febrero 25, 2011

Dios es Providencia

Todo ser creado es bueno y digno, lo que no es bueno ni digno es que demos el corazón a quien no nos pueda llevar a ser lo que estamos llamados a ser: como Dios.

El único que tiene esta capacidad es Jesucristo y su Espíritu.

Todo lo demás merece nuestro respeto y colaboración para el bien, pero no nuestra vida.

La dignidad del ser humano es tal que el mismo Dios le entregó su Vida y le ofrece todos los días su guía y alimento en Jesucristo y su animación universal en el Espíritu Santo, cuya imfluencia no se cierra solo en los cristianos. Desde antes que existiera la Iglesia, el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas vivificándolas y ordenendo los corazones al bien y a la vida. Así es como, lentamente, la humanidad se va encaminando, a través de múltiples tropiezos, pues Dios no impone ni violenta nada, a construir personas más maduras y sensatas que llegarán, poco a poco, a comprender a Jesucristo como su identidad acabada y perfecta. Todo a su tiempo.

En este caminar está la Iglesia también, pero con una tarea particular la de acercar y hacer historia real y concreta la presencia santificadora de Dios en Cristo Jesús y su Espíritu como Comunidad, su Comunidad -sacramento de la presencia salvadora y santificadora de Dios-.

Deberá aprender a vivir libre de toda esclavitud y a no tener otro Dios que al Padre de Jesús.

Jesús nos invita a no dejarnos subyugar ni por el afan de poder o dominio, ni por la angustia ni por las preocupaciones; nos pide que nos centremos en nuestra tarea: que los hombres conozcan el Amor Providente del Padre y se acerquen cada vez más a Él... Lo demás, la real respuesta a nuestras necesidades, vendrá por añadidura: Dios, el Padre, nuestro Padre, ya lo tiene pensado.

Dios nos cuida a todos como una mamá. Él no se despista jamás, pero casi nadie lo sabe y muchos menos se lo creen demasiado. ¿Cuántos se fían de Él?, ¿nos fiamos nosotros? ¿Creemos de verdad en Él?, ¿vivimos en consecuencia? ¿Cómo es nuestra paz interior y cómo se desarrolla nuestra relación con las personas y las cosas?, ¿a cuántas nos sometemos para 'estar mejor'?

Nuestra vida está llamada a la libertad, pero ésta no es gratuita. Si bien es un don, también es una tarea, pues todos los dones deben aprenderse a manejar -para no desperdiciarlos ni volverlos en nuestra contra- y traen consigo ciertas exigencias y renuncias, que deberán ser reales, no aparentes, y personales, y no bajo presión, pues eso iría contra el mismo don de la libertad... Por tanto es necesario aprender, conocer, alimentar, seguir indicaciones sin desviarse por los caminos de la sobervia y el carpicho (enemigos fundamentales de toda libertad, pues ésta no debe confundirse con el capricho ni menos con los automatismos -si fuera así no nos hubieran entregado la inteligencia, el raciocinio y la tantas veces "incómoda" conciencia-). Otro elemento que trae consigo el don de la libertad es que no tenemos instinto, pero sí todas las tendencias del mundo físico, pues por naturaleza participamos de él y elevamos su destino, si las vivimos con dignidad, conciencia y libertad para el bien y la vida. Ante las tendencias, debemos dar la mejor respuesta según nuestra dignidad y la de los y lo que nos rodea.

Que el Señor nos ayude a vivir con la dignidad y la libertad de los hijos de Dios. Sin adorar a nadie sino a Dios; siendo fieles a la misión que Él, a cada uno nos encomienda, y confiando plenamente en su Providencia Santificadora y enaltecedora de todo lo creado, sabiendo que nunca somos olvidados.

Dios nos bendice: seamos su bendición para todo lo que nos rodea.

Unidos en oración con María, nuestra Madre Auxiliadora:

P. José Mª Domènech SDB

Dios es Providencia

Centrar la atención en el dinero, la riqueza y el limitado poder que trae consigo, es abrirse a futuras tensiones, enfermedades y depresiones, al poner nuestra confianza en lo caduco, que no podemos dominar, pues depende de otros, y por desconfiar de Quien sí merece nuestra confianza, pues su Providencia siempre nos favorece con planes objetivos para nuestra grandeza.

Bajo esta actitud, que desenfoca la vida humana, encontramos escondida una idolatría real que nos llena de ilusiones pero que no tardará en decepcionarnos y mostrar su incapacidad objetiva de llenar nuestra vida en su exigente integridad, la que posibilita nuestro desarrollo.

Dios tiene la materna actitud de cuidar constantemente maduración de nuestra vida. Él comprende nuestras limitaciones y les sale al paso con el ofrecimiento de su gracia, que, sin suplir nuestra responsabilidad, nos ayuda a superar nuestros errores y fracasos. Nunca estamos abandonados ni somos juzgados por Él; sólo nos orienta y estimula según mejor nos convenga.

Jesús nos invita a vivir una confianza ilimitada, como la del niño en brazos de su madre. Siempre recibiremos lo que realmente necesitamos para nuestro bien, pues Dios nos ama personalmente, conoce muy bien nuestras reales necesidades y las atiende a su tiempo.

Se nos pide centrarnos en Él y hacer de su Voluntad nuestro alimento y tarea histórica.

Dios ama con entrañas materno-paternas: sufre por nuestro dolor y no abandona a su pueblo

Israel vive en una profunda depresión por su destierro. Isaías quiere animarle, haciéndole notar que Dios no los ha olvidado, aunque ellos así lo piensen por lo que tienen que sufrir.

Lastimosamente el pecado, después de habernos ilusionado con sus engaños, nos trae desgracias, pero Dios, al que hemos despreciado con nuestra lejanía, nos ama más allá de nuestras actitudes, pues su amor no responde a nuestros actos, sino a nuestras reales necesidades.

Podemos fiarnos de Él y, si somos sabios, desconfiaremos de toda promesa del pecado.

Lo único que se le pide al apóstol de Jesucristo es confiar en el Señor y seguir fiel a su misión.

Las críticas vendrán y se irán, según lo que cada persona viva en interior, pero lo importante no es la crítica de los hombres, ni siquiera las de la propia conciencia, sino la paterna justicia de Dios, que nos pide escucharle y entregarnos a su Reino por encima de todo.

El apóstol, para cumplir adecuadamente su misión, deberá ser fiel a la oración y escucha sincera de la Palabra; a las necesidades reales de su Comunidad y a la Comunión objetiva y disponible con quien Dios ponga como su apoyo y orientación espiritual y pastoral.

Dejarnos aturdir por las cosas, significa que nos hemos descentrado de Cristo y su Reino.

Centrarnos en el Señor nos libera de ser atrapados por ninguna angustia: ¡Dios nos cuida!

El afán por vivir seguros y dominar es signo de una Fe débil y pobre. Estamos llamados a vivir con serenidad nuestra relación con el mundo del trabajo, de los negocios, y del dominio de la creación para llevarla al servicio del bien integral de todos los hermanos que nos rodean.

El Padre Providente, que nos conoce, nos pide confianza y disponibilidad: Él proveerá.

Pidamos a María vivir al sencillo servicio de Dios, confiados, como ella, en sus cuidados.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO VIII
La vida es lo más importante de la persona. Dios es Providencia a favor de la vida de todos; por eso pide a la persona centrarse en Él

Is. 49, 14-15:
"Sión decía: «El Señor me abandonó…» ¿Se olvida una madre de su criatura?... ¡aunque ella se olvidare, yo no te olvidaré!".

Sal. 61: "Sólo en Dios descansa mi alma; sólo en Él, la salvación".

1Cor. 4, 1-5:
"Que todos vean en nosotros simplemente servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Lo que se pide a un administrador es que sea fiel… no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor… Entonces cada uno recibirá del Señor la alabanza que le corresponda".

Mt. 6, 24-34: "Nadie puede servir a dos señores… No pueden servir a Dios y al dinero… No se inquieten por su vida… ni por su cuerpo… ¿No vale más la vida que la comida y el cuerpo que el vestido? Miren los pájaros del cielo… ¿No valen acaso Uds. más que ellos?... No se inquieten, entonces, diciendo: ¿Qué comeremos y qué vestiremos? Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que Uds. las necesitan. Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura…"



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