mayo 25, 2014

«Si ustedes me aman cumplirán mis mandamientos»

Tenemos el mensaje y la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 25 de mayo.

Cristo se despide, pero nos asegura que no nos dejará: nos enviará otro defensor o consolador.

No quedaremos huérfanos. La vida sigue y, si queremos que dé fruto en nosotros, como la de Dios, de quien estamos llamados a ser imagen, debemos ser fieles al Maestro.

Dios no impone nada y lo que no le permitamos hacer en nosotros, no lo hará.

Este Defensor es el Espíritu de la Verdad para que la Vida sea verdadera y fecunda en la plenitud de Dios.

Los hombres no necesitan la maravilla que somos nosotros, pues todos somos maravilla de Dios y nosotros no somos mejores que nadie; los hombres necesitan las maravillosas grandezas de Dios. Maravilla de plenitud equilibrada, de fecundidad serena y estimulante, de sabiduría luminosa y enaltecedora, de paz profunda y estable, de amor dador de vida y de esperanza; maravilla de consuelo vitalizante, de perdón renovador, de fortaleza constante, de bondad educadora, de piedad liberadora y obediente a la Voluntad de Dios sobre todo para con los más pobres y necesitados de Vida nueva y dignidad concreta y actual. Todo esto nos pide apertura y voluntad de ponernos en las manos en quien puede transformar nuestra pobre riqueza en obra maravillosa de Dios.

No importan las dificultades, pues todo, en las manos de Dios, nos eleva y lleva a su grandeza.

Que en Cristo Dios nos bendiga: Él nunca nos deja, abrámonos a su Palabra y Amor. Él nos guíe para que aprendamos, dóciles a su Espíritu, a ser testigos-misioneros de la Vida nueva del Resucitado siempre y en todas partes.

Que nuestra Madre Auxiliadora nos ayude a vivir su petición clara: “Hagan lo que Él les diga”.

¡Feliz fiesta! Unidos en oración con María, la Madre auxiliadora:

P. José Mª Domènech SDB


«Si ustedes me aman cumplirán mis mandamientos»

La permanencia de Jesús con nosotros, y su obra-Misión, es segura, pero, que nosotros la vivamos y nos beneficiemos de ella como actores reales, no depende de Él, sino de nosotros: de nuestra fidelidad.

La experiencia de orfandad no la mejor manera de madurar como persona o Comunidad. Jesús no quiere eso para sus discípulos, pero los que debe dejar para ir al Padre. Deben aprender a ser dóciles y fieles a lo que el Señor resucitado les ofrece y pide. Es un aprendizaje vital y continuo, sin descanso, como la vida.

Jesús nos asegura ‘otro Defensor’, Consolador de los pobres y amenazados: Espíritu de la Verdad.

Espíritu anclado en la Verdad y Verdad como fidelidad a la Vida, Dignidad y Paz. Pero Jesús aclara que el mundo –los que no siguen al Señor, aunque en algunos momentos lo busquen de usar– no puede recibir.

Este Espíritu nos hará testigos de la Verdad del Amor de Dios y de la cercanía del Padre a los más necesitados y deseosos de una vida que merezca llevar este nombre. Nos hace testigos de la fuerza de su Perdón y Aliento para que vivamos fieles a los criterios del Amor de Dios, Amor que salva y renueva.

Dar el Espíritu de Jesús es fortalecer a los hermanos y llenarlos de la Sabiduría de Dios que nos permite profundizar en la verdad de toda realidad para servirnos de ella para el bien de los que nos rodean.

No hay otro modo de glorificar a Dios en Cristo Jesús que vivir según la Vida interior que nos infunde su Espíritu, el que lo animó a Cristo y lo resucitó de entre los muertos. Éste nos mueve una esperanza que supera todo desaliento, pues se basa en la fidelidad de Dios al que nos mantenemos fieles pase lo que pase, aun en medio de las persecuciones, a veces no aparentes, pero igualmente reales e hirientes.

La docilidad y obediencia a Cristo y a su Espíritu es vital para que la redención llegue a toda persona.

Sin duda nos llevará, más de una vez, por el camino del dolor, pero el fin es la Gloria de Dios y nuestra.

La Iglesia, empujada por el Espíritu, sale a proclamar el Evangelio de Jesús y la respuesta es generosa.

La Iglesia, animada por el Espíritu, sale de Jerusalén. El diácono Felipe anuncia a Cristo resucitado a los hermanos samaritanos y despierta, por la fuerza del poder de Dios, su conversión.

Pedro y Juan confirman, con el don del Espíritu, el compromiso de los que creen en el Señor resucitado.

Pedro nos invita a glorificar a Cristo con nuestra vida y a no dejarnos aturdir por los momentos difíciles

Lo que convence es la fidelidad hecha historia de vida plena de donación en el Amor a Cristo y en Él.

Ser testigos de Jesús casi nunca será fácil, pues son muchas las oposiciones, pero vale la pena ser fiel.

Debemos, por la meditación, celebración comunitaria de la Fe y intimidad personal con el Resucitado, estar listos para dar testimonio de lo que creemos y esperamos, pero hacerlo con el bien y para el bien.

Jesús nos llama a la fidelidad y la confianza; Él no nos abandona, nos da su Espíritu que nos guiará.

Amar al Señor es vivir en su Vida y Voluntad, eso es vital, lo demás es accidental, nunca central.

Se va, sí; pero no los dejará huérfanos: les enviará del Padre su Espíritu, el Espíritu de la Verdad.

El Espíritu nos abrirá los ojos de la Fe para que vivamos en la Comunión del Padre y del Hijo y esto lo expresaremos en nuestra filial obediencia a los mandamientos de Jesús, que nos llevan a la Comunión.

Pidamos a María ser dóciles al Espíritu de Jesús, y construir con Él la Comunión con los hermanos.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.



CICLO A – TIEMPO PASCUAL – DOMINGO VI

La fidelidad al Señor Jesús, animada por el Espíritu, es la piedra de toque de la autenticidad de nuestra Fe, que se propaga aun en las persecuciones.

Hch. 8, 5-8.14-17:
Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe... Y fue grande la alegría de aquella ciudad. ...los Apóstoles... les enviaron a Pedro y a Juan. Éstos... oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo... les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.

Sal. 651-3a.4-7a.16.20: ¡Aclame al Señor toda la tierra!

1P. 3, 15-18:
Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre preparados para defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que Uds. tienen. Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán todos aquellos que difaman el buen comportamiento que Uds. tienen en Cristo... como [sus] servidores. Es preferible sufrir haciendo el bien... que haciendo el mal. Cristo padeció... por los pecados... para... llevarlos a Uds. a Dios.

Jn. 14, 15-21: Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me aman cumplirán mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen porque Él permanece con Uds. y estará con Uds. No los dejaré huérfanos, volveré a Uds. [...] Aquél día comprenderán que Yo estoy en el Padre y el Padre está en Mí y Yo en Uds. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama, y el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a Él.»









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