enero 05, 2015

"Vino a los suyos..."

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 4 de enero:

“Vino a los suyos...” ¿Nos creemos que somos del Señor? Si lo creemos, decidamos vivir abandonados a Él y con afán de escucharle y hacerle caso, pues Él vive totalmente centrado en nosotros. Él nos considera suyos: nos creó a su imagen y para gozar en su Vida de Felicidad, Alegría y Paz sin medida. No podemos ni imaginar lo que Dios nos tiene preparado.

Nada en Dios es respuesta a lo que hagamos. Todo está preparado para ayudarnos en lo que necesitemos; lo tiene todo previsto, pero no impone nada, absolutamente nada, en ningún momento. Su respeto es total y su atención, constante: nos conoce y de Él lo recibimos todo para una vida cada día más profunda y plena. Nadie tiene más interés en nosotros que Él, que nos creó con eterno Amor personal para que compartamos su Vida eternamente feliz. ¡No nos esclavicemos a nada!

Vivamos cada día más libres para Dios, como María, como José, como Jesús, como todos los santos y, en especial, como Don Bosco.

Cristo, el hijo de María y José, nos ayude a vivir más abiertos a Dios, su Padre y Padre nuestro.

Unidos en oración con María, nuestra Madre y Auxiliadora:

P. José Mª Domènech SDB


"Vino a los suyos..."

Fuimos creados para la grandeza y felicidad del mismo Dios. Por eso deseamos lograr un modo de vida y relaciones, es decir, una cultura, que nos forme para ser personas que sepan conocer, respetar, cuidar y dominar nuestro mundo –interno y externo– con verdadero señorío, de modo que, sin perjuicios, llevemos cada realidad, sobre todo la personal, a la maduración de su ser y de su obrar, es decir, a ser feliz –ya aquí y con todos– y para siempre.

Los planes de Dios son maravillosos. ¡Pensados solo a nuestro favor y beneficio! Pero ¿estamos atentos y dispuestos a secundarlos? o ¿nos interesa más lo que nos complace; lo que coincide con nuestros planes; lo que podemos asumir sin mucho costo; lo que nos trae algún beneficio controlable por nosotros, sin mirar consecuencias?

Eso le sucede a veces a personas con buenas habilidades y cierto poder gracias al dominio que tienen del conocimiento, de la política, de los negocios, de las relaciones sociales, o, desgraciadamente, por su habilidad de manipular.

Si sabemos escuchar y vivir en el Señor aprendemos a bendecir, alabar, dar gracias y a construir vida y relaciones desde la grandeza que Dios ha puesto en nuestro corazón para compartirla, como Él comparte toda su Vida con nosotros: de Él lo hemos recibido todo y en Él encontramos nuestra grandeza futura, que es segura, si le aceptamos.

La Sabiduría de Dios no tiene nada que ver con ningún afán de dominio, sino con el Amor en la Verdad para la Vida, siempre renovada por Él mismo y, por eso, en constante plenitud. La Sabiduría de Dios no la dan los conocimientos ni, mucho menos, los títulos, los cargos o responsabilidades recibidas. La Sabiduría es un don de Dios que Él concede a todo el que se la pida de verdad y la sepa recibir con sencillez y humildad para servir al Bien Común y defensa y desarrollo de la vida, sobre todo de los últimos, marginados o esclavizados, de cualquier tipo o cultura.

Éste fue el modo de vida de Jesús y se nos pide que nosotros, sus discípulos –y por eso, sus testigos-misioneros–, lo asumamos como propio, aunque empleemos toda la vida para aprender a vivirlo como Cristo, Sabiduría encarnada.

Dios es Sabiduría, propia del Amor que vive en su Comunión trinitaria y que comparte con toda la realidad creada

Dios comparte sus dones –y todos son eternos– para el bien de todo ser, en su realidad propia, nadie está excluido: a cada uno le da lo que necesita para cumplir el fin que le corresponde. Él no solo es sabio, ¡es la Sabiduría!

Su Sabiduría –eterna como Él mismo– tiene un fin primero: el bien de la persona: para que conozca a su Creador, se conozca bien a sí misma en Él, respete la realidad en la que se encuentra y sepa moverse en ella, sobre todo en los momentos difíciles. Así, madurando cada día en la escucha de la Palabra de Dios, gozará los bienes a ella confiados.

En Cristo, Sabiduría encarnada, lo recibimos todo; por Él y en Él somos bendecidos para compartir sus dones.

Todo nos llega por Cristo, Él es nuestra bendición, consuelo y salvación. En Él aprendemos a vivir y movernos en este mundo como lo que somos en realidad: hijos adoptivos de Dios. Él es Maestro de Vida y Gozo para todos.

En Él somos la Comunidad que –fundada por Él, alimentada en Él y siempre apoyada en su Espíritu– glorifica al Padre y anuncia a todos, con su vida, oración y obras, la Salvación, que es para todos, por la obediencia a Él.

Jesucristo, el Salvador, es una persona concreta: el mismo Hijo eterno de Dios, quien nos lleva conocer al Padre.

¡Dios es nuestro Padre! ¡Cuánto nos cuesta vivir su inmenso Amor –eterno y personal–! Nadie podía pensar mayor cercanía de Dios: vino, no para visitarnos como un amigo, sino para ser uno de nosotros, asumiendo nuestro ser.

Actuó así, haciéndose uno de nosotros, para ayudarnos a aprender a ser como Él: imágenes suyas, sus hijos.

Jesús es nuestro Salvador: testigo fiel, perfecto y explícito, del Amor de Dios: su Hijo amado y hermano nuestro.

Pidamos a María ser honestos creyentes y generosos testigos de Jesús-Salvador, siempre atentos y obedientes.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO DE NAVIDAD – DOMINGO II

Dios envió a Hijo único para enseñarnos a ser hijos de su Padre, es decir, vivir la vocación para la que se nos creó. Solo el Padre podía pensar en tal plan.

Sb. 241-2.8-12:
El Creador de todas las cosas me dio una orden... Él me dijo: «Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel.» Él me creó antes de los siglos... y por todos los siglos no dejaré de existir. Ante Él ejercí el Ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión... y en Jerusalén se ejerce mi autoridad. Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia.

Sal. 14712-15.19-20: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

Ef. 13-6.15-18:
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo... y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el Amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo... Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría... que les permita conocerlo verdaderamente. Que Él ilumine sus corazones para que... puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos.

Jn. 11-18: Al principio existía quien es la Palabra... La Palabra era Dios... era la Luz verdadera... Ella estaba en el mundo... pero el mundo no la conoció... Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron... La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre, como Hijo único, lleno de gracia y de verdad... De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia... Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre.












diciembre 06, 2014

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este lunes 8 de diciembre, fiesta de María Inmaculada:

Fiesta de la Inmaculada Concepción de María


Padres y educadores saben que sus hijos y educandos tienen predisposiciones para un modo de vida y para determinada actividad o profesión. Deberán descubrir y ayudar a madurar estas dotes naturales y tenerlas siempre en cuenta para que cada uno sea formado en la línea de su vocación.

Por su lado, el adolescente deberá aprender a vivir atento a lo que el Señor, a través de otras personas, le pide para su maduración; cada día ser más fiel a su vocación y dócil a lo que se le indica.

Todos estamos llamados a ser grandes; por eso Dios nos hizo libres. La decisión original de la humanidad fue no fiarse de Dios y la consecuencia, desde entonces, es la guerra interior, la insolidaridad y la cobardía, constantemente reflejadas en las relaciones que se viven en la sociedad.

María tuvo su llamada de Dios –vocación–, como la tenemos todos. Ésta se dio en lo más profundo de su ser pidiendo una responsable y diaria respuesta personal.

La vocación es un continuo diálogo con Dios y en él no hay substitutos, Dios llama y nosotros, con nuestras actitudes, respondemos. Este diálogo vocacional, nos dice Pablo, nos lleva a ser hijos irreprensibles en Cristo, aunque no nos libra de límites y errores. Dios nos conoce y nos sabe frágiles. Tendremos éxito, si, humildemente, reconocemos nuestros límites y nos convertirnos cada día.

Dios, si se lo aceptan, hace su Voluntad y todo está destinado al mayor bien de cada persona en su realidad concreta: pobre y frágil, pero siempre amada y renovada en Cristo Jesús.

La vocación humana depende de nuestra respuesta a lo que Dios nos ofrece, su Vida es única.

El tercer capítulo del Génesis describe el problema de siempre: no reconocer la propia responsabilidad y culpar a otros. Es decir, guerra y mentira y, con ello, incapacidad de superar del pecado. Ésta es la enorme tara que nos carcome, mostrando lo destructivo que el pecado resulta ser siempre.

María, la pura, es nuestro modelo: siempre atenta y libre, ¡lista para aprender, dar y servir!
En ella lo más importante y rico fue su vida y actitud interior: su serena y dócil apertura a Dios

Dios nos pensó, desde antes de la creación del mundo, para ser como Él en su Hijo Jesucristo

Debemos buscar que Dios vuelva a ser el centro único de nuestra vida, así, ésta se convierte en un nuevo canto de alabanza por las maravillas de la misericordia redentora de Dios en todos.

Sólo si vivimos en la sencilla libertad de María, será posible vivir esta experiencia de redención continua y glorificar el nombre de Dios. María, la Inmaculada, desde el inicio de su existencia, se centró en Dios, siempre humildemente disponible a lo que el Señor de la Vida le pedía.

Dios, buscando la grandeza humana, dialoga con cada persona para que sea ella quien le acepte

María se sabe limitada, indigna de las maravillas de Dios, pero acepta que el Señor tenga todos los derechos de libre disposición sobre ella: se pone en sus manos. Lo conoce bien y tiene experiencia de su respeto por todos; sabe bien que Dios potencia al infinito todo lo bueno, aún limitado.

María jamás tuvo en su vida otro centro que no fuera Dios; no tuvo otro criterio fuera de la gloria de Dios y del bien de los que vivían a su lado, como Dios se lo enseñaba cada día en su Palabra. Vivía la pureza del amor de Dios y respetaba, desarrollándolos, los bienes que de Él se derivan.

María es la Inmaculada por la aceptación plena de la Voluntad de Dios de ella. Dios la preparó para sí y encontró en ella la perfecta respuesta de fidelidad, disponibilidad y entrega total.

Pidámosle nos enseñe y ayude a vivir en conversión continua para ser fieles a nuestra vocación.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

María, la virgen servidora, al aceptar y vivir la propuesta de Dios, vence el poder del pecado y nos abre a toda bendición y Vida nueva de Dios

Gn. 39-15.20:
...Dios llamó al hombre...: «¿Dónde estás?...» «Oí tus pasos... y tuve miedo... porque estaba desnudo...» «¿Quién te dijo que estabas desnudo?... ¿Acaso has comido del árbol que te prohibí?»... «La mujer que pusiste a mi lado me dio del fruto y comí...» El Señor dijo a la mujer...: «¿Cómo hiciste tal cosa?»... «La serpiente me sedujo...» El Señor Dios dijo a la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer. Entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón»...

Sal. 971-4: Canten al Señor un canto nuevo, porque Él hizo maravillas.

Ef. 13-6.11-12:
Bendito sea Dios... que nos ha bendecido en Cristo... y nos ha elegido..., antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprensibles en su presencia por el amor... nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo... constituidos herederos... para alabanza de su gloria.

Lc. 126-38: El ángel Gabriel fue enviado por Dios... a una virgen... y la saludó diciendo: «¡Alégrate, llena de gracia el Señor está contigo!... No temas, María,... Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús...» María dijo...: «¿Cómo puede... si yo no tengo relación con ningún hombre?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti... Por eso el niño será santo y será llamado Hijo de Dios...» María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra.»









diciembre 05, 2014

II Domingo de Adviento

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 7 de diciembre:

“Yo los bautizo con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo.” A Juan Bautista no le preocupa que su pueblo reciba el bautismo, sino que se abra al Señor que llega con el Espíritu. Entiende que si no le recibe bien dispuesto –en continua conversión al Amor de Dios– lo pierde todo. También nosotros, tengamos la religión que tengamos: nada puede salvarnos, solo el Señor.
El Señor llega para fecundar nuestra vida –y con ella nuestro mundo– con la Vida nueva de su Espíritu que nos ha llenado el día de nuestro Bautismo y de la Confirmación.

Es más que un hecho histórico, es el don del Amor de Dios, que se nos confía a los discípulos de Jesús para todos. Debemos ser, con nuestra vida, mensaje de consuelo, esperanza, fortaleza y perseverante renovación en medio de un mundo, que no comprende y hasta, en su desconcierto, nos ataca. Dios es Padre y no quiere que nadie se pierda: ¡ninguno, sea quien sea y esté como esté!
“Preparen el camino”, nos pide el Señor a través de los profetas: no desoigamos su voz, pues nos va la vida y la de muchos en nuestro mundo: ¡somos realmente responsables! ¡No nos durmamos!

Cristo es nuestra Salvación. Él nos invita, una y otra vez, a dejarnos transformar por su Espíritu. María, la Madre Inmaculada, nos lleva la delantera y nos enseña a caminar dóciles al Espíritu.

Unidos en oración con María, la Inmaculada-Auxiliadora, toda llena del Espíritu:

P. José Mª Domènech SDB


Tiempo de Adviento: Domingo II

Se nos ofrece una Buena Noticia que todo lo cambia; no es algo, pasado o futuro, sino alguien presente: Jesús. Pero para que cambiar algo, esta persona necesita ser recibida de verdad, no solo formalmente.

Recibir a Jesús significa aceptarle en nuestra vida, darle plena libertad y estando disponibles a Él.

Nuestro mundo nos ofrece su ‘felicidad’, y, para que le creamos, invierte mucho mostrándonos lo maravilloso de su oferta; claro que lo que no nos dice es que su ‘felicidad’ degrada, se esfuma y nos deja vacíos.

El profeta Isaías nos anima a retomar el ritmo de nuestra esperanza, a superar la experiencia de ser pecadores: nos asegura que el Señor viene a darnos lo mejor y más estable para nuestro bien y vida plena.

¡Cuánto desearíamos que la Salvación de Dios ya se vea plena y concreta en nuestra vida! ¿Quién no?

Ésta es nuestra tarea. La Salvación ahora siempre estará en formación: camino interior que debemos hacer con esfuerzo diario; quien lo hace se convierte en testigo y, por eso, profeta de salvación y vida nueva.

Juan Bautista es profeta y testigo de la Salvación que llega a todos y que él ya vive, aunque no la comprenda como lo hará, vivirá y presentará Jesús. Él es la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: su mentalidad está anclada en los profetas del Dios de Israel, pero anuncia el bautismo en el Espíritu Santo.

Dios jamás se cansa de acompañar y consolar a su pueblo, si se arrepiente, lo perdonará y lo renovará.

El pueblo es débil y con facilidad se aleja del Amor de Dios. Cree, pero él no es libre, su fe es superficial.

El Dios de Israel es Dios de la vida, por eso busca elevar a su pueblo, lo consuela para que no se deprima.

Jamás la lucha por la fidelidad será fácil, pero, si el pueblo se abre, su Dios llega con todos sus bienes.

La promesa de la cercanía y regreso de Jesús no tarda, sino que espera con paciencia nuestra conversión

Superar de una vez problemas y luchas es normal, pero más bien de lo que se trata es de convertirnos.

Nadie como Dios desea vernos libres y llenos de Él, pero somos libres, y nosotros debemos aceptarlo.

Cristo dio su vida por nuestra liberación, pero la decisión está en nuestra mano: Él espera paciente.

La conversión da libertad a Dios y Él puede transformarnos en nueva creación para el bien de todos.

La predicación de Juan atraía por vivir lo que decía, con su forma de ser, y mostrar al esperado por todos

Para Juan el valor de su vida está en anunciar la Salvación, para recibirla bien es necesario convertirse.

La Salvación no es una teoría o una religión o un modo de vida, sino una persona concreta: Cristo.

Él es la Buena Noticia, el Mesías esperado, que nos ofrece la Misericordia de Dios: le allanamos la vida.

Recibirle significa hacer como Juan: acoger, vivir y proclamar en nuestra cultura la Salvación presente.

Pidamos a María abrirnos al Espíritu que Jesús nos ofrece y ser más dóciles a su Palabra y Vida nueva.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO B – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO II

La Paz y la Vida nueva de Dios se ofrece a todos los pueblos. Más, el deseo del Señor es que la gocen todos, pero es necesario preparar el camino al Señor.

Is. 401-5.9-11:
¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice tu Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle... que su culpa está pagada... Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor... nuestro Dios! ¡Que se rellenen los valles y se aplanen las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados en planicies! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntos, porque ha hablado la boca del Señor. Súbete a la montaña elevada, tú que traes la buena noticia... levanta... tu voz... sin temor, di a las ciudades de Judá: «¡Ahí está tu Dios!» Ya llega el Señor...: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, Él apacienta su rebaño, lo reúne..., lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

Sal. 849ab-14: Muéstranos, Señor, tu Misericordia.

2Pe. 38-14:
Delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con Uds., porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el día del Señor llegará como un ladrón, y ese día... todas las cosas se desintegrarán... ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de Uds. esperando y acelerando la venida del Señor!... nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.

Mc. 11-8: Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito...: «Mira, Yo envío a mi mensajero delante de Ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos’», así se presentó Juan, el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y... de Jerusalén acudía a él y se hacía bautizar... confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y predicaba diciendo: «Detrás de mí viene el que es más poderoso que yo, y yo ni siguiera soy digno de... desatar la correa de sus sandalias. Yo los bautizo a Uds. con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo.»