Mostrando las entradas con la etiqueta P. Doménech - Sugerencia homilética. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta P. Doménech - Sugerencia homilética. Mostrar todas las entradas

noviembre 20, 2022

¡Cristo Rey!

A continuación, compartimos el texto del mensaje y la sugerencia homilética preparados por nuestro querido Padre José María para esta festividad. El Padre lo preparó para el domingo 20 de noviembre de 2016 y nos lo envió el 3 de noviembre de ese año. 

Utilizamos la ilustración realizada por Patxi Fano para la Diócesis de Málaga.

«Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.» La realeza de Jesucristo no es temporal ni parcial, como la que nos rodea en los ‘reyes’, presidente o jefe que nos gobiernan. Jesucristo es el Rey del universo, Señor de la Vida y constructor de toda plenitud, solo necesita que nos abramos a Él y nos fiemos de sus indicaciones, seamos quienes seamos.

Solo la sencillez y la humildad nos abren a todas las maravillas con las que el Señor nos regala su Vida nueva y todos los dones por los cuales nos vamos transformando en Cuerpo de Cristo y ciudadanos felices de su Reino. ¡Cuántas veces, locamente, deseamos imponer nuestros criterios como si fuéramos infalibles! Eso nos cierra a nuestras mejores posibilidades.

Dios, como Rey eterno, no cede en su esfuerzo por ofrecernos y abrirnos a sus dones. Todo su esfuerzo está a favor nuestro para que lleguemos, llenos de alegría a la casa del Padre como hijos, cuerpo de su Hijo y ciudadanos de su Reino por nuestra actitud de buscar su intimidad cada día un poco más, como el ladrón honesto y arrepentido.

Las rebeldías no sirven para nada, salvo para condenarnos y aislarnos de la vida y de nuestra apertura al Amor del Dios.

María, la Madre buena y sabia, nos enseñe a vivir cada día más abiertos y dóciles a los dones de Amor y Vida nueva, Paz y Felicidad, propios de Cristo, Rey Misericordioso del Universo.

Unidos en oración con María, la Madre de Jesucristo el Misericordioso Rey del Universo:

P. José Mª Domènech SDB

CICLO C – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXIV

CRISTO REY

Cristo es Rey y toda la autoridad de su Amor Misericordioso que, sin paliativos, respeta nuestra libertad para que aprendamos a ser como Él y gozar con Él.

2Sam. 5 1-3 : Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron: «¡Nosotros somos de tu misma sangre!... Y el Señor te ha dicho: ‘Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel’»... El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón, delante del Señor y ellos ungieron a David como rey de Israel.

Sal. 121 1-2.4-5 : Vamos con alegría a la casa del Señor

Col. 1 12-20 : Damos gracias al Padre, que nos ha hecho dignos de participar en la herencia luminosa de los santos. Porque Él nos liberó del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido en el que tenemos la redención y el perdón de los pecados. Él es imagen del Dios invisible... Él existe antes de todas las cosas y todo subsiste en Él. Él es también la cabeza de... la Iglesia... el primero que resucitó de entre los muertos... Por Él quiso reconciliar consigo todo lo que existe... restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lc. 23 35-43 : Después que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!» También los soldados se burlaban de Él... Sobre su cabeza había una inscripción: “Éste es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados le insultaba... Pero el otro le increpaba, diciéndole: «...Nosotros sufrimos justamente... pero Él no ha hecho nada malo» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.» Él respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

“Éste es el rey de los judíos”: verdad escrita por Pilatos, aun sin creerla y que sonaba a burla: ¿ podía ser rey un reo, entregado por su propio pueblo y que no se defendía? Burla de las autoridades judías que lo rechazaban y despreciaban. Burla ante el pueblo que, atónito, lo veía convertido en un ser masacrado y sin apariencia ni digna ni respetable. ¡Ellos esperaban a un Rey como David, que los liberara!

Su autoridad está en la libertad del don de su vida y en su capacidad de darnos la salvación, si le aceptamos como el ladrón que se arrepintió y se confió al Señor de la Vida, y nos aceptamos a nosotros mismos.

Dios no impone nada: ni la salvación, ni la cordura, ni la paz, ni el bien personal, ni la alegría, ni la vida: todo es un regalo que se nos ofrece y que nosotros decidimos si los aceptamos y qué hacemos con ellos.

La realeza de Jesús es muy simple: es la del Amor de Dios en su vida y en cada una de sus decisiones: humildad, mansedumbre, perdón, servicio, libre aceptación de la Voluntad del Padre, entrega total y generosa, don de la vida con la absoluta seguridad de recuperarla por el Espíritu del Padre que vive en Él.

Cristo Jesús desea para nosotros esta misma realeza, para ella fuimos creados. Nuestro problema no está en esta magnífica vocación recibida, con la que el mismo Dios está comprometido desde el principio, sino en el modo que usamos para lograrla: queremos ser como Dios erigiéndonos a nosotros mismos como dioses por encima de todo y de todos... ¡y esto solo genera la guerra, el infierno y pérdida de los dones de Dios!

Cuanto más nos miremos a nosotros mismos, como suelen hacer los que desean el poder o mantener el dominio, más perderemos y menos señorío tendremos sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea, y más nos sentiremos en peligro ante cualquier realidad que sintamos amenazante, como Dios.

Israel, por fin, reconoce la grandeza, prestigio y servicios prestados por David y lo acepta como su rey

Dios elige a David, pero Israel no lo acepta. Éste se impone con su fuerte personalidad y honesta entrega.

Cristo, con su entrega en la Cruz, quiere unir a la humanidad en su Reino: un solo pueblo de salvados.

Es nuestra decisión personal la que nos lleva a Él o nos aleja de la salvación universal que Él nos ofrece.

Con san Pablo alabamos al Padre por unirnos al Reino de Cristo gracias a su Misericordia y Vida nueva.

Cristo, centro de todo es Rey eterno, pues restablece el equilibrio de toda la creación en el plan de Dios

Él, por la salvación de su cruz, une a toda la humanidad al Padre como Comunidad fiel al Plan de Dios.

Con Él, Dios ve cumplido su plan inicial, que comenzó con la creación de toda esta realidad temporal.

El fin de ésta es que toda persona participe de la grandeza de Dios y, por ella, lo haga toda la creación.

La realeza de Jesús no es de este mundo, pero lo transforma por el amor de su entrega, en la Misericordia

El pueblo mira atónito la mofa que de Jesús hacen todos los que tienen cierto poder y mucho miedo.

La salvación viene del crucificado que no se impone, sino que da la vida en obediencia fiel al Padre.

El Padre le pide fidelidad a un Amor que todo lo supera y llena de vida a todos los que en Él confían.

Dios reina y salva en la cruz con Cristo, su Hijo. El ladrón arrepentido entra con Cristo en su Reino.

¿Cuál es nuestra actitud –personal y comunitaria– ante la propuesta de salvación que nos ofrece Cristo?

Pidamos a María vivir en Cristo para servir, ahora en la Iglesia, y gozar de su Reino y para siempre.

P. José Mª Domènech SDB



abril 25, 2015

«Yo soy el buen pastor»

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 26 de abril:

«Yo soy el buen pastor.» Jesús es claro. Lo que es, lo es para nosotros. Lo puede ser por vivir dócil a la vida del Padre que está en el Hijo gracias a la fecunda Comunión del Espíritu en ellos.

No ha venido para sustituir nuestra responsabilidad, sino para ayudarnos a que la percibamos con claridad, pues el pecado, que nos tiene cegados, no nos permite ver profundidad de la realidad; solo vemos su apariencia superficial y todavía con la ‘enferma’ visión que cada uno tiene, por eso es tan difícil –si no imposible– que solos construyamos la Comunión entre nosotros –a pesar de desearla ardientemente– y menos la paz, que es el más preciado de sus frutos.

La riqueza de nuestra realidad interior es inmensa. San Juan nos dice que somos hijos de Dios y no se ha manifestado aún lo que seremos, hasta que veamos a Dios cara a cara, como Jesús.

Él nos da una libertad que debemos aprender a usar escuchando su voz y siguiéndole, para que su Vida nueva reconstruya la nuestra –personal y social–. También hoy Jesús nos llama por nuestro nombre, nos guía, da su vida por nosotros, nos renueva y nos pide aceptar la verdad de su Amor: solo Él es el Salvador, de Él recibimos una vida llamada a madurar hasta ser como Dios.

Unidos en oración con María, la Madre del único Salvador, el Buen Pastor:

P. José Mª Domènech SDB


«Yo soy el buen pastor»

Jesús está en el templo de Jerusalén, donde se celebraba la fiesta de la nueva dedicación del templo; pues éste había sido profanado, a consecuencia de la mala conducta de las autoridades religiosas de la época. Aquí hay que situar este discurso del Buen Pastor: Él no profanará la misión dada por su Padre.

La consagración del Nuevo Templo, no hecho por manos humanas, será permanente por el don voluntario de la vida del que es el perfecto Templo de Dios: Él lo ha enviado como nuestro Pastor –toda la humanidad: israelitas o no–: su rebaño es universal, de todo tiempo, raza, nivel, sexo y sociedad.

Es necesario, vital, que todos tengan la oportunidad de encontrarse con Jesús, pues somos –todo ser humano– hijos de Dios. Pero no basta serlo, es indispensable aceptarlo para vivirlo y permitir que el Señor, nuestro Buen Pastor, nos vaya transformando la vida gracias a nuestra escucha y seguimiento.

Pedro confiesa a las autoridades quién es Jesús, al que ellos rechazaron. Se lo muestra con hechos y palabras. La reacción no será en absoluto acogedora: les domina la cerrazón y la muerte que les habita.

San Juan nos hace notar cuál es nuestra identidad natural y nuestra vocación natural y sobrenatural, ya que la naturaleza humana, cada persona humana –esté en el estado en el que esté, exterior o interiormente– es hija de Dios, porque Él le creó con sumo y eterno Amor, pues así es el Amor de Dios.

Lo que seremos se verá en la medida que vivamos en Dios. Esto comienza a ser realidad ya aquí, en el misterio de la caridad, por la Fe en el Padre de nuestro Señor Jesucristo, pero a su plenitud se llega en la Vida eterna, en la que vivimos la feliz presencia del Padre por el Hijo en el Espíritu Santo.

Los cálculos de interés egoísta, mientras nuestros hermanos, hijos o personas a nuestro cargo se hunden o pierden en los engaños de la realidad, nos distancian de la actitud de dar la vida del Buen Pastor, al que los cristianos decimos seguir. Ante el lobo que ataca –y lo hace siempre– no se puede calcular así.

La verdad es una y siempre libera, sana y salva, en la medida que es aceptada personal y sinceramente.

La curación del inválido en la puerta del templo ha permitido a éste entrar en él por su propio pie.

Dios nos dio la libertad para que asumamos nuestras decisiones, con la responsabilidad que supone.

El pecado esclaviza; Jesús nos libera de él: ¡es el Salvador! Pedro lo afirma con libertad y claridad.

La realidad de lo que somos por Voluntad de Dios es maravillosa, pero necesitamos asumirla ya ahora.

Somos hijos de Dios, ya que Dios es Padre de todos –de cada ser humano– siempre y en todo lugar.

Lo que Juan dice va más allá: nuestro futuro será maravilloso, pues Dios nos pensó felices en su Casa.

Es necesario ver a Dios ‘cara a cara’ y somos santos si vamos aprendiendo a hacerlo desde ahora.

Sabiendo que no estamos solos, pues Cristo nos guía y acompaña, nuestra esperanza se fortalece.

Nuestra vida no está abandonada a su suerte: el Padre envía a su Hijo para que nos guíe hacia Él.

Jesús se nuestra como nuestro Buen Pastor. Bueno, pues siempre da su vida para defender la nuestra.

Él no hace cálculos en base a intereses egoístas: su absoluto interés es vivir la Voluntad de Padre.

La Voluntad del Padre es una: que sus hijos lleguen a su Casa sin perderse y siempre gocen como Él.

Como el Padre da vida, ésa es la forma de vivir de su hijo, y más la del Pastor, si quiere ser bueno.

Pidamos a María ser, para nuestros hermanos, pastores como Jesús, que damos la vida para su bien.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO PASCUAL – DOMINGO IV

El cristiano, hijo de Dios como toda persona humana, está llamado a ser buen pastor de quien le rodea iluminando su vida con la vida y Luz de Cristo

Hch. 48-12:
Pedro inspirado por el Espíritu Santo, dijo: «Jefes del pueblo y ancianos, ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y cómo fue sanado, sepan Uds. y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de Uds. por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, el que Uds. crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos... Porque en ningún otro existe la salvación, ni hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el cual podamos salvarnos.»

Salmo 1171.8-9.21-23.26.28-29: Den gracias al Señor, porque es eterno su Amor.

1Jn. 31-2:
Miren cómo nos amó el Padre: quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y lo somos realmente. Si el mundo no nos conoce es, porque no lo ha reconocido a Él. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es.

Jn. 1011-18: Jesús dijo: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, que no es el pastor, y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo, las arrebata y las dispersa... Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a Mí –como el Padre me conoce a Mí y Yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo rebaño y un solo pastor. El Padre me ama porque doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre.»




abril 05, 2015

PASCUA 2015

Feliz y Santa Pascua de resurrección! Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz!


Cantemos al Señor con la bella composición de Marcello Giombini:



Gloria, gloria a Dio nell'alto dei cieli gloria.
E pace, e pace in terra agli uomini
di buona volontà.
Noi ti lodiamo, ti benediciamo,
ti adoriamo, ti glorifichiamo,
ti rendiamo grazie per la tua gloria immensa.

Signore, figlio unigenito,
Gesù Cristo, Signore Dio,
Agnello di Dio, figlio del Padre,
tu che togli i peccati, i peccati del mondo
abbi pietà di noi, abbi pietà di noi.
Tu che togli i peccati, i peccati del mondo,
accogli, accogli la nostra supplica.

Tu che siedi alla destra, alla destra del Padre,
abbi pietà di noi, abbi pietà di noi.

Perché tu solo il santo. Tu solo il Signore,
tu solo l'Altissimo, Gesù Cristo.
Con lo Spirito Santo nella gloria di Dio Padre. Amen.



Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este Domingo de Pascua, 5 de abril:


PASCUA


Con este domingo se cierra el Triduo Pascual. Celebramos la Pascua del Señor. Solemnidad de solemnidades, ninguna fiesta cristiana está a su nivel. Ella es la que da razón de ser todas las demás.

¡El Señor ha resucitado, como anunciaron las Escrituras! Es día grande para todos: ¡Estamos salvados! Siempre en la conciencia cristiana tenemos esta pregunta clave: ¿Aceptamos este gran don?

No nacimos para la esclavitud, ninguna esclavitud, pues cualquiera de ellas no queda solo en la persona siempre tiene repercusiones en quienes la rodean, llega a marcar su ambiente social.

La peor de las esclavitudes es la del pecado, pues, aunque alguien encuentre auto-complacencia en alguno de ellos, siempre sea auto-degrada. Cuando la persona lo percibe, ve su propio proceso de descomposición moral, y –como no nacimos para esto– se siente mal y busca una real salida. Cuanto más tarde en encontrarla y asumirla, más se angustiará, se enfermará y se perjudicará hasta morir y matar.

El pecado es fruto de la acción del maligno que desea destruir la obra de Comunión Creadora-Salvadora-Santificadora de Dios. Él, para ayudarnos, nos enriquece con la cercanía de su Gracia.

Dejarse atrapar por el pecado es darle poder destructivo en nosotros y en nuestro mundo. Ésa es la naturaleza del mal, éste vive de la importancia, atención y capacidad de dominio que le damos.

Aceptar la Salvación de Dios significa vivir en Cristo Jesús y en su Comunidad: dando vida, construyendo unidad con cada actitud de la vida y, ante el error –cosa normal– convirtiéndonos sin cesar.

Quien busque aprender a obedecer al Señor de la vida, tendrá, en Él, su seguro y feliz futuro.

Estamos llamados a vivir como resucitados en Cristo sólo así el mundo podrá creer en el Señor.

Dios, al enviar a su Hijo como testigo y comunicador de su Amor, pensó siempre y solo en nosotros

Pasó por el mundo haciendo el bien y sanando a los que estaban oprimidos por el mal.

Descripción perfecta del apóstol Pedro al referirse a Jesús.

La vida del Maestro fue estar atento a la Voluntad del Padre para llenar de vida y alegría a los que se acercaban confiándole su necesidad de liberación del mal, físico, psíquico, moral o religioso.

Dios es suprema Comunión Trinitaria de Amor y Vida, por eso el pecado no tiene el poder definitivo

Dios nos libera pidiéndonos que nos fijemos solo en Él, pues somos sus hijos amados y Él es nuestro Padre, Maestro y Horizonte de grandeza y desarrollo infinito. Él es quien resucitó a su Hijo de entre los muertos para que su Vida fluyera a nosotros y nos llenara.

Él nos da su Espíritu, invitándonos –con constancia renovada– a vivir aceptándolo como Padre, como lo vivió Jesús, hombre cabal y perfecto, en quien se cumple el único y eterno Plan del Padre.

Jesús nos llama a vivir como resucitados y así invitar, y enseñar, a nuestros hermanos a creer

Vivir como resucitados es vivir en la sencillez de mirar siempre al Señor para seguirle. Estar atentos a lo que nos va indicando y saber descubrir su presencia y Amor en los signos que nos ofrece.

Este estilo de vida es capaz de renovar el mundo sin hacer ruido, pero con suma eficiencia, como levadura, nos da la capacidad de superar todo límite y esclavitud, sobre todo el pecado.

Toda persona y toda generación hace su propio camino. En ello vemos el maravilloso éxito de Dios –Padre Providente, Hijo Fiel y Espíritu Renovador– que lleva a todos y a cada uno a la Santidad.

Pedimos a María nos enseñe a vivir todos los días como resucitados, dando Vida, Perdón y Paz.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO PASCUAL – DOMINGO I

Ser cristiano es ser de Cristo en su Comunidad y alimentarnos de Él. Somos responsables de dar al mundo, hoy, la Salvación del Señor resucitado.

Hch. 10, 34a.37-43:
...«Ya saben lo que ha pasado últimamente en todo el país de los judíos, comenzando por Galilea... Me refiero a Jesús de Nazaret... pasó por todas partes haciendo el bien y dando la salud a todos los que estaban bajo el dominio del demonio porque Dios estaba con Él... lo mataron colgándolo de una cruz... Dios lo resucitó al tercer día... Él nos ordenó que predicáramos al pueblo... Todos los profetas dan testimonio a su favor... quien cree en Él recibe el perdón de sus pecados en su nombre».

Salmo 1171-2.16ab-17.22-23: Este es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en Él.

Col. 3, 1-4:
Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha del Padre, ...no las de la tierra... su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es la vida de Uds., también Uds. se manifestarán con Él, llenos de gloria.

Jn. 20, 1-9: El primer día de la semana muy de mañana... María Magdalena se fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo... y les dijo: «Se han llevado... al Señor...» ...salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos... llegó Simón Pedro..., entró en el sepulcro y vio las vendas en el suelo y también el sudario... enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo...: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según las Escrituras, Él debía resucitar de entre los muertos.




abril 04, 2015

Sábado Santo 2015

Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este Sábado Santo, 4 de abril:


SEMANA SANTA - SÁBADO SANTO
Hoy es el día de la inquebrantable fidelidad de Dios, nuestro Padre, que mantuvo su silencio durante el dolor de la pasión. Es día de alegría, confianza, optimismo y compromiso: ¡El Padre ha resucitado a su Hijo encarnado por su dócil fidelidad al Espíritu que guió siempre toda su vida!

La creación fue hecha para gozar de la gloria de Dios, quien mostró una renovada fidelidad al hombre pobre, débil y frágil, y le guió, con Misericordia educativa, hacia una creciente madurez.

El mensaje que se encomendó a las mujeres dar a los discípulos es el que nosotros, con el Espíritu nuevo prometido en Ezequiel, debemos dar a las nuevas generaciones en ésta nuestra cultura. No temamos las múltiples discriminaciones y persecuciones imperantes: ¡anunciemos la Vida nueva!

Con la Resurrección del Señor Jesús, la creación ha recuperado su sentido primigenio.

Los hombres, todos, somos invitados, como Abraham, a confiar en la Providencia divina y a dejarnos guiar por el Señor de la Vida, quien, para defender nuestros mejores intereses, pide a su Hijo que testimonie su Amor Fiel, Misericordioso con el don de su Vida en obediencia que se sacrifica purificándonos con el agua y el fuego del Espíritu y nos invita a vivir en la Justicia de su Amor.

La entrega de Amor de su Hijo nos libera de la esclavitud del pecado, la peor de todas. Nos restaura en su Amor primero; nos ofrece integrarnos en su Comunidad de discípulos y, en ella, nos regala su Palabra, que por sí misma es fecunda; nos pide a serle fieles para poder ser realmente felices y vivir llenos paz interior y, desde ahí, ser constructores de paz en la familia y en la sociedad.

Los dones de Dios son fecundos. Si somos dóciles, recibiremos el gozo de la Salvación y, viviéndola en creciente esfuerzo de fidelidad, la compartiremos. Es lo que nos pide el Señor. ¡No temamos!

“Vuelvan a Galilea”, pide a los discípulos; vuelvan a su trabajo diario, nos dice a nosotros, allí me verán, allí es donde deben anunciarme, con los hechos del deber cotidiano, como el Salvador.

Pidamos a María vivir nuestro bautismo de verdad, es decir, como salvados, resucitados en Cristo.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

SEMANA SANTA - SÁBADO SANTO

Dios nos ha creado para la vida plena y feliz, es decir, para dar vida; por eso nos da el Espíritu del Resucitado: Don de Vida nueva para todos

Gn.1,1-2,2:
...el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas... y vio Dios que era bueno... Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... y vio Dios que todo lo que había hecho era verdaderamente muy bueno...

Salmo 1031-2a.5-6.10.12-14.24.35c: Envía tu Espíritu, Señor que renueve la faz de la tierra.

Gn. 22, 1-13.15-18:
...Abraham, Abraham... Aquí me tienes, Señor... ...toma a tu hijo, a tu hijo único... y sacrifícamelo... No hagas daño al niño... Por no haberte resistido... juro por mí mismo que te llenaré de bendiciones... porque has obedecido lo que te pedí.

Salmo 155.8-10.11: Protégeme, Señor, en ti encuentro mi refugio.

Ex. 14, 15-15,1a:
¿Por qué estos gritos de auxilio? Ordena a los israelitas que se pongan en marcha... El ángel del Señor caminaba delante... Las aguas se partieron y los israelitas caminaron por tierra seca en medio del mar... Aquel día el Señor salvó a Israel de la mano de los egipcios...

Salmo Ex. 151-6.17-18: Canten al Señor, sublime es su victoria.

Is. 54, 5-14:
Tu creador se ha hecho tu esposo... Quedarás sólidamente restaurada, rodeada de afecto...

Salmo 292.4-6.11-12a.13b: ¡Con qué alegría te ensalzo, Señor.

Is. 55, 1-11:
...los sedientos, vengan por agua... busquen al Señor ahora que se deja encontrar... Así como la lluvia y la nieve caen del cielo y no vuelven sin dar fruto... así es mi palabra... no volverá a mí sin haber... cumplido la misión confiada.

Salmo: Is.122-4bcd.5-6: Con alegría irán a buscar agua de las fuentes de la salvación.

Ba. 3, 9-15.32.4,4:
Escucha Israel, los preceptos de vida... Él es nuestro Dios nadie se le puede
comparar... No des a otro tu gloria... Nosotros conocemos cómo debemos agradar al Señor.

Salmo 188.9.10.11: Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna

Ez. 36, 16-17a.18-21:
...obraré... en consideración a mi santo Nombre, que Uds. han profanado entre los gentiles... les reuniré de todos los países y les haré regresar a su tierra... derramaré sobre Uds. agua pura para purificarles... Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo en su interior... mi espíritu... Uds. habitarán en la tierra que di a sus padres. Uds. serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Salmo 413.5bcd; 423.4: Como la cierva busca corrientes de agua viva, así te busco a Ti, Dios mío.

Rm. 6, 3-11:
Todos los que hemos sido bautizados en Cristo, nos hemos sumergido en su muerte... Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos en Él... Uds. están muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

Salmo 1171-2.16ab-17.22-13: Aleluya, aleluya, aleluya.

Mc. 16, 1-8:
...«¿Quién nos moverá la piedra...?» ...la piedra ya estaba apartada. «No tengan miedo. Buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado. ¡Ha resucitado!, no está aquí. Digan... a Pedro que irá delante de Uds. a Galilea; allí le verán...»




abril 03, 2015

Viernes Santo 2015

Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este Viernes Santo, 3 de abril:

SEMANA SANTA - VIERNES SANTO
El viernes santo es el día del amor hasta el extremo: dar la propia vida en sacrificio expiatorio por nuestra salvación y esto hasta el punto de no quedarle nada... Judas le entrega, Pedro le niega, los otros escapan... solo una mujeres le siguen... Queda solo y lo siente profundamente en el alma.

La horrible experiencia de Jesús debe ser mirada desde la fidelísima obediencia de Jesús a la Voluntad salvífica de su Padre; solo esta mirada nos da la perspectiva adecuada.

O lo miramos todo desde arriba o nos perdemos en la maraña complicadísima de la historia, que, por eso, muchas veces nos resulta incomprensible.

Existió tan solo para orientar, socorrer y salvar a los débiles, pecadores, enfermos; a los que mal-viven según sus limitadísimas posibilidades y no logran comprender sus reales necesidades para cumplir el fin profundo y más real de su vida, que les tiene existencial y sistemáticamente inquietos.

El éxito humano, y sobre todo del creyente, en maduración continua, está en desarrollar la vida dándola, sin buscarse a sí mismo ni esperar el efímero –y muchas veces falso– aplauso de los otros.

La entrega redentora del Señor en sacrifico de amor para la Vida nueva de todos, tiene sólo una motivación: comunicarnos y compartir con quienes lo acepten, el Amor libérrimo de la Comunión Trinitaria, entregado a nosotros, libre de toda atadura, por el Hijo obediente al Padre, pues vive con la fuerza transformadora del Espíritu, de quien se ha dejado siempre conducir.

Las visiones de la realidad son miles: ¡y muchas, seguras de tener razón! Pueden cuestionar a los demás, pues están convencidas de que saben, conocen, tienen la verdadera perspectiva. ‘¿Quién, que sea inteligente, podrá dudarlo?’, dicen. Esto hace más difícil y dura la convivencia. ¡Cuántas guerras –pequeñas y grandes– sociales, familiares, ideológicas y hasta de apariencia religiosa! Quien las arma no se cree necio, está convencido de tener razones ‘válidas’, pero con perspectiva inadecuada.

El pueblo de Dios ora al Padre –como Jesús en la cruz– por todos los hombres, de cualquier cultura, sexo y condición social o religiosa, porque Cristo se dio por todos, sin excepción alguna.

Nacimos para algo más que para pasarla bien o para vendernos a los aplausos efímeros de otros

Fue masacrado por nuestras rebeliones, dice el profeta, y lo creímos condenado. Su salvación fue la íntima, constante e incondicional fidelidad al Amor de su Padre, que lo había enviado.

Es evidente que esto cuesta y duele. Todo lo valioso se consigue con disciplina y sacrificio.

El Señor da la Vida, porque la tiene plena en sí, para que seamos felices desde lo más profundo.

Todo Dios se nos entrega en amor para la Vida de todos sin distinción: Él nos busca a todos

El autor de la carta a los hebreos lo dice con claridad: sufriendo aprendió a obedecer... y la obediencia le enseñó el camino de la libertad que da fuerza liberadora a la propia vida: asumir el dolor que trae consigo el dar vida a otros y la disciplina de buscar la verdad para el bien a fin de no quedar atados a las apariencias del brillo de lo pasajero, que mañana ya no es considerado valioso.

Necesitamos vivir en el Amor del Señor hasta el final para poder hacer nuestra la Vida nueva que Él nos ofrece en cada celebración litúrgica. Así seremos como Cristo en medio del mundo.

No es el sacrificio en sí ni sus razones lo que salva, sino el Amor del Dios que da su vida por amor

Las tres personas de Dios, Comunión trinitaria, estuvieron, y siguen estando presentes, en el sacrificio del Calvario, tanto el cruento de hace más de 20 siglos, como el incruento que celebramos en cada una de las Misas a lo largo y ancho del mundo, vividas a cada momento de nuestro día.

Jesús vivía en el real Amor de Dios, por eso no hizo guerra: dio, y da, la su Vida por nosotros.

Si vivimos así, dando vida siempre, aunque tengamos que trabajar duro y sufrir, su Salvación será nuestra y la podremos compartir con todos. El Padre confía en nosotros y eso es lo que espera.

Pidamos a María nos enseñe, y ayude a cada familia cristiana, a vivir dando la propia vida.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

SEMANA SANTA - VIERNES SANTO

Para el desarrollo integral de la vida humana es básica la actitud de solidaridad honesta –al estilo de Dios– que busca el bien real de la persona

Is. 52, 13-53, 12:
Sí, mi servidor triunfará... ...despreciado por los hombres, abrumado de dolores... traspasado por nuestras rebeldías... se humillaba... llevaba el pecado de muchos e intercedía...

Salmo 302.6.12-13.15-17.25: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Hb. 4, 14-16; 5, 7-9:
...sometido a las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado... sufriendo aprendió a obedecer. Así llegó a ser, para los que le obedecen, causa de salvación.

Jn. 18, 1-19, 42: Prendieron a Jesús y lo ataron como a un malhechor... «¿No eres tú también de sus discípulos?» «¡No lo soy!» «Mi Reino no es de este mundo... He venido para dar testimonio de la Verdad...» Lo crucificaron y con él a otros dos malhechores... «Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre...» «Tengo sed»... «Todo está cumplido»... y expiró.




abril 02, 2015

Jueves Santo 2015

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este Jueves Santo, 2 de abril:

«¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!» ¿Puede haber una decisión más sabia y atinada que ésta? El jueves Jesús adelanta el don de su vida; lo confía a la Iglesia y nos enseña qué es amar en concreto a los hermanos para construir realmente comunidad, como Dios es Comunión.

El viernes se entrega al poder de las tinieblas para destruir, desde su propio interior, el poder que éste tiene en nuestra sociedad y cultura, que, lejos de Cristo, en sus bases, poco ha cambiado.

El sábado se dedica a construir su Comunidad entre los que se nos habían adelantado; y destruye el poder de la muerte en la madrugada del domingo: el primer día de la nueva creación.

Su Comunidad vivirá siempre en la presencia y horizonte del Amor de Dios abierto a todos.

Jesús nos anima a fiarnos de Él, de su Palabra y Comunidad y a enriquecernos con sus sacramentos para vivir en el constante dar la vida como Él, para que los hermanos le puedan aceptar.

Unidos en oración con María, Madre del Salvador, que jamás nos abandona:

P. José Mª Domènech SDB

SEMANA SANTA - JUEVES SANTO

El jueves santo celebramos el Amor, cuya fuente es el mismo Dios, que vive hasta el extremo su compromiso de Vida con nuestra vida, tan venida a menos: da la propia vida para servir desinteresadamente a los que le necesitan para su bien y hasta el punto de hacerse oblación y alimento...

¡El cristiano vive en Cristo para ‘ser comido y asimilado’, según las posibilidades y necesidades del que nos necesita; para que el otro pueda madurar en la vida que Dios mismo le ha confiado para todos!

El evangelio de san Juan marca el sentido interior de la Eucaristía: servir a todos, sobre todo a los pecadores, para abrirlos a la Vida nueva del Señor, pues a todos debe extenderse el beneficio del gesto de libertad suprema del Maestro, sin otra finalidad escondida, por noble que sea.

Sólo le agradecemos a Dios la Vida y Salvación recibida, cuando vivimos ofreciendo a todos obras de vida y salvación. Eso nos dice el salmo 115, que el Señor pone hoy en nuestros labios.

El Señor entrega su vida en sacrifico de amor para la Vida nueva de todos, la razón de esta entrega es comunicar y compartir el Amor eterno y libérrimo de Dios, Padre-Hijo-Espíritu.

Los ministros ordenados deben aprender de su Maestro a vivir así: ése es su único éxito.

Éste es el éxito personal del cristiano, por eso necesita aprender –de Cristo– a ser servidor maduro.

Esto no se busca ni se exige: es resultado del don de la propia vida buscando que el otro tenga vida y en abundancia; así nuestra alegría llegará a ser plena, como Jesús dice durante la última cena.

Ser cristiano es servir a la vida plena y liberación de toda esclavitud del hermano, como Jesús

El pueblo de Israel se ciñó a las indicaciones de la celebración pascual para que el Señor no les dejara en la muerte de Egipto. El pueblo cristiano debe valorar la celebración eucarística como algo vital, pues eso es: paso del Señor-Salvador por nuestra vida para llenarla de su Amor.

Sólo ese Amor vivo en nosotros nos permite poderlo llevar vital y efectivo a nuestros hermanos.

Necesitamos vivir este Amor del Señor para asimilar la Vida Plena que Él nos ofrece en cada Eucaristía. Debemos hacerlo nuestro y servir como Él, en oblación para bien de todos.

Vivimos la Eucaristía al hacernos Eucaristía dando al mundo la Salvación del Dios de la Vida

La entrega sacramental del Señor nos interpela, aclara Pablo en su primera carta a los corintios.

Debemos celebrar el don de la vida del Señor con intención y voluntad explícita de vivir en el Señor los criterios de vida que Él nos ha confiado a beneficio de la entera humanidad.

No hacerlo así es hacerse reo de la Salvación y Vida nueva que Él nos confía en cada Eucaristía.

Agradecer a Dios pide entregar, como Él, la vida que se nos ha confiado para el bien de los demás

Podemos ‘rebelarnos’ al modo de Pedro y de tantos otros, por una falsa humildad o respeto al Señor. Eso nos ‘mundaniza’, según expresión del Papa Francisco, y nos deja en la pobreza y limitación de criterios del mundo, con su el individualismo, y su carga de disociación familiar y social; con su pensamiento débil y caduco en todo tipo de ideologías, que nuestro mundo desea imponernos. Esto no enriquece ni a la persona ni a la sociedad sino que perturba todas las relaciones humanas; con el culto a la apariencia, al prestigio, al poder y la manipulación de la conciencia y perversión de los valores.

El Señor pide a los apóstoles que repitan, como memorial, su gesto de servicio: que sean instrumento de vida y de renovación interior, que reciban a todos, que sirvan como Él, sin juzgar ni condenar, que construyan Comunión al estilo de Dios: Comunión Trinitaria.

Para eso es necesario que todos –sacerdote y cristiano– se acerquen al Señor de la Vida y aprendan a vivir con sus criterios. Y eso sólo es posible escuchándole con humilde atención y esfuerzo.

Pidamos a María nos enseñe a vivir cada Eucaristía escuchando al Señor para ser y vivir como Él.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

SEMANA SANTA - JUEVES SANTO

Como Jesús, estamos invitados a ser servidores de vida para el bien y la vida plena de los hermanos. Para eso fuimos creados a imagen de Dios.

Ex.12, 1-8.11-14:
...Elijan un cordero... lo inmolarán...; con un poco de su sangre marcarán los postes y el dintel de la puerta de la casa... comerán la carne de prisa, con las sandalias puestas y el bastón en la mano, pues es el paso del Señor. ...la sangre será señal para indicar las casas donde Uds. están... y así Uds. se liberarán... Este día será Uds. un memorial... lo celebrarán por todas las generaciones...

Salmo 11512-13.15-16.17-18: ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

1Cor. 11, 23-26:
Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, viene el Señor... siempre que coman de este pan y beban de este cáliz proclaman la muerte del Señor hasta que vuelva.

Jn. 13, 1-15: ...sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre... les amó hasta el extremo... y empezó a lavarles los pies... ¿Entienden lo que he hecho?... Yo... el Maestro y el Señor... les he dado ejemplo para que Uds. hagan lo mismo que yo he hecho.





enero 05, 2015

"Vino a los suyos..."

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 4 de enero:

“Vino a los suyos...” ¿Nos creemos que somos del Señor? Si lo creemos, decidamos vivir abandonados a Él y con afán de escucharle y hacerle caso, pues Él vive totalmente centrado en nosotros. Él nos considera suyos: nos creó a su imagen y para gozar en su Vida de Felicidad, Alegría y Paz sin medida. No podemos ni imaginar lo que Dios nos tiene preparado.

Nada en Dios es respuesta a lo que hagamos. Todo está preparado para ayudarnos en lo que necesitemos; lo tiene todo previsto, pero no impone nada, absolutamente nada, en ningún momento. Su respeto es total y su atención, constante: nos conoce y de Él lo recibimos todo para una vida cada día más profunda y plena. Nadie tiene más interés en nosotros que Él, que nos creó con eterno Amor personal para que compartamos su Vida eternamente feliz. ¡No nos esclavicemos a nada!

Vivamos cada día más libres para Dios, como María, como José, como Jesús, como todos los santos y, en especial, como Don Bosco.

Cristo, el hijo de María y José, nos ayude a vivir más abiertos a Dios, su Padre y Padre nuestro.

Unidos en oración con María, nuestra Madre y Auxiliadora:

P. José Mª Domènech SDB


"Vino a los suyos..."

Fuimos creados para la grandeza y felicidad del mismo Dios. Por eso deseamos lograr un modo de vida y relaciones, es decir, una cultura, que nos forme para ser personas que sepan conocer, respetar, cuidar y dominar nuestro mundo –interno y externo– con verdadero señorío, de modo que, sin perjuicios, llevemos cada realidad, sobre todo la personal, a la maduración de su ser y de su obrar, es decir, a ser feliz –ya aquí y con todos– y para siempre.

Los planes de Dios son maravillosos. ¡Pensados solo a nuestro favor y beneficio! Pero ¿estamos atentos y dispuestos a secundarlos? o ¿nos interesa más lo que nos complace; lo que coincide con nuestros planes; lo que podemos asumir sin mucho costo; lo que nos trae algún beneficio controlable por nosotros, sin mirar consecuencias?

Eso le sucede a veces a personas con buenas habilidades y cierto poder gracias al dominio que tienen del conocimiento, de la política, de los negocios, de las relaciones sociales, o, desgraciadamente, por su habilidad de manipular.

Si sabemos escuchar y vivir en el Señor aprendemos a bendecir, alabar, dar gracias y a construir vida y relaciones desde la grandeza que Dios ha puesto en nuestro corazón para compartirla, como Él comparte toda su Vida con nosotros: de Él lo hemos recibido todo y en Él encontramos nuestra grandeza futura, que es segura, si le aceptamos.

La Sabiduría de Dios no tiene nada que ver con ningún afán de dominio, sino con el Amor en la Verdad para la Vida, siempre renovada por Él mismo y, por eso, en constante plenitud. La Sabiduría de Dios no la dan los conocimientos ni, mucho menos, los títulos, los cargos o responsabilidades recibidas. La Sabiduría es un don de Dios que Él concede a todo el que se la pida de verdad y la sepa recibir con sencillez y humildad para servir al Bien Común y defensa y desarrollo de la vida, sobre todo de los últimos, marginados o esclavizados, de cualquier tipo o cultura.

Éste fue el modo de vida de Jesús y se nos pide que nosotros, sus discípulos –y por eso, sus testigos-misioneros–, lo asumamos como propio, aunque empleemos toda la vida para aprender a vivirlo como Cristo, Sabiduría encarnada.

Dios es Sabiduría, propia del Amor que vive en su Comunión trinitaria y que comparte con toda la realidad creada

Dios comparte sus dones –y todos son eternos– para el bien de todo ser, en su realidad propia, nadie está excluido: a cada uno le da lo que necesita para cumplir el fin que le corresponde. Él no solo es sabio, ¡es la Sabiduría!

Su Sabiduría –eterna como Él mismo– tiene un fin primero: el bien de la persona: para que conozca a su Creador, se conozca bien a sí misma en Él, respete la realidad en la que se encuentra y sepa moverse en ella, sobre todo en los momentos difíciles. Así, madurando cada día en la escucha de la Palabra de Dios, gozará los bienes a ella confiados.

En Cristo, Sabiduría encarnada, lo recibimos todo; por Él y en Él somos bendecidos para compartir sus dones.

Todo nos llega por Cristo, Él es nuestra bendición, consuelo y salvación. En Él aprendemos a vivir y movernos en este mundo como lo que somos en realidad: hijos adoptivos de Dios. Él es Maestro de Vida y Gozo para todos.

En Él somos la Comunidad que –fundada por Él, alimentada en Él y siempre apoyada en su Espíritu– glorifica al Padre y anuncia a todos, con su vida, oración y obras, la Salvación, que es para todos, por la obediencia a Él.

Jesucristo, el Salvador, es una persona concreta: el mismo Hijo eterno de Dios, quien nos lleva conocer al Padre.

¡Dios es nuestro Padre! ¡Cuánto nos cuesta vivir su inmenso Amor –eterno y personal–! Nadie podía pensar mayor cercanía de Dios: vino, no para visitarnos como un amigo, sino para ser uno de nosotros, asumiendo nuestro ser.

Actuó así, haciéndose uno de nosotros, para ayudarnos a aprender a ser como Él: imágenes suyas, sus hijos.

Jesús es nuestro Salvador: testigo fiel, perfecto y explícito, del Amor de Dios: su Hijo amado y hermano nuestro.

Pidamos a María ser honestos creyentes y generosos testigos de Jesús-Salvador, siempre atentos y obedientes.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO DE NAVIDAD – DOMINGO II

Dios envió a Hijo único para enseñarnos a ser hijos de su Padre, es decir, vivir la vocación para la que se nos creó. Solo el Padre podía pensar en tal plan.

Sb. 241-2.8-12:
El Creador de todas las cosas me dio una orden... Él me dijo: «Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel.» Él me creó antes de los siglos... y por todos los siglos no dejaré de existir. Ante Él ejercí el Ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión... y en Jerusalén se ejerce mi autoridad. Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia.

Sal. 14712-15.19-20: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

Ef. 13-6.15-18:
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo... y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el Amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo... Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría... que les permita conocerlo verdaderamente. Que Él ilumine sus corazones para que... puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos.

Jn. 11-18: Al principio existía quien es la Palabra... La Palabra era Dios... era la Luz verdadera... Ella estaba en el mundo... pero el mundo no la conoció... Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron... La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre, como Hijo único, lleno de gracia y de verdad... De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia... Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.












diciembre 06, 2014

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este lunes 8 de diciembre, fiesta de María Inmaculada:

Fiesta de la Inmaculada Concepción de María


Padres y educadores saben que sus hijos y educandos tienen predisposiciones para un modo de vida y para determinada actividad o profesión. Deberán descubrir y ayudar a madurar estas dotes naturales y tenerlas siempre en cuenta para que cada uno sea formado en la línea de su vocación.

Por su lado, el adolescente deberá aprender a vivir atento a lo que el Señor, a través de otras personas, le pide para su maduración; cada día ser más fiel a su vocación y dócil a lo que se le indica.

Todos estamos llamados a ser grandes; por eso Dios nos hizo libres. La decisión original de la humanidad fue no fiarse de Dios y la consecuencia, desde entonces, es la guerra interior, la insolidaridad y la cobardía, constantemente reflejadas en las relaciones que se viven en la sociedad.

María tuvo su llamada de Dios –vocación–, como la tenemos todos. Ésta se dio en lo más profundo de su ser pidiendo una responsable y diaria respuesta personal.

La vocación es un continuo diálogo con Dios y en él no hay substitutos, Dios llama y nosotros, con nuestras actitudes, respondemos. Este diálogo vocacional, nos dice Pablo, nos lleva a ser hijos irreprensibles en Cristo, aunque no nos libra de límites y errores. Dios nos conoce y nos sabe frágiles. Tendremos éxito, si, humildemente, reconocemos nuestros límites y nos convertirnos cada día.

Dios, si se lo aceptan, hace su Voluntad y todo está destinado al mayor bien de cada persona en su realidad concreta: pobre y frágil, pero siempre amada y renovada en Cristo Jesús.

La vocación humana depende de nuestra respuesta a lo que Dios nos ofrece, su Vida es única.

El tercer capítulo del Génesis describe el problema de siempre: no reconocer la propia responsabilidad y culpar a otros. Es decir, guerra y mentira y, con ello, incapacidad de superar del pecado. Ésta es la enorme tara que nos carcome, mostrando lo destructivo que el pecado resulta ser siempre.

María, la pura, es nuestro modelo: siempre atenta y libre, ¡lista para aprender, dar y servir!
En ella lo más importante y rico fue su vida y actitud interior: su serena y dócil apertura a Dios

Dios nos pensó, desde antes de la creación del mundo, para ser como Él en su Hijo Jesucristo

Debemos buscar que Dios vuelva a ser el centro único de nuestra vida, así, ésta se convierte en un nuevo canto de alabanza por las maravillas de la misericordia redentora de Dios en todos.

Sólo si vivimos en la sencilla libertad de María, será posible vivir esta experiencia de redención continua y glorificar el nombre de Dios. María, la Inmaculada, desde el inicio de su existencia, se centró en Dios, siempre humildemente disponible a lo que el Señor de la Vida le pedía.

Dios, buscando la grandeza humana, dialoga con cada persona para que sea ella quien le acepte

María se sabe limitada, indigna de las maravillas de Dios, pero acepta que el Señor tenga todos los derechos de libre disposición sobre ella: se pone en sus manos. Lo conoce bien y tiene experiencia de su respeto por todos; sabe bien que Dios potencia al infinito todo lo bueno, aún limitado.

María jamás tuvo en su vida otro centro que no fuera Dios; no tuvo otro criterio fuera de la gloria de Dios y del bien de los que vivían a su lado, como Dios se lo enseñaba cada día en su Palabra. Vivía la pureza del amor de Dios y respetaba, desarrollándolos, los bienes que de Él se derivan.

María es la Inmaculada por la aceptación plena de la Voluntad de Dios de ella. Dios la preparó para sí y encontró en ella la perfecta respuesta de fidelidad, disponibilidad y entrega total.

Pidámosle nos enseñe y ayude a vivir en conversión continua para ser fieles a nuestra vocación.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

María, la virgen servidora, al aceptar y vivir la propuesta de Dios, vence el poder del pecado y nos abre a toda bendición y Vida nueva de Dios

Gn. 39-15.20:
...Dios llamó al hombre...: «¿Dónde estás?...» «Oí tus pasos... y tuve miedo... porque estaba desnudo...» «¿Quién te dijo que estabas desnudo?... ¿Acaso has comido del árbol que te prohibí?»... «La mujer que pusiste a mi lado me dio del fruto y comí...» El Señor dijo a la mujer...: «¿Cómo hiciste tal cosa?»... «La serpiente me sedujo...» El Señor Dios dijo a la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer. Entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón»...

Sal. 971-4: Canten al Señor un canto nuevo, porque Él hizo maravillas.

Ef. 13-6.11-12:
Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en Cristo... y nos ha elegido..., antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprensibles en su presencia por el amor... nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo... constituidos herederos... para alabanza de su gloria.

Lc. 126-38: El ángel Gabriel fue enviado por Dios... a una virgen... y la saludó diciendo: «¡Alégrate, llena de gracia el Señor está contigo!... No temas, María,... Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús...» María dijo...: «¿Cómo puede... si yo no tengo relación con ningún hombre?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti... Por eso el niño será santo y será llamado Hijo de Dios...» María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra.»









diciembre 05, 2014

II Domingo de Adviento

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 7 de diciembre:

“Yo los bautizo con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo.” A Juan Bautista no le preocupa que su pueblo reciba el bautismo, sino que se abra al Señor que llega con el Espíritu. Entiende que si no le recibe bien dispuesto –en continua conversión al Amor de Dios– lo pierde todo. También nosotros, tengamos la religión que tengamos: nada puede salvarnos, solo el Señor.
El Señor llega para fecundar nuestra vida –y con ella nuestro mundo– con la Vida nueva de su Espíritu que nos ha llenado el día de nuestro Bautismo y de la Confirmación.

Es más que un hecho histórico, es el don del Amor de Dios, que se nos confía a los discípulos de Jesús para todos. Debemos ser, con nuestra vida, mensaje de consuelo, esperanza, fortaleza y perseverante renovación en medio de un mundo, que no comprende y hasta, en su desconcierto, nos ataca. Dios es Padre y no quiere que nadie se pierda: ¡ninguno, sea quien sea y esté como esté!
“Preparen el camino”, nos pide el Señor a través de los profetas: no desoigamos su voz, pues nos va la vida y la de muchos en nuestro mundo: ¡somos realmente responsables! ¡No nos durmamos!

Cristo es nuestra Salvación. Él nos invita, una y otra vez, a dejarnos transformar por su Espíritu. María, la Madre Inmaculada, nos lleva la delantera y nos enseña a caminar dóciles al Espíritu.

Unidos en oración con María, la Inmaculada-Auxiliadora, toda llena del Espíritu:

P. José Mª Domènech SDB


Tiempo de Adviento: Domingo II

Se nos ofrece una Buena Noticia que todo lo cambia; no es algo, pasado o futuro, sino alguien presente: Jesús. Pero para que cambiar algo, esta persona necesita ser recibida de verdad, no solo formalmente.

Recibir a Jesús significa aceptarle en nuestra vida, darle plena libertad y estando disponibles a Él.

Nuestro mundo nos ofrece su ‘felicidad’, y, para que le creamos, invierte mucho mostrándonos lo maravilloso de su oferta; claro que lo que no nos dice es que su ‘felicidad’ degrada, se esfuma y nos deja vacíos.

El profeta Isaías nos anima a retomar el ritmo de nuestra esperanza, a superar la experiencia de ser pecadores: nos asegura que el Señor viene a darnos lo mejor y más estable para nuestro bien y vida plena.

¡Cuánto desearíamos que la Salvación de Dios ya se vea plena y concreta en nuestra vida! ¿Quién no?

Ésta es nuestra tarea. La Salvación ahora siempre estará en formación: camino interior que debemos hacer con esfuerzo diario; quien lo hace se convierte en testigo y, por eso, profeta de salvación y vida nueva.

Juan Bautista es profeta y testigo de la Salvación que llega a todos y que él ya vive, aunque no la comprenda como lo hará, vivirá y presentará Jesús. Él es la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: su mentalidad está anclada en los profetas del Dios de Israel, pero anuncia el bautismo en el Espíritu Santo.

Dios jamás se cansa de acompañar y consolar a su pueblo, si se arrepiente, lo perdonará y lo renovará.

El pueblo es débil y con facilidad se aleja del Amor de Dios. Cree, pero él no es libre, su fe es superficial.

El Dios de Israel es Dios de la vida, por eso busca elevar a su pueblo, lo consuela para que no se deprima.

Jamás la lucha por la fidelidad será fácil, pero, si el pueblo se abre, su Dios llega con todos sus bienes.

La promesa de la cercanía y regreso de Jesús no tarda, sino que espera con paciencia nuestra conversión

Superar de una vez problemas y luchas es normal, pero más bien de lo que se trata es de convertirnos.

Nadie como Dios desea vernos libres y llenos de Él, pero somos libres, y nosotros debemos aceptarlo.

Cristo dio su vida por nuestra liberación, pero la decisión está en nuestra mano: Él espera paciente.

La conversión da libertad a Dios y Él puede transformarnos en nueva creación para el bien de todos.

La predicación de Juan atraía por vivir lo que decía, con su forma de ser, y mostrar al esperado por todos

Para Juan el valor de su vida está en anunciar la Salvación, para recibirla bien es necesario convertirse.

La Salvación no es una teoría o una religión o un modo de vida, sino una persona concreta: Cristo.

Él es la Buena Noticia, el Mesías esperado, que nos ofrece la Misericordia de Dios: le allanamos la vida.

Recibirle significa hacer como Juan: acoger, vivir y proclamar en nuestra cultura la Salvación presente.

Pidamos a María abrirnos al Espíritu que Jesús nos ofrece y ser más dóciles a su Palabra y Vida nueva.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO II

La Paz y la Vida nueva de Dios se ofrece a todos los pueblos. Más, el deseo del Señor es que la gocen todos, pero es necesario preparar el camino al Señor.

Is. 401-5.9-11:
¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice tu Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle... que su culpa está pagada... Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor... nuestro Dios! ¡Que se rellenen los valles y se aplanen las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados en planicies! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntos, porque ha hablado la boca del Señor. Súbete a la montaña elevada, tú que traes la buena noticia... levanta... tu voz... sin temor, di a las ciudades de Judá: «¡Ahí está tu Dios!» Ya llega el Señor...: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, Él apacienta su rebaño, lo reúne..., lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

Sal. 849ab-14: Muéstranos, Señor, tu Misericordia.

2Pe. 38-14:
Delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con Uds., porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el día del Señor llegará como un ladrón, y ese día... todas las cosas se desintegrarán... ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de Uds. esperando y acelerando la venida del Señor!... nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.

Mc. 11-8: Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito...: «Mira, Yo envío a mi mensajero delante de Ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos’», así se presentó Juan, el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y... de Jerusalén acudía a él y se hacía bautizar... confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y predicaba diciendo: «Detrás de mí viene el que es más poderoso que yo, y yo ni siguiera soy digno de... desatar la correa de sus sandalias. Yo los bautizo a Uds. con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo.»








noviembre 28, 2014

I Domingo de Adviento

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 30 de noviembre, día en que entramos a un nuevo año litúrgico, y, como dice nuestro padrecito José María: "...comenzamos un nuevo año en el que el Señor nos guiará, con su Palabra de Amor y Vida nueva, hacia nuevos niveles de vida cristiana, si le somos dóciles. Como siempre, iniciamos este camino preparando la celebración de la llegada del Hijo de Dios en carne mortal, Jesús, el hijo de María, encomendado a la paternidad de José, el creyente esposo de María."
“¡Estén prevenidos!” Dios es claro. Jesús no dora la píldora a nadie; tampoco busca alarmar a ninguna persona, tal solo hacernos notar que la vida personal –y también la social– es seria y que todas las decisiones tienen sus consecuencias en la vida personal y en la social, en la temporal y la eterna. No debemos vivir engañados: quien asume sus responsabilidades madurará y ayudará a madurar su ambiente, quien no lo haga, no solo perjudicará a muchos, sino que se perjudicará a sí mismo. Dios nos ama con sinceridad y lo mostró dando su propia vida, pues Él desea que superemos todo lo que nos atrapa en nosotros mismos y nos aleja de los demás, alejándolos, de ordinario, del Señor de la Vida y de la Paz.

Todo pecado nos perjudica, por eso Dios, en Cristo, nos ha dado su Espíritu y, con Él, nos ha llenado de todos los dones necesarios para que seamos constructores de Vida nueva en Cristo y de concordia en nuestros ambientes, invitándonos y llevándonos a corregir todo lo que vaya en contra de esto. Dios es fiel. ¿Lo somos nosotros con Él? Él nos ha confiado tantas tareas maravillosas, ¿cómo aprendemos cada día a desarrollarlas para la gloria de Dios y el bien de los que nos rodean? Estemos atentos, pues todo lo que hagamos a los hermanos, se lo hacemos al Señor, que está en medio de nosotros en cada hermano, grande o pequeño.

Cristo es nuestra riqueza, su resurrección nos lleva por el camino de la conversión. Pidamos a María que nos enseñe la humildad de reconocer nuestros errores para convertirnos cada día.

Unidos en oración con María, al Madre bondadosa que nos anima a ser cada día mejores:

P. José Mª Domènech SDB

Tiempo de Adviento: Domingo I

El pecado, si está presente en la vida, nos hunde, pero la Misericordia de Dios es más grande y nos eleva. La consecuencia lógica, según la realista cordura de la humildad, es la confianza del que busca convertirse al Dios que ama sin condiciones y –por fidelidad a Él– persevera en su incesante esfuerzo de cambio.

La Fe en Cristo nos pone en un camino nuevo, pero es necesario recorrerlo. Las primeras comunidades lo comenzaron con todo entusiasmo esperando el pronto regreso del Señor: ¡debían estar preparados! Pero el tiempo pasaba y el Señor ‘no volvía’ y comenzó el ‘acomodarse’ al medio-ambiente y los problemas.

¿No pasa ahora algo similar? ¿Muchos no nos hemos adaptado a nuestras ‘costumbres modernas’?: ¡queremos ‘ser normales’! Pero ser cristiano, si lo tomamos en serio, nos hace un poco ‘raros’ en mentalidad, en el sentido moral, en las exigencias religiosas. ¿No nos pide nuestro mundo que nos acomodemos a él?

La vida de Fe, es decir, seguir al Señor de verdad tiene sus exigencias reales y concretas. ¿Quién es nuestro Salvador, Maestro, Guía y Señor? ¿A quién nos confiamos, escuchamos, agradecemos, nos debemos? Ninguna vida es juego, tampoco la del Señor y su entrega constante por nosotros. ¡Él nos es fiel!

La fidelidad del Señor nos llama a estar cada día más atentos a su constante y segura llegada a nuestra existencia: en cada hermano y en toda invitación a celebrar el don de su Vida para poder vivir como Él en medio de nuestro mundo incrédulo y resistente a toda Fe que le saque de sus cómodas ‘seguridades’.

La actitud de atención supone estar comprometidos sinceramente en lo que se nos confió por naturaleza, siendo personas cabales en nuestro medio; por redención, viviendo como testigos del Amor salvador de Dios, y por vocación personal, madurando todo lo recibido para ser servidores de toda persona siempre.

Dios siempre cumple lo que promete; al pedir que venga, profundizamos nuestro deseo y apertura a Él

El pueblo se ha olvidado de Dios; eso le ha traído los problemas y angustia propios del egoísmo agresivo.

Los fieles a Dios reconocen su pecado y le piden que venga a despertar sus conciencias y a salvarlos.

Tal vez nosotros necesitaríamos intimar más con Dios para darnos cuenta de nuestra necesidad de Él.

Jesús, el Cristo, es fiel, Él nos ha dado todo y nos fortalecerá para que nos mantengamos en su Voluntad

La fidelidad de Dios es incuestionable, lo muestra la historia, pero nuestra visión es pobre y egoísta.

Con el Bautismo recibimos el Espíritu Santo: nos toca vivir su gracia y su fidelidad sirviendo como Jesús.

Cristo nos redimió: debemos conocerle y vivir el don de su Vida en las exigencias de su resurrección.

Tenemos todo. Él nos apoya, pero no puede asumir nuestras responsabilidades personales y sociales.

La redención del mundo nos compromete en las tareas que Dios nos ha encomendado: Él está y volverá

El Señor, con su muerte y resurrección, nos ha liberado de las tinieblas y desconcierto de nuestro mundo.

La primera y básica tarea que nos ha dado es ser testigos hoy, con nuestra vida, de su Amor y Salvación.

No podemos distraernos, pues nuestro mundo es hábil para engañar y nos gana, pues somos débiles.

La Fe nos pide vivir en constante apertura a lo que Dios nos dice, nos pide y nos indica con su Espíritu.

Pidamos a María vivir en el esfuerzo atento de ser, como ella, cada día más dóciles al Dios que ya llega.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO I

Dios está comprometido con nuestra felicidad: dio su vida y renueva su don en cada Eucaristía; debemos mantenernos fieles a Él, que confía en nosotros

Is. 6316b-17.19b; 642b-7:
¡Tú, Señor, eres nuestro Padre; “Nuestro Redentor” es tu nombre desde siempre! ¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores...! ¡Si rasgaras el cielo y descendieras...! ...Tú vas al encuentro de los que practican la justica y se acuerdan de tus caminos... nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra Ti. ...toda nuestra injusticia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.

Sal. 792ac.3bc.15-16.18.19: Restáuranos, Señor del universo.

1Cor. 13-9:
Llegue a Uds. la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre... No dejo de dar gracias a Dios por Uds., por la gracia que Él les ha concedido en Cristo Jesús. ...Uds. han sido colmados... en la medida en que el testimonio de Cristo se arraigó en Uds. Por eso, mientras esperamos la revelación de Jesucristo... Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de [su] venida. Pues Dios es fiel, y Él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Mc. 13,33-37: Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos... No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a Uds. se lo digo a todos:¡Están prevenidos!»





noviembre 23, 2014

Cristo Rey del Universo

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 23 de noviembre, fiesta de Cristo Rey del Universo.


“Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo...” En Dios nada se improvisa: todo está pensado y preparado. Él es Providencia y su Amor no permite que nada nos perjudique, sino que nos beneficie, aunque no siempre sea según nuestros gustos, que están todavía muy atados a nuestro sentir físico y/o social. Él nos cuida para que no nos dejemos engañar ni desviar por los que se dejaron pervertir por diversas influencias que les fueron distanciando de Dios, al que no amaban con adecuada profundidad y con el que, por lógica consecuencia, no tenían intimidad vital. La presencia de Dios en nuestra vida, a través de la misma vida de Dios en Cristo Jesús, es garantía del éxito de nuestra existencia y del futuro feliz de nuestras relaciones: a mayor profundidad, más seguridad e infalible certeza vital, pues Dios no falla. Lo único que nos pide, a toda persona humana, es que seamos tal como fuimos creados: ¡como Dios!, dadora de vida, siempre y en toda circunstancia: ¡eso es lo que nos define!

Cristo nos enriquece con el don de su vida, y su resurrección nos asegura gozar la herencia que nos espera sin duda alguna. María nos muestra con su vida cuál es el camino de nuestro éxito.

Unidos en oración con María, al Madre auxiliadora y servicial en el Amor para la Vida plena:

P. José Mª Domènech SDB

Cristo Rey del Universo

Solo quien vive y es vencedor definitivo de la muerte puede ser garante de Vida: lo otro son palabras.

Cristo Jesús, el resucitado de entre los muertos, nos asegura que fiarse de Él supone aprender a vivir cada día como Él, sirviendo a los hermanos para que éstos vivan en dignidad creciente, y nos garantiza que gozaremos de los bienes eternos de su Resurrección y de su victoria definitiva contra todo mal.

Lo importante es ser buenos según el criterio de Dios, no portarnos bien según nuestra visión humana.

Lo definitivo del éxito de la vida lo marca el que seamos como Dios, pues a su imagen fuimos creados.

Dios no cede su grandeza a nadie, pues eso sería condenarnos a la barbarie del individualismo y anarquía.

Dios tienen una cercanía personal con su Pueblo: Él mismo se preocupa del bien de cada uno de sus hijos

Los gobernantes –‘pastores’– infieles a Dios, llevaban al pueblo a la desgracia. Dios defiende a los suyos.

Dios cuida y defiende a toda persona contra cualquier abuso, interno o externo, pues eso la degrada.

Eso siempre será así. Sólo quien vive en Dios con sincera e industriosa fidelidad despierta esperanza.

Cristo Jesús, primer resucitado de entre los muertos, es el vencedor de la muerte y del mal, que la genera

Nuestro Rey solo tiene corona de espinas, Él pelea nuestras batallas por la justicia, la verdad y la paz.

Cristo es el nuevo Adán por su fidelidad al Padre; Él nos señala el camino de la vida y la esperanza.

Para nosotros lo más importante y vital es volver a poner a Dios, nuestro Padre, en su lugar central.

Si Dios está en el centro, hasta la muerte será derrotada y todo mal perderá su fuerza y dominio en la vida.

La realeza de Dios se impone de por sí: llevar la realidad a lo que es en sí misma por el Amor que la creó

El cielo es la herencia pensada por Dios, desde la creación, para nosotros, sus hijos. No lo ‘ganamos’.

Dios no juzga arbitrariamente a cada persona, sino las propias decisiones ante los hermanos más débiles.

La vida de Dios es dar vida a todos, atendiendo a la indigencia de cada uno: nacimos para ser como Él.

El juicio lo hace la vida, no las normas y la vida es esencialmente Amor. Donde está éste, hay salvación.

Pidamos a María vivir en el Amor de Dios y generar siempre vida y esperanza en todo tiempo y lugar.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXIV
CRISTO REY DEL UNIVERSO

Dios solo piensa en nosotros, en cada uno y nos cuida personalmente para llevarnos a la más alta plenitud de vida: ser como Él, siempre dadores de vida.

Ez. 3411-12.15-17:
Así habla el Señor: «¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar a mi rebaño y me ocuparé de él... me ocuparé de mis ovejas y las liberaré de todos los lugares donde se habían dispersado en un día de nubes y tinieblas. Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las haré descansar... haré volver a la descarriada y sanaré a la enferma... Yo las apacentaré con justicia.» En cuanto a Uds., ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos.»

Sal. 221-2a.2b-3.5.6: El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.

1Cor. 1520-26.28:
Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. Así como todos mueren en Adán, así todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde, Cristo, el primero de todos, luego los que están unidos a Él... En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo principado, dominio y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte. Y cuando el Universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.

Mt. 2531-46: Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y Él separará a unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver.” Los justos responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento... sediento... forastero... desnudo... enfermo o preso... [y te socorrimos]?” Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.” Luego dirá a los de su izquierda: “Aléjense de Mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre... sed... era forastero... estaba desnudo... enfermo y preso [y no me ayudaron].” Éstos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso y no te socorrimos?” Y Él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.” Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»





noviembre 09, 2014

Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 9 de noviembre, fiesta de la Basílica de San Giovanni in Laterano.
“Destruyan este templo y en tres días volveré a levantarlo.” Jesús, aclara san Juan, se refería a su cuerpo, no el templo de piedra. Esto sería pretender un manejo mágico del poder de Dios. Dios no actúa así. Dios nos respeta, aunque nosotros no lo respetemos y hasta algunos se mofen burda y absurdamente de Él desde una supuesta ciencia o arte. Dios nos quiere grandes como Él, pero esto supone que le aceptemos como Padre y Maestro y eso, muchos que se creen liberados, no lo hacen.

San Pablo nos recuerda que nosotros, por ser cristianos, somos templo de Dios y terreno en el que Él trabaja para que produzca los mejores frutos, pero, como le sucede al campesino, no basta que él siembre y trabaje bien el terreno, es indispensable que éste esté preparado para la semilla y responda a lo que el campesino experto hace en él. Si no es así, deberá dejarlo como negativo. Dios nunca hace eso con nosotros hasta que no hayamos dicho la última palabra.
La obra de Dios en su templo siempre está llena de vida fecunda que todo lo sana. ¡Abrámonos!
Cristo Jesús nos ayude a abrirnos a los dones de Dios y nos haga dóciles a las maravillas que Él desea hacer surgir en nuestra vida para fecundarla. María, sin descanso, nos anima a ello.

Unidos en oración con María, el templo más perfecto y el terreno más fecundo de Dios:

P. José Mª Domènech SDB


La casa de Dios, que no es tanto el templo de piedra, sino nuestra Comunidad en Cristo, es casa de vida y salvación. ¿No la llama el Papa hospital de campaña? Vamos por el mundo con la misión de anunciar la Salvación del Señor y su signo de vida: sanar y liberar del mal.

Dios hace ineludibles maravillas, que nuestra vida esté siempre en el esfuerzo de hacerlas patentes.

Dios, por el bautismo en Cristo, nos ha consagrado como su templo santo en medio de un mundo atrapado en esclavitudes, que dan cierto gozo, pero efímero y que se come la propia vida, le quita su sentido, la paz estable, la fecundidad propia de la vida y su necesidad de compartirla para llenar de vida a otros.

Dios nos ha dado su Espíritu: Él nos hace fecundos y capaces de sanar a los hermanos con nuestra intimidad con el Señor Jesús, quien nos enseña a vivir abiertos a la Voluntad del Padre y al bien que necesitan los hermanos.

Pero necesitamos ser honestos, no buscar beneficiarnos, respetar su Casa y vivir abiertos a su Voluntad.

La presencia de Dios en medio de nosotros es fuente de Vida nueva para cualquiera que se acerque a Él.

El templo de Dios es, por obra de Dios en él, fuente de vida y de sanación personal y social: Dios es Vida.

Debemos dejar obrar a Dios en nosotros: la distancia y la resistencia impiden la fecunda acción de Dios.

El cristiano no debe desalentarse: Dios está atento a lo que necesitamos para ser sus hijos ahora y aquí.

Nuestra vida debe estar centrada en vivir y proclamar la presencia y salvación de Dios en nuestro mundo

Nuestra realidad corporal y Comunitaria es expresión de la presencia de Dios, como lo es un templo.

Es en nosotros donde se realiza la Salvación de Dios y así es como nos expandimos como Luz de Cristo.

El Espíritu de Dios nos vivifica para que nosotros seamos capaces, como Jesús, de sanar nuestro mundo.

Por esto es vital que vivamos a Cristo como centro y base de nuestra vida, pues solo Él es la Salvación.

Nuestra forma de tratar a Dios debe vivir libre de todo interés egoísta, pues el Salvador-Liberador es Dios

La misión de Jesús, el Mesías, es purificar de todo egoísmo la Casa de Dios: nuestra vida y Comunidad.

Los intereses individuales anulan la obra de Dios, en la persona y la sociedad, cerrándolas a la redención.

El Cuerpo de Cristo resucitado es la Comunidad cristiana: nada podrá destruirla, aunque sea rechazada.

La persona vivirá la Comunión con Dios y los hermanos, alimentándola y celebrándola en Comunidad.

Pidamos a María saber ser, cada día mejor, Cuerpo de Cristo que vive luminosamente su Fe hoy y aquí.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXII

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

Los cristianos somos testigos de la Resurrección de Jesús y, por la Comunión con Él y entre nosotros, somos su Cuerpo: Comunidad de vida y servicio.

Ez. 40, 1b.3a; 47, 1-2.8-9.12:
La mano del Señor... me llevó a Jerusalén. Y vi a un hombre, que, por su aspecto, parecía de bronce. Él me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa... El agua descendía... del costado derecho de la Casa, al sur del altar... Entonces me dijo: «Estas aguas fluyen hacia el sector oriental... y van a desembocar en el mar... para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes... y habrá peces en abundancia... Al borde del torrente, sobre las dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos... porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento, y sus hojas de remedio.»

Sal. 452-3.5-6.8-9: Vengan a contemplar las obras del Señor.

1Cor. 3, 9c-11.16-17:
Ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios. Según la gracia que Dios me ha dado, yo puse los cimientos, como lo hace un buen arquitecto, y otro edifica encima. El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque... es Jesucristo. ¿No saben que Uds. son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Uds.?... el templo de Dios es sagrado y Uds. son ese templo.

Jn. 2, 13-22: Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió al templo y encontró en el Templo a los vendedores... y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo... y los echó del Templo, junto con sus ovejas y bueyes; derribó la mesa [de los cambistas] y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio.» Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: “El celo por tu Casa me consumirá.” Entonces los judíos preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar.» Los judíos le dijeron: «Costó cuarenta y seis años levantar este Templo y ¿tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él se refería el templo de su cuerpo. Por eso cuando Jesús resucitó, los discípulos recordaron que Él había dicho esto y creyeron...








octubre 31, 2014

Conmemoración de los Fieles Difuntos

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 2 de noviembre.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¡No está aquí, ha resucitado!” ¿Se necesita más claridad? Jesús es garante del éxito de todo esfuerzo por hacer madurar el respeto que merecen todo ser humano y los derechos de los últimos y marginados, entre los que está el derecho de ser responsable del bien del otro. Él es garantía de todo camino de maduración. El buscar ‘ser mejor en todo sentido’ –aunque no se logre ‘estar’ mejor– tendrá un final súper exitoso. Ser más y mejor es más importante que estar mejor, pues todo “estar” es transitorio, efímero: ¡la muerte lo consume!, pero ser mejor es avanzar hacia Dios: Él nos pensó así cuando nos creó a su imagen.

No lo dudemos: la felicidad eterna es un bien real –es Dios mismo– y nadie nos lo podrá quitar jamás, si nosotros no solo lo defendemos, sino que nos esforzamos por alimentarlo con Cristo en nosotros, y también en los que nos rodean acercándolos a Cristo, la Resurrección y la Vida.

Jesús nos pide que comuniquemos a todos que Él vive y salva. Él nos llama cada día y nos espera.

María nos auxilia para que digamos a todos que la Vida de Dios es para todos: Vida eterna y feliz.

Unidos en oración con María, la feliz resucitada de entre los muertos:

P. José Mª Domènech SDB


Conmemoración de los Fieles Difuntos


Los proyectos y los sueños humanos o cuentan con la muerte, realidad ineludible, o serán rotos por ella y las múltiples limitaciones que se muestra en nuestra compleja naturaleza, y que acaban con la muerte.

Si una cosa es cierta, siendo mínimamente realistas, es que vamos a morir, pero vivimos, muchas veces, sin tenerlo ni realmente ni sanamente en cuenta: vivimos sin calcular nuestra al final de este periodo y sin planificar lo único que vamos a necesitar en nuestra partida. Por eso tanta desazón cuando se toca este tema.

¿Qué nos sucede? ¿Por qué vivimos en tanta inseguridad y miedo ante lo que pueda pasar? ¿Por qué las cosas no se van como las personas de buena voluntad lo desean? Muchas preguntas, mucho desconcierto.

Y llegamos preguntas injustas como ésta: ¿por qué Dios permite la muerte y no hace nada ante el dolor?

También las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús no creían posible la resurrección de Jesús, a pesar de que Él lo había anticipado con claridad. Solo la resurrección de Cristo nos da un horizonte digno de la vida recibida del Amor de Dios. Él no nos creó para la muerte, aunque nuestra materia la haga inevitable.

Deseamos que Dios se muestre poderoso y a veces acudimos a Él suponiendo eso, pero en la vida cotidiana actuamos con poca confianza en Él. ¿Creemos en su interés por nuestro bien actual?; ¿no será por eso que poco le escuchamos y a veces mal, es decir, sin mucho interés por aprender a vivir como Él nos pide?

Sin embargo la Palabra es clara y nos hace notar que Él no tiene todo listo para nuestra grandeza y que el final ya está asegurado: solo necesitamos confianza, dócil obediencia y entrega total, como las de Jesús.


El futuro reservado por Dios para nosotros es fantástico, pero necesitamos luchar con amor y esperanza.

Los profetas anticiparon el anuncio de un mundo nuevo preparado por Dios para nosotros. ¿Aceptamos?

El Apocalipsis lo presenta ya real en la Jerusalén celestial, caminante ahora en la Iglesia, con sus luchas.

Solo el amor, la cercanía y la docilidad al Maestro nos permitirán heredar lo ya listo para nosotros.


Entristecerse por la muerte es normal; los creyentes lo superamos porque seguimos Cristo, el Resucitado.

Recordar a los que murieron manteniendo la tristeza es mostrar que no creemos en el Señor resucitado.

Cristo es garantía de la resurrección de los que han vivido, con más o menos éxito, buscando ser como Él.

El pecado primero nos marcó y esto hace difícil este periodo de nuestra vida; pero Cristo nos ha salvado.

La resurrección es un hecho que a todos se ofrece, pero no se impone a nadie: somos libres. ¡Decidamos!


La vida cristiana tiene un final glorioso como el de Cristo, pero es necesario que estemos centrados en Él.

Las mujeres y los discípulos estaban centrados en el Maestro, pero todavía no creían en la resurrección.

No creer los tenía atemorizados, encerrados, tristes, sin capacidad de fiarse y comprometerse: ¡sin vida!

Las mujeres se acercan y reciben la gran noticia: ¡está vivo! Recuerdan el pasado, ¡sí!, pero superado.

El amor nos pide acercarnos, pero superando todo lo que nos aleje del presente que Dios construye.

Pidamos a María escuchar la buena noticia de la resurrección percibiendo la llamada personal de Dios.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XXXI
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Dolor y muerte no tienen la última palabra: Dios es Vida y resucitó a Cristo, su Hijo fiel. Si lo seguimos, también nosotros viviremos y gozaremos con Él.

Ap. 21, 1-5a.6b-7:
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más. Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que... venía de Dios... como una novia preparada para recibir a su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios entre los hombres... Él secará todas las lágrimas y ya no habrá más muerte..., porque todo lo de antes pasó.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, Yo le daré de beber gratuita mente de la fuente... de la Vida. El vencedor heredará todas estas cosas y Yo seré su Dios y él será mi hijo.»

Sal. 261.4.7.8b-9a.13-14: Contemplaré la bondad del Señor.

1Cor. 15, 20-23:
Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así todos revivirán en Cristo...: Cristo, el primero de todos, luego los que están unidos a Él en el momento de su venida.

Lc. 24, 1-8: El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado... encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas... se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes... [que] les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que les decía cuando estaba en Galilea...» Y las mujeres recordaron sus palabras.