agosto 09, 2008

Miedo

El Padre José María nos dice:

"El miedo, la inseguridad, la sensación de peligro y abandono son una realidades que no podemos dejar de tener en cuenta en nuestra existencia. Lo importante no es desear que no existan, pues eso es irreal, sino entrenarnos en una profunda y concreta vida de Fe que nos lleve a ser más fuertes que estas inevitables realidades. La misericordia de Dios siempre está cerca con su Providencia, para que seamos capaces de superar los momentos en los que nos sentimos en depresión.

Aprendamos a vivir abiertos a esta Presencia Providente, Misericordiosa y Santificadora. Jesús nos invita a no tener miedo, a superarlo cuando llega. Es un acto de la propia voluntad poyada en la presencia amorosa del Dios que nos salva, siempre atento a nuestra realidad.

La experiencia de Pedro nos debe animar: nada puede alejarnos de esta paz, si de verdad la buscamos, aun asumiendo los costos que trae consigo.

Dios nos bendiga y nos enseñe, día a día, a caminar en su Amor y en su Paz para poderlo entregar a nuestros hermanos."

Miedo

¡La historia está llena de situaciones peligrosas o simplemente difíciles que nos atemorizan.

Es una experiencia que nos puede llevar a creer que sucederá lo peor y hasta a desesperarnos. Jesús nos invita a no ceder al miedo: Él es Él, el Señor de la historia, de la Vida, Vencedor del mal y de la muerte. El único Señor del que no debemos desconfiar, pues ha demostrado su fidelidad y el poder de su Amor. Él es nuestra Paz, pero no nos dejará en paz, hasta que se lo demos todo, aun la tristeza y vergüenza de ver fracasar realidades que apreciamos mucho.

Fiarnos del Señor y dárselo todo, es vital para la paz y el éxito de la vida. Experiencia de Elías, de Pablo y del mismo Pedro, después de tantos hundimientos superados. ¡Es su grandeza!

Dios no falla, siempre está cerca, pero no quiere-puede obligarnos a fiarnos de Él.

Es nuestra entera decisión el hacerle, o no, caso; el obedecerle a Él, no tanto a la ley, cualquier ley, es decir hacerlo con real responsabilidad personal, superando miedos o cobardías, muchas veces muy explicables y normales.

1. El miedo es un ingrediente normal del caminar humano hacia Dios.-

Cuando llega a nuestra vida el miedo y la inseguridad, el Señor nos invita a tener en cuenta que Él está con nosotros, que no debemos dejarnos atrapar. Debemos aprender a ser más grandes que nuestros sentimientos y angustias.

Todo puede superarse en la presencia de Dios. Cierto, lo vamos a sentir. Es, más bien, una invitación al abandono al Amor de Dios y a tomar la conciencia de que debemos aprender a renunciar, con el costo que trae consigo, para construir nuestra historia de elecciones valiosas. Toda elección seria está acompañada por más de una renuncia.

Los miedos jamás nos dejarán. Somos nosotros quienes debemos aprender a liberarnos de ellos renunciando a darles dominio en nuestra historia. El único Señor debe ser Cristo Jesús.

2. La confianza-abandono obediente a Dios es la decisión más liberadora de la persona humana.-

Confiar en el Señor supone desarrollar la capacidad de abandonarnos a Él.


El abandono significa una gran apertura a la obediencia responsable en toda situación.

Vivir así nos hace libres, porque no obedecemos normas, sino que nos fiamos de Dios, le escuchamos con atención, aceptamos sus indicaciones y la disciplina de estar atentos a circunstancias y personas, a través de las que Él nos lleva a conocer su Voluntad, y obedecer con toda nuestra personalidad, creativa y responsable.

La confianza-abandono no es un abdicar de nosotros mismos ni de nuestra libertad, sino elevar nuestra libertad responsable al máximo de su creatividad y posibilidades.

3. No todos los errores y caídas son fracasos... muchos son pasos hacia la Vida Nueva en Dios.-

Nada nos perjudicará si confiamos al Señor y renunciamos a guardárnoslo. Los errores personales, asumidos humildemente y entregados al Amor de Dios, nos llevan a renovar nuestra existencia y a librarla de la soberbia. Pidamos a María nos enseñe a vivir así, como Ella.
P. José María Doménech Corominas, sdb

CICLO A – TIEMPO ORDINARIO – DOMINGO XIX

1R. 19, 9a.11-13a: "Elías llegó a Horeb, el monte de Dios... El Señor... le dijo: «Sal y aguarda al Señor en el monte, en la presencia del Señor, que pasará en cualquier momento.»... Finalmente se sintió una suave brisa... Elías, al sentir la brisa, salió y se cubrió la cara con el manto..."

Salmo 84: "Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación."

Rm. 9, 1-5:
"Les aseguro, por Cristo, que les digo la verdad... Siento gran tristeza y dolor en el fondo de mi corazón: ¡ojalá fuera yo el proscrito de Cristo en lugar de mis hermanos!... de ellos ha salido Cristo Jesús, que es Dios soberano de todo. Sea Él bendito por todos los siglos. Amén."

Mt. 14, 22-33: "...Jesús obligó a los discípulos a... adelantársele hacia la otra orilla... Él subió a la montaña para orar. Avanzada la noche Él estaba solo. La barca tenía viento contrario... Muy de madrugada, Jesús se dirigió a ellos caminando sobre el agua... Jesús les dijo: «No tengan miedo, soy yo» Pedro le contestó: «Señor, si eres Tú, mándame ir hacia Ti sobre el agua» Jesús le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca... Al notar la fuerza del viento, se acobardó y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «Señor, sálvame». Jesús lo tomó de la mano y le dijo: «¡Qué poca Fe! ¿Por qué dudaste?»"

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