diciembre 31, 2013

Santa María, Madre de Dios


Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este miércoles 1° de enero, fiesta de Santa María, Madre de Dios, y la XLVIII Jornada Mundial de la Paz.

Nosotros conocemos al Señor experimentando sus obras, siempre y cuando no las manipulemos –ni en su destino ni en su significado– pues esto lo pervierte todo, hasta lo más santo.

Ante la presencia de Dios los humanos nos sentimos anonadados, sobrecogidos. Lo vivió María y todos los que han tenido algún contacto real con Dios. Él da contenido a nuestra vida, la llena de su grandeza y, así, nos hace bendición para todos y hasta para todo lo creado.

Su Presencia nos lleva a compartir. Nadie serio, objetivo y sensato, se cree bueno ni justo.

Si nos invade la soberbia y juzgamos a otra persona, como si fuéramos mejores que ella, estamos ante un signo claro (‘científico’) de que ignoramos al Dios verdadero y creamos nuestros propios ‘ídolos’, efímeros, engañosos y destructores de toda paz –la interior y también de la exterior, su fruto–. Dios nos lleva a despertar en todos lo bueno que tienen y ayudarles a madurarlo.

Dios es bendición. Sólo quien está atento a la real Presencia de Dios –por más pequeña que parezca– puede vivir y gozar su acción. Así lo vivió María desde el principio. Sabía meditar.

El salmo 66 nos invita a presentarnos ante Dios, deseando humildemente su bendición. En ella se nos salva de todo pecado confesado y recibimos alegría, paz y voluntad de alabanza.

El Padre de toda vida es fuente de toda maternidad. En Él aprendió María a ser madre humana, ¡y de Dios!, en la diaria meditación de la Palabra [hecha historia, acontecimiento cotidiano, transmisión escrita, proclamación en la asamblea] y en la oración constante, personal, conyugal, familiar, comunitario-sacramental. Así aprendemos a ser como Jesús: bendición viva.

Hemos sido creados para ser, como Dios, bendición que rescata y enaltece lo mejor de todos

Éste es el contenido al que se refiere la bendición que el Señor pide se dé a su Pueblo.

La claridad del rostro de Dios es la claridad de la conciencia que nos permite descubrir la constante Presencia Pro-vidente y Bene-factora del Dios de la Vida que, en su Amor, está presente en todos los repliegues de nuestras jornadas. Él, sin imponer, es paz viva y eficiente.

Sólo conocemos a Dios en la vida compartida y comprometida en una subsidiaria solidaridad

La venida del hijo de María, fue preparada larga y pacientemente por Dios mismo.

Pablo habla de la ‘plenitud de los tiempos’. ¿Qué significa? Que Dios siempre ha buscado llevarnos a vivir su Amor, para que lo podamos aceptar y asumir sin temores. Los sencillos fueron comprendiendo, abriéndose a los dones y promesas de su Señor. Dios se hizo uno de nosotros, en Jesús, Su Hijo encarnado, sin subyugarnos para, llegado el momento, llenar nuestra vida con la presencia de su Espíritu que estimula nuestra libertad hacia la aceptación de su santidad. Las maravillas de Dios son para todos. ¡Absolutamente nadie está excluido!

Desde que el hombre es hombre, Dios lo llama a ser su hijo, a tratarlo como su “Abbá”.

Recibir con sencillez la Presencia de Dios nos hace bendición que da Vida y Paz al mundo

A todas las personas –individual y/o socialmente– se las conoce sólo en la intimidad personal. No hay otro modo de conocer la materno-paterna sensibilidad de Dios. Así es la esencia de todo ser personal: divino, angélico o humano. Por eso Dios se hizo hombre en una familia.

Sólo se necesita un corazón sencillo, como el de los pastores, sencillos y dóciles testigos-
comunicadores, como el de María, la madre atenta; como el de José, el padre creyente y justo.

María nos pide abrirnos con confianza al año que comenzamos y en él aprender a gozar y vivir en la Presencia y Magisterio de Jesús, nuestra Bendición, para ser bendición para todos.

Pidamos a María llevar a todos la presencia de Jesús, su bendición, para la paz y felicidad.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.


SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

Jesús es la bendición de Dios a su Pueblo; Él nos llega por María, la Madre que medita con dócil sencillez la acción de Dios en la historia

Nm. 6, 22-27:
Así bendecirán a los israelitas... les dirán: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia… Que el Señor te... conceda la paz»… y Yo les bendeciré.

Salmo 66: El Señor tenga piedad y nos bendiga.

Gal. 4, 4-7:
Cuando se cumplió el tiempo..., Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley, para redimir... y hacernos hijos adoptivos... infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, Padre ...ya no eres más esclavo, sino hijo y, por tanto, heredero por la gracia de Dios.

Lc. 2, 16-21: Los pastores fueron... y encontraron a María y a José con el niño en el pesebre... contaron lo que habían oído decir sobre el niño… María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón. Los pastores volvieron alabando y glorificando a Dios... Ocho días después, al circuncidar al niño, le pusieron el nombre de Jesús…









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