo?... ¿Acaso has comido del árbol que te prohibí?»... «La mujer que pusiste a mi lado me dio del fruto y comí...» El Señor dijo a la mujer...: «¿Cómo hiciste tal cosa?»... «La serpiente me sedujo...» El Señor Dios dijo a la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer. Entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón»...

Sal. 971-4: Canten al Señor un canto nuevo, porque Él hizo maravillas.

Ef. 13-6.11-12:
Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en Cristo... y nos ha elegido..., antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprensibles en su presencia por el amor... nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo... constituidos herederos... para alabanza de su gloria.

Lc. 126-38: El ángel Gabriel fue enviado por Dios... a una virgen... y la saludó diciendo: «¡Alégrate, llena de gracia el Señor está contigo!... No temas, María,... Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús...» María dijo...: «¿Cómo puede... si yo no tengo relación con ningún hombre?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti... Por eso el niño será santo y será llamado Hijo de Dios...» María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra.»









diciembre 05, 2014

II Domingo de Adviento

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 7 de diciembre:

“Yo los bautizo con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo.” A Juan Bautista no le preocupa que su pueblo reciba el bautismo, sino que se abra al Señor que llega con el Espíritu. Entiende que si no le recibe bien dispuesto –en continua conversión al Amor de Dios– lo pierde todo. También nosotros, tengamos la religión que tengamos: nada puede salvarnos, solo el Señor.
El Señor llega para fecundar nuestra vida –y con ella nuestro mundo– con la Vida nueva de su Espíritu que nos ha llenado el día de nuestro Bautismo y de la Confirmación.

Es más que un hecho histórico, es el don del Amor de Dios, que se nos confía a los discípulos de Jesús para todos. Debemos ser, con nuestra vida, mensaje de consuelo, esperanza, fortaleza y perseverante renovación en medio de un mundo, que no comprende y hasta, en su desconcierto, nos ataca. Dios es Padre y no quiere que nadie se pierda: ¡ninguno, sea quien sea y esté como esté!
“Preparen el camino”, nos pide el Señor a través de los profetas: no desoigamos su voz, pues nos va la vida y la de muchos en nuestro mundo: ¡somos realmente responsables! ¡No nos durmamos!

Cristo es nuestra Salvación. Él nos invita, una y otra vez, a dejarnos transformar por su Espíritu. María, la Madre Inmaculada, nos lleva la delantera y nos enseña a caminar dóciles al Espíritu.

Unidos en oración con María, la Inmaculada-Auxiliadora, toda llena del Espíritu:

P. José Mª Domènech SDB


Tiempo de Adviento: Domingo II

Se nos ofrece una Buena Noticia que todo lo cambia; no es algo, pasado o futuro, sino alguien presente: Jesús. Pero para que cambiar algo, esta persona necesita ser recibida de verdad, no solo formalmente.

Recibir a Jesús significa aceptarle en nuestra vida, darle plena libertad y estando disponibles a Él.

Nuestro mundo nos ofrece su ‘felicidad’, y, para que le creamos, invierte mucho mostrándonos lo maravilloso de su oferta; claro que lo que no nos dice es que su ‘felicidad’ degrada, se esfuma y nos deja vacíos.

El profeta Isaías nos anima a retomar el ritmo de nuestra esperanza, a superar la experiencia de ser pecadores: nos asegura que el Señor viene a darnos lo mejor y más estable para nuestro bien y vida plena.

¡Cuánto desearíamos que la Salvación de Dios ya se vea plena y concreta en nuestra vida! ¿Quién no?

Ésta es nuestra tarea. La Salvación ahora siempre estará en formación: camino interior que debemos hacer con esfuerzo diario; quien lo hace se convierte en testigo y, por eso, profeta de salvación y vida nueva.

Juan Bautista es profeta y testigo de la Salvación que llega a todos y que él ya vive, aunque no la comprenda como lo hará, vivirá y presentará Jesús. Él es la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: su mentalidad está anclada en los profetas del Dios de Israel, pero anuncia el bautismo en el Espíritu Santo.

Dios jamás se cansa de acompañar y consolar a su pueblo, si se arrepiente, lo perdonará y lo renovará.

El pueblo es débil y con facilidad se aleja del Amor de Dios. Cree, pero él no es libre, su fe es superficial.

El Dios de Israel es Dios de la vida, por eso busca elevar a su pueblo, lo consuela para que no se deprima.

Jamás la lucha por la fidelidad será fácil, pero, si el pueblo se abre, su Dios llega con todos sus bienes.

La promesa de la cercanía y regreso de Jesús no tarda, sino que espera con paciencia nuestra conversión

Superar de una vez problemas y luchas es normal, pero más bien de lo que se trata es de convertirnos.

Nadie como Dios desea vernos libres y llenos de Él, pero somos libres, y nosotros debemos aceptarlo.

Cristo dio su vida por nuestra liberación, pero la decisión está en nuestra mano: Él espera paciente.

La conversión da libertad a Dios y Él puede transformarnos en nueva creación para el bien de todos.

La predicación de Juan atraía por vivir lo que decía, con su forma de ser, y mostrar al esperado por todos

Para Juan el valor de su vida está en anunciar la Salvación, para recibirla bien es necesario convertirse.

La Salvación no es una teoría o una religión o un modo de vida, sino una persona concreta: Cristo.

Él es la Buena Noticia, el Mesías esperado, que nos ofrece la Misericordia de Dios: le allanamos la vida.

Recibirle significa hacer como Juan: acoger, vivir y proclamar en nuestra cultura la Salvación presente.

Pidamos a María abrirnos al Espíritu que Jesús nos ofrece y ser más dóciles a su Palabra y Vida nueva.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO II

La Paz y la Vida nueva de Dios se ofrece a todos los pueblos. Más, el deseo del Señor es que la gocen todos, pero es necesario preparar el camino al Señor.

Is. 401-5.9-11:
¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice tu Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle... que su culpa está pagada... Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor... nuestro Dios! ¡Que se rellenen los valles y se aplanen las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados en planicies! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntos, porque ha hablado la boca del Señor. Súbete a la montaña elevada, tú que traes la buena noticia... levanta... tu voz... sin temor, di a las ciudades de Judá: «¡Ahí está tu Dios!» Ya llega el Señor...: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, Él apacienta su rebaño, lo reúne..., lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

Sal. 849ab-14: Muéstranos, Señor, tu Misericordia.

2Pe. 38-14:
Delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con Uds., porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el día del Señor llegará como un ladrón, y ese día... todas las cosas se desintegrarán... ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de Uds. esperando y acelerando la venida del Señor!... nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.

Mc. 11-8: Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito...: «Mira, Yo envío a mi mensajero delante de Ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos’», así se presentó Juan, el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y... de Jerusalén acudía a él y se hacía bautizar... confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y predicaba diciendo: «Detrás de mí viene el que es más poderoso que yo, y yo ni siguiera soy digno de... desatar la correa de sus sandalias. Yo los bautizo a Uds. con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo.»








diciembre 04, 2014

"Y estos salesianos, que trabajan con los refugiados... son buenos!" dice el Papa

"Y estos salesianos, que trabajan con los refugiados... son buenos!"

El Papa habla de los padres salesianos que acogen a los refugiados de Siria e Irak, sobre todo niños, niñas y adolescentes, en el oratorio de Estambul.
Papá Don Bosco sigue ayudando a los chiquitos que lo necesitan!


noviembre 28, 2014

I Domingo de Adviento

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 30 de noviembre, día en que entramos a un nuevo año litúrgico, y, como dice nuestro padrecito José María: "...comenzamos un nuevo año en el que el Señor nos guiará, con su Palabra de Amor y Vida nueva, hacia nuevos niveles de vida cristiana, si le somos dóciles. Como siempre, iniciamos este camino preparando la celebración de la llegada del Hijo de Dios en carne mortal, Jesús, el hijo de María, encomendado a la paternidad de José, el creyente esposo de María."
“¡Estén prevenidos!” Dios es claro. Jesús no dora la píldora a nadie; tampoco busca alarmar a ninguna persona, tal solo hacernos notar que la vida personal –y también la social– es seria y que todas las decisiones tienen sus consecuencias en la vida personal y en la social, en la temporal y la eterna. No debemos vivir engañados: quien asume sus responsabilidades madurará y ayudará a madurar su ambiente, quien no lo haga, no solo perjudicará a muchos, sino que se perjudicará a sí mismo. Dios nos ama con sinceridad y lo mostró dando su propia vida, pues Él desea que superemos todo lo que nos atrapa en nosotros mismos y nos aleja de los demás, alejándolos, de ordinario, del Señor de la Vida y de la Paz.

Todo pecado nos perjudica, por eso Dios, en Cristo, nos ha dado su Espíritu y, con Él, nos ha llenado de todos los dones necesarios para que seamos constructores de Vida nueva en Cristo y de concordia en nuestros ambientes, invitándonos y llevándonos a corregir todo lo que vaya en contra de esto. Dios es fiel. ¿Lo somos nosotros con Él? Él nos ha confiado tantas tareas maravillosas, ¿cómo aprendemos cada día a desarrollarlas para la gloria de Dios y el bien de los que nos rodean? Estemos atentos, pues todo lo que hagamos a los hermanos, se lo hacemos al Señor, que está en medio de nosotros en cada hermano, grande o pequeño.

Cristo es nuestra riqueza, su resurrección nos lleva por el camino de la conversión. Pidamos a María que nos enseñe la humildad de reconocer nuestros errores para convertirnos cada día.

Unidos en oración con María, al Madre bondadosa que nos anima a ser cada día mejores:

P. José Mª Domènech SDB

Tiempo de Adviento: Domingo I

El pecado, si está presente en la vida, nos hunde, pero la Misericordia de Dios es más grande y nos eleva. La consecuencia lógica, según la realista cordura de la humildad, es la confianza del que busca convertirse al Dios que ama sin condiciones y –por fidelidad a Él– persevera en su incesante esfuerzo de cambio.

La Fe en Cristo nos pone en un camino nuevo, pero es necesario recorrerlo. Las primeras comunidades lo comenzaron con todo entusiasmo esperando el pronto regreso del Señor: ¡debían estar preparados! Pero el tiempo pasaba y el Señor ‘no volvía’ y comenzó el ‘acomodarse’ al medio-ambiente y los problemas.

¿No pasa ahora algo similar? ¿Muchos no nos hemos adaptado a nuestras ‘costumbres modernas’?: ¡queremos ‘ser normales’! Pero ser cristiano, si lo tomamos en serio, nos hace un poco ‘raros’ en mentalidad, en el sentido moral, en las exigencias religiosas. ¿No nos pide nuestro mundo que nos acomodemos a él?

La vida de Fe, es decir, seguir al Señor de verdad tiene sus exigencias reales y concretas. ¿Quién es nuestro Salvador, Maestro, Guía y Señor? ¿A quién nos confiamos, escuchamos, agradecemos, nos debemos? Ninguna vida es juego, tampoco la del Señor y su entrega constante por nosotros. ¡Él nos es fiel!

La fidelidad del Señor nos llama a estar cada día más atentos a su constante y segura llegada a nuestra existencia: en cada hermano y en toda invitación a celebrar el don de su Vida para poder vivir como Él en medio de nuestro mundo incrédulo y resistente a toda Fe que le saque de sus cómodas ‘seguridades’.

La actitud de atención supone estar comprometidos sinceramente en lo que se nos confió por naturaleza, siendo personas cabales en nuestro medio; por redención, viviendo como testigos del Amor salvador de Dios, y por vocación personal, madurando todo lo recibido para ser servidores de toda persona siempre.

Dios siempre cumple lo que promete; al pedir que venga, profundizamos nuestro deseo y apertura a Él

El pueblo se ha olvidado de Dios; eso le ha traído los problemas y angustia propios del egoísmo agresivo.

Los fieles a Dios reconocen su pecado y le piden que venga a despertar sus conciencias y a salvarlos.

Tal vez nosotros necesitaríamos intimar más con Dios para darnos cuenta de nuestra necesidad de Él.

Jesús, el Cristo, es fiel, Él nos ha dado todo y nos fortalecerá para que nos mantengamos en su Voluntad

La fidelidad de Dios es incuestionable, lo muestra la historia, pero nuestra visión es pobre y egoísta.

Con el Bautismo recibimos el Espíritu Santo: nos toca vivir su gracia y su fidelidad sirviendo como Jesús.

Cristo nos redimió: debemos conocerle y vivir el don de su Vida en las exigencias de su resurrección.

Tenemos todo. Él nos apoya, pero no puede asumir nuestras responsabilidades personales y sociales.

La redención del mundo nos compromete en las tareas que Dios nos ha encomendado: Él está y volverá

El Señor, con su muerte y resurrección, nos ha liberado de las tinieblas y desconcierto de nuestro mundo.

La primera y básica tarea que nos ha dado es ser testigos hoy, con nuestra vida, de su Amor y Salvación.

No podemos distraernos, pues nuestro mundo es hábil para engañar y nos gana, pues somos débiles.

La Fe nos pide vivir en constante apertura a lo que Dios nos dice, nos pide y nos indica con su Espíritu.

Pidamos a María vivir en el esfuerzo atento de ser, como ella, cada día más dóciles al Dios que ya llega.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO I

Dios está comprometido con nuestra felicidad: dio su vida y renueva su don en cada Eucaristía; debemos mantenernos fieles a Él, que confía en nosotros

Is. 6316b-17.19b; 642b-7:
¡Tú, Señor, eres nuestro Padre; “Nuestro Redentor” es tu nombre desde siempre! ¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores...! ¡Si rasgaras el cielo y descendieras...! ...Tú vas al encuentro de los que practican la justica y se acuerdan de tus caminos... nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra Ti. ...toda nuestra injusticia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.

Sal. 792ac.3bc.15-16.18.19: Restáuranos, Señor del universo.

1Cor. 13-9:
Llegue a Uds. la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre... No dejo de dar gracias a Dios por Uds., por la gracia que Él les ha concedido en Cristo Jesús. ...Uds. han sido colmados... en la medida en que el testimonio de Cristo se arraigó en Uds. Por eso, mientras esperamos la revelación de Jesucristo... Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de [su] venida. Pues Dios es fiel, y Él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Mc. 13,33-37: Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos... No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a Uds. se lo digo a todos:¡Están prevenidos!»





noviembre 23, 2014

Cristo Rey del Universo

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 23 de noviembre, fiesta de Cristo Rey del Universo.


“Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo...” En Dios nada se improvisa: todo está pensado y preparado. Él es Providencia y su Amor no permite que nada nos perjudique, sino que nos beneficie, aunque no siempre sea según nuestros gustos, que están todavía muy atados a nuestro sentir físico y/o social. Él nos cuida para que no nos dejemos engañar ni desviar por los que se dejaron pervertir por diversas influencias que les fueron distanciando de Dios, al que no amaban con adecuada profundidad y con el que, por lógica consecuencia, no tenían intimidad vital. La presencia de Dios en nuestra vida, a través de la misma vida de Dios en Cristo Jesús, es garantía del éxito de nuestra existencia y del futuro feliz de nuestras relaciones: a mayor profundidad, más seguridad e infalible certeza vital, pues Dios no falla. Lo único que nos pide, a toda persona humana, es que seamos tal como fuimos creados: ¡como Dios!, dadora de vida, siempre y en toda circunstancia: ¡eso es lo que nos define!

Cristo nos enriquece con el don de su vida, y su resurrección nos asegura gozar la herencia que nos espera sin duda alguna. María nos muestra con su vida cuál es el camino de nuestro éxito.

Unidos en oración con María, al Madre auxiliadora y servicial en el Amor para la Vida plena:

P. José Mª Domènech SDB

Cristo Rey del Universo

Solo quien vive y es vencedor definitivo de la muerte puede ser garante de Vida: lo otro son palabras.

Cristo Jesús, el resucitado de entre los muertos, nos asegura que fiarse de Él supone aprender a vivir cada día como Él, sirviendo a los hermanos para que éstos vivan en dignidad creciente, y nos garantiza que gozaremos de los bienes eternos de su Resurrección y de su victoria definitiva contra todo mal.

Lo importante es ser buenos según el criterio de Dios, no portarnos bien según nuestra visión humana.

Lo definitivo del éxito de la vida lo marca el que seamos como Dios, pues a su imagen fuimos creados.

Dios no cede su grandeza a nadie, pues eso sería condenarnos a la barbarie del individualismo y anarquía.

Dios tienen una cercanía personal con su Pueblo: Él mismo se preocupa del bien de cada uno de sus hijos

Los gobernantes –‘pastores’– infieles a Dios, llevaban al pueblo a la desgracia. Dios defiende a los suyos.

Dios cuida y defiende a toda persona contra cualquier abuso, interno o externo, pues eso la degrada.

Eso siempre será así. Sólo quien vive en Dios con sincera e industriosa fidelidad despierta esperanza.

Cristo Jesús, primer resucitado de entre los muertos, es el vencedor de la muerte y del mal, que la genera

Nuestro Rey solo tiene corona de espinas, Él pelea nuestras batallas por la justicia, la verdad y la paz.

Cristo es el nuevo Adán por su fidelidad al Padre; Él nos señala el camino de la vida y la esperanza.

Para nosotros lo más importante y vital es volver a poner a Dios, nuestro Padre, en su lugar central.

Si Dios está en el centro, hasta la muerte será derrotada y todo mal perderá su fuerza y dominio en la vida.

La realeza de Dios se impone de por sí: llevar la realidad a lo que es en sí misma por el Amor que la creó

El cielo es la herencia pensada por Dios, desde la creación, para nosotros, sus hijos. No lo ‘ganamos’.

Dios no juzga arbitrariamente a cada persona, sino las propias decisiones ante los hermanos más débiles.

La vida de Dios es dar vida a todos, atendiendo a la indigencia de cada uno: nacimos para ser como Él.

El juicio lo hace la vida, no las normas y la vida es esencialmente Amor. Donde está éste, hay salvación.

Pidamos a María vivir en el Amor de Dios y generar siempre vida y esperanza en todo tiempo y lugar.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXIV
CRISTO REY DEL UNIVERSO

Dios solo piensa en nosotros, en cada uno y nos cuida personalmente para llevarnos a la más alta plenitud de vida: ser como Él, siempre dadores de vida.

Ez. 3411-12.15-17:
Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar a mi rebaño y me ocuparé de él... me ocuparé de mis ovejas y las liberaré de todos los lugares donde se habían dispersado en un día de nubes y tinieblas. Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las haré descansar... haré volver a la descarriada y sanaré a la enferma... Yo las apacentaré con justicia.» En cuanto a Uds., ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos.»

Sal. 221-2a.2b-3.5.6: El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.

1Cor. 1520-26.28:
Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. Así como todos mueren en Adán, así todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde, Cristo, el primero de todos, luego los que están unidos a Él... En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo principado, dominio y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte. Y cuando el Universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.

Mt. 2531-46: Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y Él separará a unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver.” Los justos responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento... sediento... forastero... desnudo... enfermo o preso... [y te socorrimos]?” Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.” Luego dirá a los de su izquierda: “Aléjense de Mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre... sed... era forastero... estaba desnudo... enfermo y preso [y no me ayudaron].” Éstos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso y no te socorrimos?” Y Él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.” Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»





noviembre 09, 2014

Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 9 de noviembre, fiesta de la Basílica de San Giovanni in Laterano.
“Destruyan este templo y en tres días volveré a levantarlo.” Jesús, aclara san Juan, se refería a su cuerpo, no el templo de piedra. Esto sería pretender un manejo mágico del poder de Dios. Dios no actúa así. Dios nos respeta, aunque nosotros no lo respetemos y hasta algunos se mofen burda y absurdamente de Él desde una supuesta ciencia o arte. Dios nos quiere grandes como Él, pero esto supone que le aceptemos como Padre y Maestro y eso, muchos que se creen liberados, no lo hacen.

San Pablo nos recuerda que nosotros, por ser cristianos, somos templo de Dios y terreno en el que Él trabaja para que produzca los mejores frutos, pero, como le sucede al campesino, no basta que él siembre y trabaje bien el terreno, es indispensable que éste esté preparado para la semilla y responda a lo que el campesino experto hace en él. Si no es así, deberá dejarlo como negativo. Dios nunca hace eso con nosotros hasta que no hayamos dicho la última palabra.
La obra de Dios en su templo siempre está llena de vida fecunda que todo lo sana. ¡Abrámonos!
Cristo Jesús nos ayude a abrirnos a los dones de Dios y nos haga dóciles a las maravillas que Él desea hacer surgir en nuestra vida para fecundarla. María, sin descanso, nos anima a ello.

Unidos en oración con María, el templo más perfecto y el terreno más fecundo de Dios:

P. José Mª Domènech SDB


La casa de Dios, que no es tanto el templo de piedra, sino nuestra Comunidad en Cristo, es casa de vida y salvación. ¿No la llama el Papa hospital de campaña? Vamos por el mundo con la misión de anunciar la Salvación del Señor y su signo de vida: sanar y liberar del mal.

Dios hace ineludibles maravillas, que nuestra vida esté siempre en el esfuerzo de hacerlas patentes.

Dios, por el bautismo en Cristo, nos ha consagrado como su templo santo en medio de un mundo atrapado en esclavitudes, que dan cierto gozo, pero efímero y que se come la propia vida, le quita su sentido, la paz estable, la fecundidad propia de la vida y su necesidad de compartirla para llenar de vida a otros.

Dios nos ha dado su Espíritu: Él nos hace fecundos y capaces de sanar a los hermanos con nuestra intimidad con el Señor Jesús, quien nos enseña a vivir abiertos a la Voluntad del Padre y al bien que necesitan los hermanos.

Pero necesitamos ser honestos, no buscar beneficiarnos, respetar su Casa y vivir abiertos a su Voluntad.

La presencia de Dios en medio de nosotros es fuente de Vida nueva para cualquiera que se acerque a Él.

El templo de Dios es, por obra de Dios en él, fuente de vida y de sanación personal y social: Dios es Vida.

Debemos dejar obrar a Dios en nosotros: la distancia y la resistencia impiden la fecunda acción de Dios.

El cristiano no debe desalentarse: Dios está atento a lo que necesitamos para ser sus hijos ahora y aquí.

Nuestra vida debe estar centrada en vivir y proclamar la presencia y salvación de Dios en nuestro mundo

Nuestra realidad corporal y Comunitaria es expresión de la presencia de Dios, como lo es un templo.

Es en nosotros donde se realiza la Salvación de Dios y así es como nos expandimos como Luz de Cristo.

El Espíritu de Dios nos vivifica para que nosotros seamos capaces, como Jesús, de sanar nuestro mundo.

Por esto es vital que vivamos a Cristo como centro y base de nuestra vida, pues solo Él es la Salvación.

Nuestra forma de tratar a Dios debe vivir libre de todo interés egoísta, pues el Salvador-Liberador es Dios

La misión de Jesús, el Mesías, es purificar de todo egoísmo la Casa de Dios: nuestra vida y Comunidad.

Los intereses individuales anulan la obra de Dios, en la persona y la sociedad, cerrándolas a la redención.

El Cuerpo de Cristo resucitado es la Comunidad cristiana: nada podrá destruirla, aunque sea rechazada.

La persona vivirá la Comunión con Dios y los hermanos, alimentándola y celebrándola en Comunidad.

Pidamos a María saber ser, cada día mejor, Cuerpo de Cristo que vive luminosamente su Fe hoy y aquí.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXII

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

Los cristianos somos testigos de la Resurrección de Jesús y, por la Comunión con Él y entre nosotros, somos su Cuerpo: Comunidad de vida y servicio.

Ez. 40, 1b.3a; 47, 1-2.8-9.12:
La mano del Señor... me llevó a Jerusalén. Y vi a un hombre, que, por su aspecto, parecía de bronce. Él me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa... El agua descendía... del costado derecho de la Casa, al sur del altar... Entonces me dijo: «Estas aguas fluyen hacia el sector oriental... y van a desembocar en el mar... para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes... y habrá peces en abundancia... Al borde del torrente, sobre las dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos... porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de remedio.»

Sal. 452-3.5-6.8-9: Vengan a contemplar las obras del Señor.

1Cor. 3, 9c-11.16-17:
Ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios. Según la gracia que Dios me ha dado, yo puse los cimientos, como lo hace un buen arquitecto, y otro edifica encima. El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque... es Jesucristo. ¿No saben que Uds. son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Uds.?... el templo de Dios es sagrado y Uds. son ese templo.

Jn. 2, 13-22: Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió al templo y encontró en el Templo a los vendedores... y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo... y los echó del Templo, junto con sus ovejas y bueyes; derribó la mesa [de los cambistas] y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.» Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: “El celo por tu Casa me consumirá.” Entonces los judíos preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.» Los judíos le dijeron: «Costó cuarenta y seis años levantar este Templo y ¿tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él se refería el templo de su cuerpo. Por eso cuando Jesús resucitó, los discípulos recordaron que Él había dicho esto y creyeron...








octubre 31, 2014

Conmemoración de los Fieles Difuntos

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 2 de noviembre.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¡No está aquí, ha resucitado!” ¿Se necesita más claridad? Jesús es garante del éxito de todo esfuerzo por hacer madurar el respeto que merecen todo ser humano y los derechos de los últimos y marginados, entre los que está el derecho de ser responsable del bien del otro. Él es garantía de todo camino de maduración. El buscar ‘ser mejor en todo sentido’ –aunque no se logre ‘estar’ mejor– tendrá un final súper exitoso. Ser más y mejor es más importante que estar mejor, pues todo “estar” es transitorio, efímero: ¡la muerte lo consume!, pero ser mejor es avanzar hacia Dios: Él nos pensó así cuando nos creó a su imagen.

No lo dudemos: la felicidad eterna es un bien real –es Dios mismo– y nadie nos lo podrá quitar jamás, si nosotros no solo lo defendemos, sino que nos esforzamos por alimentarlo con Cristo en nosotros, y también en los que nos rodean acercándolos a Cristo, la Resurrección y la Vida.

Jesús nos pide que comuniquemos a todos que Él vive y salva. Él nos llama cada día y nos espera.

María nos auxilia para que digamos a todos que la Vida de Dios es para todos: Vida eterna y feliz.

Unidos en oración con María, la feliz resucitada de entre los muertos:

P. José Mª Domènech SDB


Conmemoración de los Fieles Difuntos


Los proyectos y los sueños humanos o cuentan con la muerte, realidad ineludible, o serán rotos por ella y las múltiples limitaciones que se muestra en nuestra compleja naturaleza, y que acaban con la muerte.

Si una cosa es cierta, siendo mínimamente realistas, es que vamos a morir, pero vivimos, muchas veces, sin tenerlo ni realmente ni sanamente en cuenta: vivimos sin calcular nuestra al final de este periodo y sin planificar lo único que vamos a necesitar en nuestra partida. Por eso tanta desazón cuando se toca este tema.

¿Qué nos sucede? ¿Por qué vivimos en tanta inseguridad y miedo ante lo que pueda pasar? ¿Por qué las cosas no se van como las personas de buena voluntad lo desean? Muchas preguntas, mucho desconcierto.

Y llegamos preguntas injustas como ésta: ¿por qué Dios permite la muerte y no hace nada ante el dolor?

También las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús no creían posible la resurrección de Jesús, a pesar de que Él lo había anticipado con claridad. Solo la resurrección de Cristo nos da un horizonte digno de la vida recibida del Amor de Dios. Él no nos creó para la muerte, aunque nuestra materia la haga inevitable.

Deseamos que Dios se muestre poderoso y a veces acudimos a Él suponiendo eso, pero en la vida cotidiana actuamos con poca confianza en Él. ¿Creemos en su interés por nuestro bien actual?; ¿no será por eso que poco le escuchamos y a veces mal, es decir, sin mucho interés por aprender a vivir como Él nos pide?

Sin embargo la Palabra es clara y nos hace notar que Él no tiene todo listo para nuestra grandeza y que el final ya está asegurado: solo necesitamos confianza, dócil obediencia y entrega total, como las de Jesús.


El futuro reservado por Dios para nosotros es fantástico, pero necesitamos luchar con amor y esperanza.

Los profetas anticiparon el anuncio de un mundo nuevo preparado por Dios para nosotros. ¿Aceptamos?

El Apocalipsis lo presenta ya real en la Jerusalén celestial, caminante ahora en la Iglesia, con sus luchas.

Solo el amor, la cercanía y la docilidad al Maestro nos permitirán heredar lo ya listo para nosotros.


Entristecerse por la muerte es normal; los creyentes lo superamos porque seguimos Cristo, el Resucitado.

Recordar a los que murieron manteniendo la tristeza es mostrar que no creemos en el Señor resucitado.

Cristo es garantía de la resurrección de los que han vivido, con más o menos éxito, buscando ser como Él.

El pecado primero nos marcó y esto hace difícil este periodo de nuestra vida; pero Cristo nos ha salvado.

La resurrección es un hecho que a todos se ofrece, pero no se impone a nadie: somos libres. ¡Decidamos!


La vida cristiana tiene un final glorioso como el de Cristo, pero es necesario que estemos centrados en Él.

Las mujeres y los discípulos estaban centrados en el Maestro, pero todavía no creían en la resurrección.

No creer los tenía atemorizados, encerrados, tristes, sin capacidad de fiarse y comprometerse: ¡sin vida!

Las mujeres se acercan y reciben la gran noticia: ¡está vivo! Recuerdan el pasado, ¡sí!, pero superado.

El amor nos pide acercarnos, pero superando todo lo que nos aleje del presente que Dios construye.

Pidamos a María escuchar la buena noticia de la resurrección percibiendo la llamada personal de Dios.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXI
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Dolor y muerte no tienen la última palabra: Dios es Vida y resucitó a Cristo, su Hijo fiel. Si lo seguimos, también nosotros viviremos y gozaremos con Él.

Ap. 21, 1-5a.6b-7:
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más. Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que... venía de Dios... como una novia preparada para recibir a su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios entre los hombres... Él secará todas las lágrimas y ya no habrá más muerte..., porque todo lo de antes pasó.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, Yo le daré de beber gratuita mente de la fuente... de la Vida. El vencedor heredará todas estas cosas y Yo seré su Dios y él será mi hijo.»

Sal. 261.4.7.8b-9a.13-14: Contemplaré la bondad del Señor.

1Cor. 15, 20-23:
Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así todos revivirán en Cristo...: Cristo, el primero de todos, luego los que están unidos a Él en el momento de su venida.

Lc. 24, 1-8: El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado... encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas... se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes... [que] les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que les decía cuando estaba en Galilea...» Y las mujeres recordaron sus palabras.












octubre 25, 2014

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón»

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 26 de octubre.

“El segundo es semejante al primero...” En la vida cristiana todo está comunicado: nada es independiente ni excluyente, todo influye en todo. La razón es muy simple y clara: nuestra Fe, que mueve nuestra vida hacia la plenitud de Dios, nace y fluye precisamente de la Vida de Dios, que es Comunión vitalizante, por eso Él es creador, salvador y santificador de toda la realidad. Ésta es la razón por la cual el Señor se quedó como Eucaristía y como Comunidad porque sabe muy bien que sin Él no podemos hacer nada que valga la pena llamarse vida con frutos permanentes.

En el Antiguo Testamento, el Pueblo de Dios, que debía ser transmisor de este Amor total de Dios, estaba llamado a comunicarlo en su forma de trato y en todas sus relaciones. En el Nuevo Testamento se nos pide atención y docilidad en el escuchar y celebrar la Señor, para poderlo vivir en cada aspecto de nuestras relaciones, pues esto se convierte en la primera evangelización, que después la Palabra proclamada aclarará y la palabra comunicada explicitará en todas partes.

Más importante que saber las normas, es vivir el Espíritu de Amor que las generó y nos las confió.

Cristo Jesús nos invita a ser como Él en todas partes; María nos acompaña en todo el esfuerzo de vivir atentos al Señor y a los hermanos para que nadie se quede sin sentir cuánto Dios le ama.

Unidos en oración con María, la primera evangelizadora de la vida, hecha con su propia vida:

P. José Mª Domènech SDB

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón»

El amor verdadero supone un interés sincero por al bien de la otra persona: si esto no se da, todo signo de amor se convierte en una postura que será una trampa, así les sucedió a los fariseos. ¿No sabía el doctor la respuesta? ¡Claro!, pero el fin de la pregunta era otro. Jesús no se inmuta: responde con la verdad.

Para Jesús lo importante es hacer el bien a todos y siempre, y esto pasa por la clara y honesta verdad.

No se trataba de discutir o imponer, sino de decir las cosas explícitamente, las acepten o no, le respeten o no.

Al acercarnos a Dios lo más importante es la apertura a su Voluntad y la sencilla sensibilidad abierta ante su Palabr a de vida. Lo mismo sucede con el diálogo con las otras personas. Tener otras intenciones es una trampa que nos lleva a perder la oportunidad de madurar como persona humana y en la propia Fe.

Solo el amor que busque promover de vida nos lleva por los caminos de la paz y de la solidaridad con todas las personas de buena voluntad que deseen construir, y esto en cualquier ambiente.

El amor veraz y sincero, que es la Vida propia de Dios-Salvación, da sentido a la vida de cualquier ser humano y permite un desarrollo sostenible de cualquier sociedad, sea del signo o cultura que sea. Lo que no entre por este comino acabará haciendo surgir lo que en nosotros hay de muerte y degradación.

El verdadero amor engloba a toda la persona, desde lo más íntimo, radical y sustancial –de lo que depende todo lo demás– hasta lo más exterior y transitorio, circunstancial, variado e inevitablemente variable.

En la vida cristiana las normas son indispensables, como en cualquier sociedad, pero por sí solas no hacen crecer, pero sí la abierta entrega de la vida a los que nos necesiten, aun con la sola ventaja que el bien que se desarrolla en nuestro interior y en el suyo. Esto lleva a otros a la admiración y hasta a la imitación.

El amor de Dios se nos ofrece para que lo vivamos a favor de los últimos, pues así lo hizo Él con nosotros

¿Qué es amar? La historia nos muestra que es una actitud generadora de vida, paz y maduración personal.

Es la misma Vida de Dios y a ello estamos llamados todos sin excepción por creación y por redención.

El amor atrae el apoyo de Dios y lo contrario: nos lleva al fracaso y a Él le mueve a defender al débil.

La Fe acogida con corazón abierto y disponible nos lleva a la madurez y a ser estímulo para otros.

Dios es nuestra fortaleza porque ésta a nuestro favor, si vivimos abiertos a Él y listos para lo que pida.

Si una Comunidad vive para lo que el Señor le pida hoy, aunque duela, se convierte en luz de esperanza.

Dios es el Señor soberano: en su grandeza ha querido contar con nosotros en su triunfo final de la vida.

La Comunidad cristiana irradia lo que vive con sencilla decisión: solo así se expande el Reino de Dios.

Lo más importante para Dios –por eso nos dio los mandamientos– es que seamos como Él: Amor vivo.

Los mandamientos dados por Dios eran diez, pero la ley tenía nada menos que 613 preceptos específicos.

¿Lo más importante? Lo fundamental era vivir como Dios mismo; solo para eso dio los mandamientos.

El amor no hace distinción de personas, salvo para dar a cada uno lo que necesita para ser él mismo.

La visión de Dios referente a la vida y las personas es lo que define qué se debe o qué no se debe hacer.

Pidamos a María vivir cada día más abiertos a Dios y las necesidades de los demás, pues eso es amar.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXX

El Amor de Dios se ha hecho carne en nosotros y Comunidad en nuestras Comunidades cristianas, hagámoslo nosotros hoy historia y en nuestra historia.

Ex. 22, 20-26:
Éstas son las normas que el Señor dio a Moisés: «No maltratarás al extranjero..., porque Uds. fueron extranjeros en Egipto. No harás daño a la viuda ni al huérfano. Si... ellos me piden auxilio, yo escucharé su clamor. Entonces arderá mi ira, y... sus mujeres quedarán viudas y sus hijos huérfanos. Si prestas dinero a un miembro de mi pueblo, al pobre..., no te comportarás con él como un usurero, no le exigirás interés. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, porque ése es su único abrigo... De lo contrario, ¿con qué dormirá? Si él me invoca, yo lo escucharé, porque soy compasivo.»

Sal. 172-4.47.51ab.: Yo te amo, Señor, mi fortaleza.

1Tes. 1, 5c-10:
Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí... Y Uds. imitaron nuestro ejemplo, y el del Señor, recibiendo la Palabra en medio de muchas dificultades, con la alegría que da el Espíritu Santo. Así llegaron a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya... Ellos mismos cuentan cómo Uds. me han recibido y cómo se convirtieron a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero y esperar a su Hijo... Jesús, a quien Él resucitó de entre los muertos y que nos libra de la ira venidera.


Mt. 22, 34-40: Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él y uno de ellos,... doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?» Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Éste es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la Ley y los profetas.»





octubre 24, 2014

Madre Yvonne Reungoat nuevamente Superiora General FMA

Esta mañana, las hermanas FMA capitulares reunidas en Roma, eligieron nuevamente a la salesiana francesa sor Yvonne Reungoat como Superiora General de su Instituto.


Así, el servicio de Madre Yvonne se extiende por 6 años más.

Los mejores augurios para ella!

Más información en: Madre Yvonne: novena Superiora General de las FMA

octubre 22, 2014

Feliz día, SAN Juan Pablo II!

Feliz fiesta para todos! Hoy celebramos a nuestro amado e inolvidable Papa Karol Wojtyla, San Juan Pablo II!

Ruega por nosotros!

octubre 21, 2014

Mensaje del Sínodo de los Obispos

El 19 pasado terminó en Roma el Sínodo Extraordinario sobre la familia que se ha estado celebrando en el Vaticano desde el día 5 de octubre. El sábado 18, los obispos participantes enviaron el siguiente Mensaje:

Mensaje del Sínodo de los Obispos a las familias de todo el mundo, texto completo:

"Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.

Nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades.

La misma preparación de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares.

Después, nuestro diálogo durante los días del Sínodo nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.

Queremos presentarles las palabras de Cristo: “Yo estoy ante la puerta y llamo, Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3, 20).

Como lo hacía durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cuando se insinúan el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia.

Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el estrés de una ansiedad que descuida la reflexión serena.

Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio.

Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.

Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.

Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados “en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (Evangelii gaudium, 55), que humilla la dignidad de las personas.

Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.

Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones.

Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad.

Mientras tanto, “la cultura del bienestar nos anestesia y […] todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera” (Evangelii gaudium, 54).

Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.

Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie. Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.

También está la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas.

Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa –como dice el Génesis (2, 18)– cuando los dos rostros están frente a frente, en una “ayuda adecuada”, es decir semejante y recíproca.

El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: “Mi amado es mío y yo soy suya… Yo soy de mi amado y él es mío” (Ct 2, 17; 6, 3).

El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aún más allá del vigor y de la frescura juvenil.

El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada (cf. Jn 15, 13). Bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común.

Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos.

Es también capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes.

Durante este camino, que a veces es un sendero de montaña, con cansancios y caídas, siempre está la presencia y la compañía de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el diálogo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Además lo vive cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un pequeño oasis del espíritu que se puede crear por un momento cada día.

También está el empeño cotidiano de la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misión es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicación.

Así la familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.

Hay otra expresión de la comunión fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercanía a los últimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Señor: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20, 35). Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.

La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Señor. Él se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro último, cuando Cristo “será todo en todos” (Col 3, 11). Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión.

Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el próximo Sínodo. Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa. También nosotros, uniéndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocación por las familias de la tierra:

Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.

Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.
Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a jóvenes el coraje del compromiso estable y fiel.

Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del espíritu y a mantener viva la llama de la fe también en tiempos de oscuridad.

Padre, danos la alegría de ver florecer una Iglesia cada vez más fiel y creíble, una ciudad justa y humana, un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia. Amén".


Fuente: News.va Español: Mensaje del Sínodo



octubre 10, 2014

«Mi banquete está preparado... vengan a las bodas»

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 12 de octubre.

“Mi banquete está preparado... vengan a las bodas” El gran y eterno deseo del Padre, Dios, es que todos estén en la eterna fiesta de bodas de su Hijo con la humanidad honesta y de buena voluntad y con su Pueblo, el resto que se mantuvo fiel a Él y no despreció sus dones de Vida nueva. No necesitamos ser perfectos, nadie lo es, fuera de Dios, pero sí debemos aceptar que Él nos purifique, nos sane y nos salve, transformando nuestra vida, similar a un vestido hecho harapos de vida, en una Vida nueva, confeccionada por su Espíritu de Amor y Paz. Él nos ha preparado la fiesta en el monte del don de la vida de Jesús, montaña de las bodas eternas. Él nos invita y nos hace aptos para vivir en cualquier circunstancia con tal que nos mantengamos abiertos y fieles a su Voluntad.

Así es como llegamos al domingo siguiente: el de la Verdad de la Vida. “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” Cada realidad en su lugar, sin pervertir nada ni manipularlo ni desfigurarlo: ni la gloria de Dios, ni la dignidad de ningún gobierno o gobernante. Pero debemos tener muy claro que, si no somos capaces de respetar a nuestro Dios, ¿qué capacidad tendremos de respetar a nuestras autoridades y qué capacidad tendrán ellas de despertar este respeto si para ellas Dios es un instrumento, pero de ningún modo el Señor al que se someten con filial fidelidad?

Dios es el soberano de la historia y Él la dirige para el Bien Común; quien se le resista, se quedará en la cuneta. O crecemos y maduramos en la Fe o nos quedamos fuera, seamos quienes seamos.

Dios, en Cristo Jesús, nos anima y nos llama para que no nos perdamos. María nos auxilia para que estemos atentos a la voz de Dios que nos invita y aclara el sentido de nuestra vida.

Unidos en oración con María, la Madre atenta, dócil y feliz por los dones de su Hijo:

P. José Mª Domènech SDB

«Mi banquete está preparado... vengan a las bodas»

La Vida de Dios es una fiesta compartida ¡y es absolutamente para todos, buenos y malos! Todos están invitados, sólo se la pierden los que no aceptan entrar o los que entran, pero siguen igual que antes. El Rey solo pide la conversión, revestirse de Él. ¡No destruir la fiesta ni en uno mismo ni en el ambiente!

La imagen del banquete y de la fiesta, como relación de Dios con nosotros, es común en la Biblia, pero Dios quiere una fiesta que dignifique a todos, y no cualquier fiesta, y menos una que degrade.

Dios desea que vivamos su fiesta: el triunfo de la vida; que la disfrutemos en serio; pero eso no es posible en actitud egoísta o descuidada, como si nadie mereciera respeto. Dios es generoso ¿y nosotros?

Prepararnos bien a la fiesta es respetarla y adelantar al ahora la emoción gozosa de la misma.

La Eucaristía es la gran fiesta de la boda del Hijo de Dios con su Iglesia, al dar su vida por la humanidad. ¿Nos preparamos? o ¿vamos de cualquier manera o, tal vez, ni siquiera vamos? ¿Creemos que no tiene importancia y ninguna consecuencia, ni antes ni durante ni después? ¿Cómo valoramos los dones de Dios?

El poder de Dios es misericordia, es salvación: don de alegría para todos, sin exclusión de ninguna clase.

El profeta habla de cosas humanamente imposibles a un pueblo aplastado, pero les anuncia que la mano poderosa del Señor hace maravillas. La montaña es Sión; los pueblos son la humanidad. Dios nos llama a la fiesta de la Vida Nueva; dolor y muerte desaparecerán por la Salvación de Cristo, entregado en la cruz.

Hoy la mano poderosa de Dios se extiende a toda persona y ofreciéndole la Salvación. ¡Respondamos!

Si vivimos disponibles a Dios y a los hermanos, estaremos más abiertos a la misión que Dios nos confía.

La abierta disponibilidad al Evangelio prepara a Pablo para todo: lo agradable y lo desagradable. No necesita más que lo que Dios le ofrece: él se sabe bien cuidado por Dios y esto lo hace apto para todo y a fin de ofrecer a todos la Salvación. Los dones de Dios nos llevan a la libertad, para el bien de todos.

Pablo confía en Dios y su providencia, pero se alegra por lo recibido en prisión e invita a ser generosos y a compartir el dolor y necesidades del hermano: esto nos abre a la oferta inmensamente generosa de Dios.

No necesitamos se justos para intimar con Dios, pero sí debemos aceptar revestirnos de su Vida y su Paz

Jesús nos dice que Dios nunca deja de llamarnos, gratuitamente, a su fiesta. Nuestra respuesta nos define: expresa quiénes somos frente a Él. Él nos llama para invitarnos a su Vida, ¿le elegimos nosotros?

Todos estamos invitados al banquete en el que Hijo se estrega, pero con una condición. ¿Cuál? Llevar el vestido de fiesta: asumir en nuestra vida la vida de Cristo; no hacerlo es despreciarlo a Él y perdernos.

Pidamos a María aceptar en cada Misa –y vivir cada día– la Vida de Jesús: Él nos la confía para todos.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXVIII

Dios nos invita a todos a vivir en su fiesta y nos ofrece lo mejor: participar de su propia Vida y gozar de sus Bienes; pero nosotros debemos confiar en Él.

Is. 25, 6-10:
El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos,... de vinos añejados... Él arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos... Destruirá la muerte para siempre, el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo... Y se dirá...: «Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación... ¡Alegrémonos y regocijémonos de su Salvación.» Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

Sal. 221-6: El Señor nos prepara una mesa.

Flp. 4, 12-14.19-20:
Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo... Yo lo puedo todo en aquél que me conforta. Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades. Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Mt. 22, 1-14: Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los fariseos, diciendo: «El Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió a sus servidores para avisar a sus invitados, pero éstos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado... todo está a punto: vengan a las bodas.” Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió sus tropas... Luego dijo a los servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren.” Los servidores salieron... y reunieron a todos..., buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró a ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo –le dijo– ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?” El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Átenlo de pies y manos, y arrójenlo a fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los elegidos.»





octubre 08, 2014

Posesión, maleficios, infestación

A veces, en la vida se nos presentan situaciones inexplicables, fenómenos que van más allá de lo que conocemos y nos hacen pensar en ideas y alternativas que nunca antes consideramos.

Si llegara a pasarte o piensas que puede estar pasándote, NUNCA, por favor, NUNCA, acudas a un brujo (vidente, curandero, etc.) para terminar con este problema. SOLAMENTE debes acudir a sacerdotes o grupos de oración de la renovación carismática.

"No debe uno fiarse de los brujos porque tengan en su casa imágenes de la Virgen o de Jesús. Jamás por ese camino vendrá la solución sino el empeoramiento de su problema. Todo poder en esta materia fue entregado a los Apóstoles y quien busque la solución por una vía torcida comprobará que este mundo de poderes invisibles es real y que nunca debió sumergirse en él a experimentar a su propia costa."(Padre JA Fortea, sacerdote católico, teólogo especializado en demonología).

Para conseguir información sobre estos temas dentro de lo que es nuestra Iglesia Católica, podemos recurrir a esta página dirigida por el Padre Fortea: Posesión y exorcismo

septiembre 21, 2014

«Vayan también ustedes a mi viña»

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 21 de setiembre.

“Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que es justo.” ¡Cuándo no: confianza y justicia!

Dios desea elevar nuestra vida a su máximo de posibilidades, pero necesita que confiemos en Él, pues Él ya confía en nosotros. ¡¡Nadie es inútil para Dios!! Basta estar dócilmente disponibles.
Los hombres no sabemos aprovechar lo que cada uno es, pequeño o grande, sano o enfermo, maduro o inmaduro, con muchas o pocas riquezas, en situación ventajosa o en problemas. ¡Todos tenemos un mundo de posibilidades que, si no estamos despiertos a las oportunidades, se nos van a escapar de las manos con la grave responsabilidad de las consecuencias que generamos. Dios lo sabe muy bien y por eso nos invita a buscarle sin descanso, a estar listos para trabajar con Él.

Es la disponibilidad en la que vive san Pablo: lo importante es estar con el Señor, como y allí donde estemos a cada momento: siempre pensando en el bien de los que nos rodean, pues eso es lo que hace madurar a una persona como tal: hija de Dios, el soberano del Universo, servidor de la vida.

Demos gracias a Dios y bendigamos su bondad, pues Él siempre está atento a los que lo invocan.
María nos enseñe a vivir atentos como ella a todo lo que el Señor nos vaya haciendo entender en cada circunstancia, pues Dios nunca se desanima y por eso no deja de salir a buscarnos.

Unidos en oración con María, la Madre atenta, disponible y generosa:

P. José Mª Domènech SDB

«Vayan también ustedes. a mi viña»

Cuanto más profunda e integral es nuestra unión con el Señor, cuanto más abierta y disponible está nuestra vida a su Voluntad, más valor damos al momento en el que, dejadas las limitadas posibilidades de esta segundo estadio de nuestra vida, pasamos, a través de la puerta de la muerte, a la plenitud de la Vida eterna.

Ésta es la experiencia que nos confiesa el Apóstol en el texto de hoy. ¡Vive la perplejidad!: deseo intenso vivir plenamente en el Señor –en la Vida eterna–, pero, también, sincero deseo estar a su disposición para lo que Él quiera pedirle a favor de los hermanos. ¿Es también nuestra experiencia? ¡Bendito sea Dios!

Esto no se improvisa ni viene solo: se construye con una continua y esforzada búsqueda del Señor a través de nuestra limitada naturaleza, atrapada en tendencias marcadas por el pecado personal y social.

¿La naturaleza humana nos desvía? ¡No! Son nosotros con las decisiones sujetas a todo tipo de egoísmo.

¿Qué hacer? La indicación es clara: vivir disponibles a lo que el Señor nos pida y cuando nos lo pida.

Su pago es totalmente desconcertante: se nos da Él mismo y más allá de lo que podamos esperar y soñar.

El Señor está cerca, pero debemos buscarlo en nuestra personal historia; no se nos impone: ¡atención!

Es malo esperar que las cosas surjan solas. ¡Ninguna historia se construye así!: El éxito pide esfuerzo.

Buscar al Señor pide esforzarse por conocer y comprender la Voluntad de Dios para vivirla cabalmente. El pecado debe abandonarse, con sus aparentes ventajas. Dios nos conoce y nos ama: ¡Él nos apoyará!

El Amor de Dios nos lleva a desear vivir en su Casa; pero, antes, debemos servir a los hermanos como Él

¿La muerte es una ganancia? Para el cristiano consciente de su ser en Cristo, sí: es plenitud y liberación.

El cielo es un don previo, pero debemos aceptarlo: lo aceptamos si damos nuestra vida a los hermanos.

Lo mejor para el cristiano es vivir en el cielo, presencia viva y libre de Dios en nuestra vida, ya ahora.

San Pablo supera de la perplejidad cuando llega a esta constatación: es lo que debemos asumir nosotros.

La viña del Señor es esta vida y Él siempre sale a buscar quién esté a su disposición para hacer su obra.

La vida es una vocación: Él nos llama cada día a trabajar para y con el Señor. ¡El beneficio es nuestro!

Nadie llega tarde. La vida comienza ahora: pierdes oportunidades, pero no la vida. ¡Responde hoy día!

Ésta es la visión de Dios, no la nuestra; pero la que rige en la vida, al final, es la suya. ¡Despertemos!

No se trata de portarse bien, sino de dejarle a Dios total libertad de acción: ¡solo sabe hacer maravillas!

Pidamos a María buscar siempre al Señor, atentos a sus indicaciones para servir a todos como Jesús.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXV

Sólo gozará la grandeza y libertad del Reino de Dios, quien viva en la libertad de estar, cada día más, al servicio de la Salvación que Dios ofrece a todos.

Is. 55, 6-9:
¡Busquen al Señor, mientras se deja encontrar, llámenlo, mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino, y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de Uds. no son los míos, ni los caminos de Uds., son mis caminos... Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de Uds.

Sal. 1442-3.8-9.17-18: El Señor está cerca de aquellos que le invocan

Flp. 1, 20b-26:
Estoy completamente seguro de que... sea que viva, sea que muera, Cristo será glorificado en mi cuerpo. Porque, para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia... no sé qué elegir. Me siento urgido por ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de Uds. es preferible que permanezca en este cuerpo. Tengo la plena convicción que permaneceré junto a todos Uds., para que progresen y se alegren en la Fe. De este modo, mi regreso y mi permanencia entre Uds. les proporcionarán un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús.

Mt. 20, 1-16a: Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana y,... a otros desocupados... les dijo: “Vayan Uds. también a mi viña y les pagaré lo que sea justo.” Y ellos fueron. Volvió a salir a medio día y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde, salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: “¿Cómo se han quedado todo el día aquí sin hacer nada?” Ellos contestaron: “Nadie nos ha contratado.” Entonces les dijo: “Vayan también Uds. a mi viña.” Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros.”... recibieron cada uno un denario... los primeros, creyendo que iban a recibir algo más,... recibieron un denario. Y... protestaron contra el propietario... [Éste] respondió a uno de ellos: “Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a éste que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal el que yo sea bueno? Así los últimos serán los primeros y los primeros últimos.»













septiembre 14, 2014

Exaltación de la Santa Cruz

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 14 de setiembre.

“Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna.” ¿Necesitamos más claridad? ¿El Señor Jesús está en lo más alto de nuestra vida? No ponerlo ahí es hacer casi inútil el don de su vida a favor de la propia vida y libertad.

En la Fe cristiana las respuestas son personales: Él y nosotros en la Comunidad. Es por ella en la que recibimos el don de la Fe –confiada por Dios a nosotros para el bien de los hermanos– y es en ella donde Dios alimenta nuestra respuesta de Fe –de la que deberemos dar cuenta al que nos la confió para el bien de los que nos rodean y nos han sido confiados por solidaridad natural y por la propia de la Fe–. Pero no temamos nuestra debilidad, pues Dios no solo nos ha confiado a los cariñosos cuidados de su Madre, sino que Él mismo no deja de darnos su vida en cada Eucaristía.

Lo importante es que nosotros vayamos a Él, que nos espera en la Comunidad a la que, en su Providencia, nos integró para que no camináramos solos, pues estando solos perderemos muchos dones.

María nos ayude a poner a su Hijo en lo más alto de nuestra vida para dar a otros su Salvación.
Unidos en oración con María, la Madre del amor entregado y salvador:

P. José Mª Domènech SDB

Exaltación de la Santa Cruz

¿Qué vida no tiene cruces? ¿Es posible ser feliz con cruces de todo tipo: naturales y construidas por nosotros mismos? ¡Depende de nosotros! Dios se entregó y venció el mal y la muerte para que lo logremos.

Cristo, se hace uno de nosotros y, con el don de su vida en la cruz, nos sana, nos salva y nos santifica.

Aceptar al Señor y seguirle, da su Paz, da su Vida eterna, da su Salvación. ¡Depende de cada uno!

Siempre viviremos rodeados de peligros, como serpientes venenosas, es inevitable y natural; pues el pecado no solo es personal: está en nosotros mismos y en nuestra comunidad, sino que se ha hecho estructura, pues somos nosotros, pecadores, los que construimos las estructuras humanas que necesitamos.

Dios no desprecia nuestra realidad pecadora, pues somos sus hijos y nos ama; pero tampoco desea ver desfigurada nuestra dignidad a consecuencia de nuestro pecado, personal y social, por eso Él mismo se hace uno de nosotros para redimirnos y enseñarnos el camino de la redención personal y social.

Para Dios lo importante somos nosotros, no su gloria, que no está en peligro ninguno.

Sólo la cruz, signo de un suplicio que, vivido en el amor obediente, se convierte en camino de salvación para todos, se hace signo de liberación del mal y del pecado, pues en ella fueron vencidos para siempre.

El Hijo del hombre debe aceptar lo que el hombre-padre no aceptó en su momento, elevarse al nivel de Dios, su Padre, a través de una obediencia fiel y sincera, aún en el dolor del rechazo y de la contradicción.

Rebelarse contra los planes de Dios es asumir la muerte como guía y compañera de nuestra vida.

El pueblo de Israel se rebela y maldice los planes de Dios y su profeta, eso le separa de la paz y la vida.

Las serpientes son un símbolo que nos habla de los peligros de la rebeldía contra Dios y sus planes.

Es necesario convertirse: elevar la mirada reconociendo el propio pecado y buscando la salvación de Dios

El mismo origen de la humanidad da el remedio contra el pecado: el vivo Amor de Dios, siempre próximo.

Desde el principio el pecado está presente en la historia de la humanidad y así será: somos pecadores.

Pero el Amor de Dios encontró el remedio: Él creó, Él redimirá, pero el hombre debe decidir su suerte.

Dios se hace hombre, asume toda la realidad como es y obedece al Padre más allá de lo ‘lógico’ humano.

La redención viene por el mismo camino que vino el pecado: obediencia – desobediencia; Fe – no-Fe.

Para salvar es necesario elevar a la humanidad por encima de ella misma y eso lo hará el hombre-Dios.

Es básico dejarnos asimilar por el Evangelio de la Salvación: eso es elevar al Señor en nuestra vida.

Somos nosotros quienes necesitamos la Salvación de Jesús, por eso debemos abrirnos y dejarnos asumir por Él y transformar nuestra vida por la Suya, sin resistencias ni condiciones.

La felicidad es fin cierto de nuestra fidelidad al Señor de la Vida nueva y de la Paz. Jamás lo dudemos.

Pidamos a María fiarnos del Señor Jesús, que se fía de nosotros, y darle libertar total en nuestra vida.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXIV
Exaltación de la Santa Cruz

La Salvación no es magia divina, sino una decisión del Amor eterno de Dios hecha historia en el don de la vida de Jesús en cruz a favor todo ser humano

Nm. 21, 4b-9:
...el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos hicieron salir de Egipto?, ¿para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua y ya estamos hartos de esta comida miserable!» Entonces el Señor envió... unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. Él pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado... Intercede delante de Dios para que aleje de nosotros esas serpientes.» Moisés intercedió... y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará sano.» Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un mástil. Cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba sano.

Sal. 771-2.34-38: No olviden las proezas del Señor

Flp. 2, 6-11:
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró que debía guardar celosamente su igualdad con Dios, al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante al hombre... se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte en cruz. Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame, para gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor.”

Jn. 3, 13-17: Jesús dijo: «Nadie ha subido al Cielo, sino el que descendió del Cielo, el Hijo del hombre, que está en el Cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan vida eterna. Sí: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.»







julio 08, 2014

Papa Francisco por la víctimas de abusos: "les pido perdón!"

HOMILÍA DEL PAPA EN LA MISA POR LAS VÍCTIMAS DE ABUSOS
POR PARTE DE SACERDOTES

-"Ante Dios y su pueblo expreso mi dolor por los pecados y crímenes graves de abusos sexuales cometidos por el clero contra ustedes y humildemente pido perdón".

-"También les pido perdón por los pecados de omisión por parte de lideres de la Iglesia que no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas: esto llevó a un sufrimiento adicional a quienes habían sido abusados y puso en peligro a otros menores".

-"No hay lugar en el ministerio de la Iglesia para aquellos que cometen estos abusos, y me comprometo a no tolerar el daño infligido a un menor por parte de nadie, independientemente de su estado clerical".

-"Para todos nosotros tiene vigencia el consejo que Jesús da a los que dan escándalos: la piedra de molino y el mar (cf. Mt 18,6)".


La homilía completa pueden encontrarla aquí: News.va Español: Homilía Papa Francisco en Santa Marta




La postura oficial del Vaticano, dada a conocer a través de News.va Español, es:

El Papa emérito Benedicto habló en varias ocasiones sobre esta triste realidad, y cambió la legislación canónica vigente para endurecerla y perseguir a los sacerdotes indignos. Fue él quien abrió el camino que ahora está siguiendo el Papa Francisco con su estilo mucho más directo y abierto.

El Papa Francisco está haciendo lo que puede y debe, sin mirar para otro lado: juzgar a los acusados según la ley canónica, aplicarles las sanciones correspondientes, incluida la reducción al estado laical, alejarlos del sacerdocio.

Ha establecido también una comisión para la protección de los menores; entre los miembros de esta comisión está Marie Collins, que sufrió de niña abusos sexuales por parte de un sacerdote al que llevó ante la justicia en 1997, y que es la fundadora de una ONG que lleva su nombre y presta ayuda y asistencia legal a las víctimas de abusos y sus familiares.

La comisión está estableciendo el marco legal de su actuación, que está previsto que sea: directrices, desarrollo y extensión de normas para la protección de los menores y del maltrato infantil; programas de formación para los niños, los padres, y todos los que trabajan con los menores de edad, así como de los catequistas y los sacerdotes.

También se prevén protocolos para la seguridad del entorno, códigos de conducta, certificación de idoneidad para el ministerio sacerdotal, detección y verificación de antecedentes penales; estado de las solicitudes de evaluación psiquiátrica; cooperación con las autoridades civiles, denuncia de los delitos, respeto de las leyes civiles; comunicaciones relativas a los clérigos culpables; apoyo pastoral a las víctimas y sus familias; atención espiritual, servicios de salud mental, colaboración con expertos en la la prevención del abuso contra los niños, en psicología, sociología, derecho etc., colaboración con los obispos y superiores religiosos, la optimización de procedimientos, aplicación de las leyes y normas; encuentros con las víctimas, control y recuperación de los clérigos culpables de abuso etc...

Pero el que vayan a la cárcel o no, depende de la justicia de cada país en el que estén los culpables, pues cada nación es soberana y ningún país puede entrometerse en la aplicación de la ley en otro país. Por eso, son las víctimas las que deben denunciar a los abusadores en cada país, siguiendo los procedimientos legales correspondientes.

junio 29, 2014

Fiesta del Papa - Inno Pontificio



Inno Pontificio

Roma immortale di Martiri e di Santi,
Roma immortale accogli i nostri canti:
Gloria nei cieli a Dio nostro Signore,
Pace ai Fedeli, di Cristo nell'amore.
A Te veniamo, Angelico Pastore,
In Te vediamo il mite Redentore,
Erede Santo di vera e santa Fede;
Conforto e vanto a chi combate e crede,
Non prevarranno la forza ed il terrore,
Ma regneranno la Verità, l'Amore.

Salve Salve Roma, patria eterna di memorie,
Cantano le tue glorie mille palme e mille altari.
Roma degli apostoli, Madre guida dei Rendenti,
Roma luce delle genti, il mondo spera in te!
Salve Salve Roma, la tua luce non tramonta,
Vince l'odio e l'onta lo splendor di tua beltà.
Roma degli Apostoli, Madre e guida dei Redenti,
Roma luce delle genti, il mondo spera in te!

junio 08, 2014

«Reciban el Espíritu Santo» - Pentecostés

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo de Pentecostés, 8 de junio.


“¡La Paz esté con ustedes!” Son las palabras de Jesús a sus discípulos preparándolos a la misión que les va a confiar y nos confía a nosotros. Para que podamos ser fieles y nos mantengamos en la esfera de la paternidad materna de Dios, Éste nos envía al mismo Espíritu que guió a la gloria a Jesús. La misión del Espíritu es llevar a la plenitud la obra salvadora desarrollada por el Hijo según el eterno y maravilloso plan del Padre. ¡Todo Dios para nosotros! ¿Qué más queremos?

El Dios amor confía a nosotros y desea que nos dejemos inflamar por su Amor eterno y creador-salvador-santificador. Se nos manifiesta en la imagen de un viento fuerte que remueve todos los papeles y basura que tapan lo fundamental; desea indicarnos lo permanente, la verdadera dirección de la vida: ¡nos toca escuchar y dejarnos guiar por Él!

Toda salvación que se hace efectiva en la historia es obra del Espíritu Santo y eso en toda persona que se pone a su alcance, es decir, que se abre a Él. No lo olvidemos: no violenta nada, aunque se presente como viento violento, pero respetuoso de cada intimidad y de cada voluntad. Si insiste es porque sabe lo importante que es lo que nos está ofreciendo y que para que tenga efecto en nosotros es indispensable que aceptemos secundar lo que nos propone. Él no duerme ni dormita, dice el salmo, y otro dice que renueva la faz de la tierra... Lo tenemos todo a nuestra disposición

Es el Espíritu de la Verdad, del Perdón, de la Unidad, de la Paz, de la Alegría, del Éxito seguro.

Que la Madre del Hijo encarnado, mujer dócil al Espíritu, nos abra para vivir su misma actitud.

Unidos en oración con María, la siempre dócil al Espíritu Santo:

P. José Mª Domènech SDB

«Reciban el Espíritu Santo»

El Señor, como Padre Universal de todos y de cada uno de los seres humanos, nos ha creado con un plan maravilloso: que seamos, como imagen suya que somos, Comunión de personas y, por vivir así, un solo pueblo universal. Por eso nos ha infundido su propia vida: seres. Pero nada se mostrará, hasta que nosotros aceptemos vivir como el Señor nos ofrece en su maravilloso plan.

La Comunión personal es la base para la del pueblo. Para que sea efectiva la unidad, tiene que ser experiencia personal, directa o indirecta; pues, si no es así, no será vida propia y no nos comprometerá realmente. Por eso Dios nos crea en una familia y nos llama y lleva a formarnos pueblo.

La actitud individualista, que se ha favorecido en nuestra época, cediendo al egoísmo humano, ha construido una estructura cultural y generado muchas y perniciosas ideologías de ahora, rompiendo toda dinámica de Comunión, pervirtiendo el amor, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, económicas y políticas y hasta dificultando seriamente la vida de muchas comunidades cristianas.

El Espíritu de Dios, donde puede actuar con libertad, crea Comunión y lleva a los creyentes a formar Comunidades en Cristo y las hace crecer con el aporte de cada uno de ellos, esté como esté y sea quien sea.

El Espíritu Santo, con el Padre, nos hace uno en Cristo para la vida y el bien de todos. Él nos llena de su Paz, la ganada por Cristo con el don de su propia Vida y no sólo nos otorga el perdón, sino que nos hace ministros del mismo, porque éste es camino de Comunión.

En el Espíritu tenemos la verdadera unidad de la Comunión en la paz y la justicia propia del Amor en la Verdad. Él es el don del Padre y del Hijo Resucitado, y, como tal, hace fecundo el perdón.

Sólo este perdón permite que los corazones se unan y entiendan el mensaje del Dios de la vida que nos llama a dejarnos renovar por su Espíritu, remover por su viento impetuoso y quemar por su fuego de Amor a cada persona humana, especialmente a los más débiles, pobres y marginados.

La primera comunidad es convocada por la experiencia de Comunión generada por el Espíritu

El Espíritu nos libera, une e integra en la Comunión Trinitaria metiéndonos entre los hombres para ayudarles a recibir los dones de Dios: somos testigos de la presencia y acción de Dios.

Dios, espíritu puro, siempre está entre nosotros trabajando a nuestro favor. Seamos dóciles.

Todos los dones llegan del Espíritu de Dios y cada uno es para la maduración de la Comunidad

Toda persona es beneficiaria de los dones del Espíritu Santo, pero la inmensa mayoría de la humanidad no lo sabe: ¡debemos comunicárselo! siendo dóciles a la Voluntad de Dios, Uno y Trino, y generosos en la construcción comunitaria y el cumplimiento de la Misión a alla confiada.

Cristo nos da su vida para que recibamos los dones de Dios, y ellos nos llevan a la Comunión.

La resurrección, fruto del Amor de Dios, con el don del Espíritu, da la Paz y el perdón para todos

Jesús resucitado sopla sobre los apóstoles –como una nueva creación– y les da el Espíritu.

Con el don del Espíritu recibimos la misma Misión encomendada por el Padre a su Hijo, el Cristo: construir la Paz en la Verdad por la fuerza del Amor, que nos lleva al Perdón. Verdadera Vida Nueva, por la Comunión con Dios, que permite una comunidad humana en renovación constante.

Pidamos a María vivir abiertos al Espíritu y siempre más dóciles a lo que nos pide en sus dones.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

DOMINGO DE PENTECOSTÉS – X DEL TIEMPO ORDINARIO

El don de Jesús es el Espíritu Santo, fuente de Unidad, Paz y Perdón; Él reparte sus dones para el bien de todos: así es como lo transforma todo

Hch. 2, 1-11:
...el día de Pentecostés, estaban todos reunidos... De pronto, vino del cielo como un ruido... de viento que resonó en toda la casa... vieron aparecer unas lenguas como de fuego que descendieron... sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo... Habían en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones... cada uno les escuchaba hablar en su propia lengua... y decían: «¿No son galileos todos éstos que nos hablan?... ¿Cómo es que les escuchamos proclamar las grandezas de Dios en nuestra propia lengua?»...

Sal.: 1031ab.24ac.29b-31.34 Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.

1Cor. 12, 3b-7.12-13:
Nadie puede decir “Jesús es el Señor” si no está impulsado por el Espíritu Santo. Ciertamente hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu... En cada uno el Espíritu se manifiesta para el bien común... todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo –judíos o griegos, esclavos o libres–...

Jn. 20, 19-23: Al atardecer del primer día de la semana los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús llegó y, poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La Paz esté con Uds.!... Como el Padre me envió a Mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados les serán perdonados a quienes ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»