abril 02, 2010

Dios, en Cristo, dio su vida



El Amor de Dios es concreto, llega hasta el fin: dar la propia vida en sacrificio expiatorio por la salvación de todos y esto hasta el punto de no quedarle nada... en el sepulcro ¡solo!

En todo sólo un fin: salvar y socorrer a los débiles, pecadores y enfermos; a los que malviven, según sus limitadísimas posibilidades, y no logran comprender sus reales necesidades para cumplir el fin objetivo de su vida, que les tiene existencialmente inquietos. Fue masacrado por nuestras rebeliones, dice el profeta. Su Salvación fue confiar siempre en el Amor del Padre.

Nacimos para algo más que para vendernos a los aplausos y complacencias

El éxito personal del creyente, su maduración continua, está en la vida que se desarrolla al darla, sin buscarse ni a sí mismo ni el efímero gusto personal ni el aplauso de nadie.

Esto supone disciplina, cuesta y duele: lo valioso se consigue con esfuerzo y sacrificio.

El autor de la carta a los Hebreos nos dice: sufriendo aprendió a obedecer... y la obediencia le enseñó el camino de la libertad que da sentido a la vida: aceptar, por un lado, el dolor que trae consigo dar vida y, por el otro, la disciplina de buscar la verdad para el bien para no quedarse en las apariencias del brillo de lo que digan los pobres ‘maestros’ del hoy.

El Señor nos da la vida, porque la tiene en abundancia, para que seamos felices a fondo.

Todo Dios se nos entrega en amor para la Vida de todos sin distinción

Esta entrega redentora del Señor en sacrifico de amor para la Vida Nueva de todos, no tiene otra motivación que comunicarnos y compartir, con los que la acepten, el amor libérrimo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Comunión Trinitaria, toda ella para nosotros.

Las tres personas de la Santísima Trinidad estuvieron presentes en el sacrificio del Calvario, tanto el cruento de hace 20 siglos, como el incruento de cada Eucaristía del mundo.

Hoy el pueblo de Dios ora al Padre, como Jesús en la cruz, por todos los hombres, de cualquier cultura, sexo y condición social y religiosa, porque Cristo se dio por todos.

Ni el sacrificio ni sus razones salvan, sino el Amor del Dios de la Vida que, por Amor, la da

La horrible experiencia de Jesús debe ser mirada desde la amorosísima obediencia de Jesús a la sabia Voluntad salvífica de Dios esta mirada nos da la perspectiva adecuada.

O miramos desde arriba o nos perdemos en la maraña complicadísima, y por eso muchas veces incomprensible, de la historia. Son millones de visiones y muchísimas las opiniones… ¡y la mayoría está segura de tener la razón y muchas veces en forma incuestionable!

¿No hace esta actitud que la convivencia sea complicadísima y muy frágil? Veamos las guerras, pequeñas y grandes, sociales, familiares, ideológicas y las supuestamente religiosas. Muchos de los que las armaron no se veían necios ni asesinos ni incompetentes. Creían, y creen, tener razones justas. Lo que, de ordinario, no tienen es la perspectiva adecuada, y menos la divina, que sí tenía Jesús y por eso no hizo guerra, sino que entregó su vida por la nuestra.

Necesitamos abrirnos y esforzarnos para vivir en el Amor del Señor hasta el final así podremos hacer nuestra la Vida Nueva que Él nos ofrece en cada celebración litúrgica.

María enseñe y ayude a toda familia espiritual cristiana a vivir el don de la propia vida.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.



CICLO C – SEMANA SANTA - VIERNES SANTO

Dios, en Cristo, dio su vida en oblación para que recuperemos la dignidad con la que habíamos sido creados: seamos testigos de su Amor


Is. 52, 13-53, 12:
"…todos quedarán pasmados al verlo… Él fue traspasado por nuestras rebeliones… ¿A quién se ha revelado la potencia del brazo de Dios?... Él sobrellevaba nuestras enfermedades… dolores… lo consideraban un hombre castigado por Dios, azotado y humillado… no abría la boca… El Señor quiso que el sufrimiento lo triture… asumía sobre sí el pecado de todos e intercedía a favor de ellos."

Salmo 30: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

Hb. 4, 14-16; 5, 7-9:
"…sufriendo aprendió a obedecer y se ha convertido, para todos los que le obedecen en autor de salvación."

Jn. 18, 1-19, 42: "«¿A quién buscan?»… «Si he hablado mal, dime en qué y si bien, ¿por qué me pegas?»… «¿No eres tú también de sus discípulos?» «No lo soy»... «Mi reino no es de esta mundo...» Lo crucificaron y con él a otros dos... «Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre... Tengo sed… Todo está cumplido...»"

(Crucifijo de la capilla del colegio María Auxiliadora de Lima. Fotografía de Eduardo Hinojosa, 1995).

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