abril 12, 2014

«¡Hosanna en los alturas!»


Tenemos la sugerencia homilética que el querido padre José María nos ha enviado para este domingo 13 de abril, Domingo de Ramos.


«¡Hosanna en los alturas!»

Aclamar con el Señor, movidos por el entusiasmo del momento, no cuesta demasiado; es más difícil mantener la fidelidad y construir en el Amor para que la vida fluya a nuestro alrededor. Para ello, es indispensable aprender a escuchar con atención la voz del Señor en la historia, en la Conciencia y en la concreta Comunidad, que ora y celebra los sacramentos, a la que Dios nos unió en el Bautismo.

Dios, con insistencia, nos pide que vivamos plenamente lo que nos ofrece en su Hijo Jesús, quien se hizo uno de nosotros. Él vivió la pasión con la voluntad oblativa, pues el Amor le llenaba.

Se nos pide atención a su voz, como auténticos discípulos. Nunca será cómodo dejar que el Dios de la vida –que la defiende con su Vida– lleve la nuestra según sus planes, pero será siempre lo mejor.

La decisión es absoluta y enteramente nuestra: podemos vivir como los fariseos, Pilato, Judas, el pueblo, Pedro, Juan o como María. De nuestra decisión fluirán los frutos para nosotros y la sociedad.

La plenitud de la vida es un regalo que Dios nos da, pero se necesita nuestra personal apertura

El modo de asumir las diversas realidades de la vida nos dice el ‘peso’ de Dios en nosotros.

A más atención y docilidad al Padre, aun siendo débiles, más frutos en nuestras obras y más plenitud de Dios en nosotros. Solo Él es la fuente de Vida y su horizonte real: sin Él no hay nada.

Jesús nos muestra el real camino del éxito: ¡darse honestamente, sin buscar nada para nosotros!

La muerte es una puerta, dolorosa sin duda, pero solo una puerta: lo más importante es cómo la atravesamos. Después viene el éxito. ¡Dios lo garantiza! Le paso lo damos ahora, en cada decisión.

Son las actitudes las que llevan, o no, al éxito nuestra vida: si nos buscamos a nosotros mismos, fracaso; si aceptamos entregar nuestra vida a los demás, como Dios nos pide, ser maduros y llenar de futuro a quienes nos rodean, sin atarnos infantilmente a infecundos gustos personales, éxito.

El sufrimiento es inevitable; nosotros, según el sentido que le demos, lo hacemos valioso y fecundo

Cristo con su vida nos invita a ser más grandes que el miedo a sufrir, siempre será real, concreto, duro e imponente. Jesús nos muestra el camino para la libertad real: confiar en el Amor del Padre.

A más libertad y fortaleza en dar vida con amor, mayor madurez, desprendimiento, paz y gozo.

Una cosa es sentir, como Jesús, el mortal peso del miedo y del dolor y otra, dejarse atrapar por el miedo, quedar paralizado con su presencia: solo el abandono nos da libertad, el Padre sabe y puede.

Escuchemos todos los días al Padre y vivamos en su amor y seremos libres para todo y todos.

Pidamos a María, ser libres y generosos como Jesús, siempre a abiertos al Padre y los hermanos.
Padre José María Domènech Corominas, sdb.

CICLO A – TIEMPO DE CUARESMA – DOMINGO DE RAMOS

Jesús, el Hijo del hombre, acepta la Voluntad salvadora Padre con total docilidad y confianza; de ahí su dignidad, muy propia del Amor de Dios

Mt. 21, 1-11:
"...al llegar al monte de los olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo... encontrarán a una burra atada y su cría... tráiganla. Si alguien les pregunta, díganle: «El Señor las necesita y enseguida las devolverá»... Eso... es... lo anunciado por el profeta: “Mira a tu rey que entra humildemente cabalgando... en un animal de carga.”... la multitud... gritaba: «Hosanna al Hijo de David. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en los alturas!»..."

Is. 50, 4-7: "El Señor me ha dado una lengua de discípulo... para que sepa sostener a los cansados... me abre el oído para que escuche como discípulo... Me habla al oído y yo no me he acobardado... Ofrecí mi espalda a los que me azotaban... El Señor me ayuda... he endurecido mi cara como roca y sé muy bien que no seré defraudado."

Salmo 21: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Flp. 2, 6-11:
"...no hizo alarde de su categoría de Dios, sino que... asumió la condición de esclavo. Semejante a los hombres... se hizo obediente hasta la muerte y una muerte en cruz. Por eso Dios lo ha exaltado y le ha concedido el nombre que está por encima de todo nombre..."

Mt. 26, 14-27, 66: "...sentado a la mesa con los doce, Jesús les dijo: «...uno de Uds. me entregará»... Después de cantar el himno salieron al monte de los olivos... Jesús... les dijo: «Siento una angustia de muerte. Quédense aquí y velen juntamente conmigo.» Se adelantó y oró así: «Padre, si es posible, aleja de mí este cáliz, pero no se haga lo que yo quiero sino lo que quieres Tú...»... dijo a los discípulos: «...el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores» ...Judas... se acercó a Jesús y le besó... Apresaron a Jesús... lo llevaron al palacio del sumo sacerdote Caifás... Éste le dijo: «Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.» Jesús le respondió: «Tú lo has dicho...» El sumo sacerdote... gritó: «¡Ha blasfemado!...» Ellos respondieron: «¡Reo es de muerte!»... lo entregaron a Pilatos... Cuando Pilatos preguntó a quién deseaban que se indultase, ellos respondieron: «¡¡A Barrabás!!»... y entregó a Jesús para que lo crucificasen... Desde el medio día se oscureció todo el territorio hasta la media tarde... A media tarde Jesús gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»... Jesús volvió a gritar con voz potente... y expiró. La cortina del templo se partió en dos y comenzó un fuerte terremoto... El centurión y los soldados... decían espantados: «Realmente este hombre era Hijo de Dios»..."










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