abril 27, 2008

Obediencia que libera


Obediencia que libera

La comprensión de nuestra Fe y la firmeza de nuestra Esperanza dependen de nuestra apertura al Señor Jesús: Él nos da la claridad de experiencia interior que nos permite testificar al Señor Jesús con eficacia también exterior.

Nuestra vida está llamada a dar testimonio de lo que supone para nosotros nuestra esperanza, pero esto supone tomar en serio nuestra vida. Solo así estaremos listos para glorificar al Señor y ser testigos de su amor fiel, que llena nuestra vida de esperanza.

La experiencia del sufrimiento por ser fiel al Señor es normal en la vida cristiana: es la experiencia de Jesús por fidelidad al Padre y al bien de los hermanos.

1. El éxito de la vida cristiana está en proporción directa a la intimidad con Jesucristo.-

La intimidad con Jesucristo es un presupuesto vital para nuestra identidad cristiana. No se trata de cumplir con ritos y normas, sino de responder a la invitación de intimidad a la que el Señor nos llama cada día en la oración, cada semana en la Eucaristía y cada mes en la reconciliación. Con ella el dolor adquirirá sentido redentor para todos los que Dios quiera.

Lo que llevamos dentro es lo único que de verdad nos va a mover a ser testigos del amor de Dios ante todos las personas de buena voluntad, en medio de todos los que estemos.

La vida tiene éxito por lo que consigue en su interior: lo que queda fuera de nosotros mismos no es verdaderamente nuestro y puede empobrecernos, pero jamás enriquecernos.

2. Jesucristo dio su vida para liberarnos del temor, fruto de una pobre relación con el Padre.-

Jesús nos ha regalado
, y lo hace a cada instante, su vida para que seamos libres ante Dios y los hombres: ante Dios porque le amamos y le queremos responder con amor obediente; ante los hombre porque les queremos servir sin manipulaciones.

El temor es un signo de poca libertad, y menos dominio, de nuestro mundo interior.

El fin de nuestra existencia es llegar a una directa y cariñosa relación de intimidad con el Padre. Él jamás falla, pero lo experimentaremos cuando nos abandonemos responsablemente en sus manos y amoroso corazón, con sus planes de plenitud para nosotros.

3.El Padre, con el don de su Espíritu, nos defiende como a hijos amados, así defendió a Jesús.-

La obediencia a Dios
, aunque parezca mentira, y más a nuestro tiempo, nos libera de toda esclavitud, pues nos pone en el camino de plenitud, dentro de los planes de Dios. No hay hombre más grande que Jesús. Resucitado, vencedor de toda presión, venga de donde venga.

Las obras de Dios están guiadas por su Espíritu y Éste tiene una misión: defendernos de Satanás, nuestro real y poderoso enemigo. Jesús llama al Espíritu “otro Defensor”, pues el primero es el Hijo, que vuelve al Padre, aun quedándose con nosotros en la Iglesia, sus maestros o profetas; en la Eucaristía; en el hermano...

Jesús envía al Espíritu, quien vivirá en nuestro interior y nos recordará las grandes obras de Dios: de ayer y hoy, en vistas al mañana eterno.

María nos enseñe y auxilie para vivir cada día más abiertos a las maravillas del Espíritu.

P. José María Doménech Corominas, sdb

CICLO A – TIEMPO DE PASCUA – DOMINGO VI

Hch. 8, 5-8.14-17: "Felipe bajó a la provincia de Samaria... Unánimemente la gente seguía a Felipe... los espíritus inmundos salían de muchos posesos... La gente de aquella región se alegró mucho... los apóstoles... enviaron a Pedro y a Juan... y oraron para que recibieran el Espíritu Santo..."

Salmo 65: "¡Aclama al Señor, tierra entera!"

1P. 3, 15-18:
"...Estén siempre listos para dar razón de su esperanza a todo el que se la pidiere, pero con serenidad y respeto. Conserven limpia su conciencia... más vale sufrir por haber obrado el bien que por haber obrado mal. También Cristo sufrió por los pecados... para conducirnos a Dios... pero por el Espíritu fue devuelto a la vida. "

Jn. 14, 15-21: "«Si me aman, guardarán mis mandatos: Yo rogaré al Padre que les mande a otro Defensor, el Espíritu de la Verdad, para que se quede con ustedes para siempre... habita... en su interior. No les dejaré huérfanos, volveré... Quien me ama, acoge mis palabras y las cumple; mi Padre le amará y Yo también le amaré y me daré a conocer a él con claridad.»"

No hay comentarios.:

Publicar un comentario