octubre 05, 2007

Espera hecha perseverancia



La fatiga de la espera es una de las experiencias duras de todo creyente: o se cree hasta el punto de seguir en el esfuerzo porque estamos convencidos de que Dios no falla, o, después de un tiempo, viene la inseguridad y el desaliento porque no se ven frutos de la obra de Dios y, como consecuencia, el abandono del esfuerzo por ser fiel en el trabajo por el Reino.

Jesús nos lo dice con claridad diáfana: es necesario creer de verdad, aunque sea con una Fe pequeñita, como la vivió muchas veces santa Teresa del Niño Jesús, pero Fe verdadera, si queremos apoyar el avance del Reino de Dios y beneficiarnos de Él, sin eludir el dolor inevitable.

El Salmo 94 nos invita a vivir siempre más atentos a la voz del Señor, superando todos los días nuestras resistencias interiores, muchas veces justificadas, pues nos sentimos hasta burlados por los sucesos y desarrollo de la historia... ¡cuántas traiciones hasta de consagrados! ¡cuántas posturas falsas en los que nos llamamos creyentes! ¡cuántas veces somos hasta piedra de escándalo para los que buscan al Señor! ¡cuántas veces muchos miembros de la Iglesia de Dios damos la espalda al Señor, descuidamos nuestra Fe, la mantenemos en la más vergonzosa ignorancia culpable y recalcitrante, no la alimentamos ni con la oración ni con la meditación de la Palabra, ni con una auténtica vida sacramental; no nos dejamos amonestar ni por los amigos, ni por los pastores, ni por la conciencia, ni por el propio Dios que nos persigue con su Amor tesonero!

No se trata de ser héroes, sino de ser perseverantes en la vida de Fe, en nuestro ser discípulos de Jesús, quien, lleno de confianza en nosotros, nos envía como misioneros: sí, en lucha continua con nuestras debilidades, pero confiados en su gracia y dispuestos a renovar todos los días nuestra fidelidad al Señor y, si es necesario, a levantarnos todas las veces que se requiera.

El Señor se fía de nosotros. Él sí cree en nuestras posibilidades de éxito: ¡cómo no se va a fiar si es Él, precisamente Él, quien nos ha creado cariñosamente! Pero, claro, es necesario que nosotros seamos realistas y nos demos cuenta que no somos “superman”. De hecho, esa figura, fruto de un gran complejo de inferioridad y afán de dominio, es inventada, no existe...

La verdad es que somos pequeños y limitados. En cuaresma nos recuerdan que somos “polvo” y a él volveremos. Pero un “polvo” que tiene el Espíritu del mismo Dios, un “polvo” inmortal, llamado a la filiación divina, del que ha querido formar parte el mismo Hijo de Dios. Nuestra realidad es maravillosa, pero la debemos vivir con humilde realismo: atentos al Hijo del Hombre, quien nos enseña a ser todo lo humanos que debemos ser, sin degradarnos por nada y sin exaltarnos tampoco por nada. Hagamos lo que debemos hacer y brotará la paz.

Si trabajamos desde la perseverante conversión y servicio propios de la humildad, tendremos éxito y veremos las maravillas del Señor en la historia, aunque parezca que tardan mucho.

Pidamos a María, perfecta colaboradora de Dios, dócil al Espíritu Santo, en la construcción del Reino de Dios por el don de la Vida de su Hijo, que nos ayude a vivir, con humilde optimismo, perseverantes en el bien que nuestro Maestro nos ha encomendado.

P. José María Doménech Corominas, sdb.

TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XXVII- CICLO C
Ha. 1, 2-3; 2, 2-4: "«¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio y no me escucharás... y no me salvarás?... Tengo delante de mis ojos devastaciones y violencias... hay peleas y se despiertan discordias.» El Señor respondió: «Escribe... es una visión... que no fallará... Espérala... seguro que vendrá... El hombre de espíritu soberbio se sentirá inseguro, pero el justo vivirá por su Fe.»"

Salmo 94: "¡Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: no endurezcan el corazón!"

2Tm. 1, 6-8:13-14:
"...procura reavivar la llama del don de Dios... Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de firmeza, de amor y sensatez. Por tanto, no te avergüences... todo lo que tienes que sufrir... por anunciar el Evangelio, sopórtalo con la fortaleza que Dios nos da. Ten como norma la doctrina sana... vive en la Fe y en el Amor de Jesucristo... Guárdalo con la fuerza del Espíritu Santo que vive en nosotros."

Lc. 17, 5-10: "Si su Fe fuera del tamaño de un grano de mostaza... Si tuvieran ustedes un esclavo trabajando en el campo o cuidando el rebaño. Al regresar éste... ¿no le dirían, más bien, prepárame la cena y estate listo para servirme...? Y una vez cumplido bien lo mandado, ¿alguien se lo agradecería? Igual ustedes, cuando hayan hecho todo lo que el Señor les pide, digan: «Somos siervos sin mayor mérito, solo hemos cumplido nuestro deber.»"

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